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Edith Cavell, enfermera y heroína de la Primera Guerra Mundial

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La enfermera inglesa Edith Cavell se convirtió en la primera mujer fusilada por ayudar a fugitivos.

¡Carguen ! ¡Apunten ! ¡Fuego ! Ocho fusiles Mauser alemanes escupieron fuego. El 12 de octubre de 1915, a las siete de la mañana, en el patio de la escuela de tiro militar de Bruselas, la enfermera inglesa Edith Cavell cayó acribillada de balas. Era el segundo año de la guerra de 1914-1918.

¿Cuál había sido su delito? Edith Cavell había empleado la clínica en la capital belga de la que era directora para esconder y luego ayudar a escapar a la Holanda neutral, a decenas de soldados ingleses, franceses y belgas que habían quedado separados de sus regimientos y erraban perdidos en la zona ocupada por los alemanes.

Los belgas les protegían, compartían con ellos los escasos alimentos que poseían, y les ayudaban a pasar a Holanda. Efectivamente, se trataba de un movimiento de resistencia, aunque sin violencia, en contraste con los francs-tireurs o francos tiradores, paisanos sin uniforme a quienes los alemanes fusilaban sin miramientos.

Miss Cavell había empezado sus actividades en octubre de 1914 cuando cobijó en su clínica a un coronel y a un sargento inglese. Luego Miss Cavell les acompaño en la primera parte de su viaje clandestino a Holanda.

Aquello fue el comienzo de la línea de evasión. Por cierto, líneas semejantes serían organizadas durante la guerra de 1939-1945, aunque éstas dirigieron los pasos de los evadidos aliados hacia España, donde se les internaron en la notoria cárcel de Miranda del Ebro hasta que el personal diplomático inglés les sacaba, acompañándoles a Gibraltar.

La seguridad de la línea de evasión estaba poca segura. La noticia de su existencia circuló rápidamente y otros soldados huidos empezaban a llegar a la clínica. Miss Cavell aceptó a todos, fueran o no enfermos o heridos.

Por su gran personalidad y valor, Edith Cavell llegó a ser la persona más importante del organismo de evasión. Ella arriesgaba mucho, y la final sería trágica para ella y para otros colaboradores suyos. Leyendo la historia, da la impresión que lo que le movía a la enfermera inglesa era una especie de resignación religiosa. Ella provenía de un ambiente de profunda religiosidad protestante.

El embajador de España en Bruselas insistió en comunicarse con el emperador alemán
Guillermo II para detener su fusilamiento, pero fue en vano

Al fin, sin embargo, la persistencia alemana consiguió, el 4 de agosto de 1915, la información que justificó la detención de Miss Cavell. El proceso militar tuvo lugar entre 7 y 11 de octubre. Ella casi no se defendió. El 11, lunes, se leyeron las penas. Edith Cavell y cuatro más, de los treinta y cinco sentados en el banquillo, recibieron la pena de muerte.

El abogado defensor visitó al marqués de Villalobar, embajador de España en Bruselas. Los dos hombres, más un diplomático norteamericano, pidieron clemencia, insistieron que Edith Cavell era una enfermera y no una espía. Nunca se había fusilado una mujer por ayudar a fugitivos. Villalobar, el cual se había dedicado incansablemente a modificar la severidad alemana en Bélgica desde la invasión de agosto de 1914, subrayó que Alemania, cuya reputación de crueldad había sido exacerbada por la destrucción de la ciudad y la universidad de Lovaina y el hundimiento del transatlántico Lusitania, perdería, si persistía en fusilar a Miss Cavell, el poco prestigio que le quedaba. El embajador español, quizás excediendo los límites de la diplomacia, insistió que se comunicara urgentemente con el emperador alemán Guillermo II. En vano. Edith Cavell rezó con un sacerdote protestante, escribió cartas a su familia, y salió de su celda camino de la escuela de tiro donde, según todos los testigos, afrontó la muerte con gran serenidad.

El efecto del fusilamiento fue tremendo. En Inglaterra, durante las semanas siguientes, el promedio de enganchados voluntarios subió a unos diez mil por semana.

Los restos de Edith Cavell fueron re-enterrados en Inglaterra en 1919, después de unos funerales emocionantes en la catedral de Westminster. Escuelas, hospitales, calles por toda la geografía inglesa llevan su apellido. El año siguiente se inauguró con gran ceremonia el monumento a aquella valiente mujer, que se yergue en Londres un poco al norte de la Trafalgar Square, a la altura de la National Portrait Gallery. En el pie de la estatua reza una frase que Miss Cavell le dijo al sacerdote que le asistió:

'El patriotismo no es suficiente.'

Michael Alpert. 
Profesor Emérito de Historia de España en la Universidad
de Westminster.

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