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El otro lado de la cama: risas y música

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Fotograma de la película 'El otro lado de la cama'.Estos días se cumplen diez años de ese ciclón cinematográfico que asoló las salas de nuestro país llamado El otro lado de la cama (Emilio Martínez Lázaro, 2002). Esta deliciosa e inteligente película vino dispuesta a demostrar que en España se pueden hacer grandes comedias, además de intentar revitalizar el género musical de habla hispana, agonizante. Y lo cierto es que no sólo lo consiguió, sino que también se convirtió en la película más taquillera del presente año, en un fenómeno social con pocos precedentes (cuyo mayor paradigma es ese niño melón) y dio lugar, además, a la secuela Los dos lados de la cama (2005), igual de divertida. Rodeándose de un equipo técnico de primer nivel (entre el que destaca el extraordinario compositor murciano Roque Baños, que también trabajó en la segunda entrega), Martínez Lázaro consiguió algo cada vez más difícil: aunar éxito de crítica y público en una película cuyo mayor mérito es haber devuelvo a buena parte del público su confianza en el cine español, sin renegar en ningún momento de su condición de comercial.

Un Chaplin moderno

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Imagen de Charles Chaplin.Antes de analizar una obra cumbre de la historia del celuloide como es Tiempos Modernos (Charles Chaplin, 1935), hay que situarse en el contexto social en el que fue rodada. Estados Unidos todavía andaba recuperándose de ese fatídico crack del 29, y los efectos de la Gran Depresión eran un realidad más que palpable. Asimismo, en materia cinematográfica, también se vivían tiempos de incertidumbre: muchos actores cómicos mudos (Buster Keaton, Harold Lloyd...) veían peligrar su reino ante la realidad del cine sonoro, ya casi por completo instaurado. Pero, en medio de esta hecatombe, hubo una legendaria figura que aún se mantuvo fiel al cine mudo, motivo por el que vio la luz Tiempos Modernos, una obra de denuncia contra un poder capitalista opresivo que convertía al trabajador en un mero instrumento de una cadena de trabajo que alienaba al individuo. A través de esta sátira en la que nos muestra al peón de fábrica -representación de todos los demás colectivos- como un auténtico autómata, Chaplin consigue una obra imperecedera, que destaca por la enorme vigencia de su argumento en estos tiempos de incertidumbre económica que atraviesa el planeta.

El Almodóvar más terrorífico

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Fotograma de la película 'La piel que habito'.Parece increíble que el mismo director de películas tan vitalistas como lumínicas tipo Hable con ella (2002) o Volver (2006), haya sido capaz de embarcarse en un proyecto tan tortuoso, oscuro y desalmado como es La piel que habito (2011). Pero recordemos que estamos hablando de Almodóvar, ese director capaz de convertir lo surrealista en algo férreo, fuerte...en algo vivo. En la que es su etapa de consagración de esa madurez cinematográfica que iniciada a partir de la inmortal Todo sobre mi madre (1999), el manchego filma su primera película de terror -sí, de terror-, una auténtica obra de arte con una historia que en manos de otro cineasta no hubiese sido más que un ejercicio ridículo. La diferencia es que Almodóvar es un genio. Y, ante la pregunta de muchos de qué necesidad tenía el director en dar un giro tan radical a su filmografía, les volveré a repetir lo mismo: es un genio. Y los genios, cuando ya alcanzan una cierta estabilidad -18 films, ahí es nada- y un más que merecido reconocimiento, hacen lo que le dan la gana. Para que ustedes me entiendan.

Una película intocable

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Fotograma de la película 'Intocable'.No hay mejor reclamo publicitario que una película que ha estado 10 semanas consecutivas en el número 1 de las más vistas en Francia, llegando a alcanzar los 20 millones de espectadores. Un fenómeno insólito protagonizado por Intocable (Olivier Nakache & Eric Toledano, 2011), la que es ya una de las películas más taquilleras de la historia del cine galo junto con ese otro hito que supuso Bienvenidos al norte (Dany Boon, 2008). Precedida por su buen boca a boca -sin duda, la mejor campaña de marketing-, esta comedia francesa con tintes dramáticos está siendo ya otro éxito en nuestro país. Y lo cierto es que se lo merece: pocas películas llegan a la cartelera donde las risas estén aseguradas desde el primer minuto y sigan sin cesar hasta que cae el telón. Basada en una historia real, Intocable narra la vida de Driss (Omar Sy), un inmigrante recién salido de la cárcel que dejará su barrio marginal y pasará al cuidado de Philippe (François Cluzet), un aristócrata tetrapléjico debido a un accidente de parapente. Y lo cierto es que, aunque al principio no parece la persona más adecuada para el puesto, con el paso de los días irán forjando una amistad entre ellos increíblemente enriquecedora para ambas partes...

Se levanta la sesión

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Fotograma de la película 'Testigo de cargo'.En la lista de las películas judiciales más importantes de todos los tiempos, no cabe dura que Testigo de Cargo (Billy Wilder, 1957) ocupa uno de los primeros puestos. El director consigue en este paradigma del género una obra rebosante de tensión desde el primer minuto en la que destaca sus constantes giros de guión, hechos que la convierten en una de las más recordadas y aplaudidas del prolífico cineasta. Adaptación de la breve novela homónima de Agatha Christie -que más tarde convirtió en una obra de teatro- la película de Wilder se desarrolla en tan sólo dos únicos escenarios que corresponden a las dos mitades de la película: la primera parte tiene lugar en el despacho del abogado Wilfrid Roberts (Charles Laughton), encargado de la defensa de Leonard Vole (Tyrone Power), acusado de la muerte de una rica viuda que lo ha nombrado heredero universal. Cuando se inicia el juicio, escenario de la segunda parte de la obra, por la sala van desfilando todo tipo de personajes involucrados con la tragedia (la ama de llaves de la anciana, la esposa del acusado...) todos testificando contra Leonard en un crimen en el que el móvil está más que justificado. Mientras, van surgiendo nuevas pruebas incriminatorias. Pero, ¿es realmente culpable?

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