Cuando uno se propone echar la vista atrás y hacer un repaso a las que han sido algunas de las mayores atrocidades de la historia de la humanidad, comprueba, perplejo, que en su gran mayoría, éstas han sido cometidas por la mano del hombre. En "¿Quién puede matar a un niño?" (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), el director nos lo recuerda. Y de qué manera. De entrada, dedica los casi diez primeros minutos de película a ofrecernos escalofriantes imágenes -muchas protagonizadas por niños en condiciones infrahumanas- de Auschwicht, de la guerra de Corea o de los bombardeos del ejército estadounidense contra Vietnam, entre otras.
Pero la pretensión de esta película -que fue, junto con La residencia (1969), la única de un director también autor de la serie "Historias para no dormir"-, lejos de su condición de ser una cinta histórica, es hacer hincapié, a través de estos documentales sobre los que se intercalan los títulos de crédito, de los devastadores efectos que tienen en la sociedad barbaries como las antes citadas. Y, muy especialmente, en los niños.


Un sitio abierto a la participación a los que, como yo, aman al que considero el principal constructor de emociones de nuestro tiempo: el cine.



Pero La noche americana (François Truffaut, 1973) es algo más que un truco cinematográfico. Y es que, antes de que esos fenómenos globales que son La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011) o The Artist (Michel Hazanavicius, 2011) se convirtieran en dos de las mayores declaraciones de amor al cine jamás contadas, Truffaut ya había convertido a esta película en su particular homenaje al séptimo arte. Hoy, esta historia sobre el (laborioso) rodaje de una película, es una de las más recordadas del genial cineasta francés, así como un clásico indiscutible.
Cuando Martin Scorsese aseguró que iba a ponerse al frente de una película infantil, circunstancia por la que ha tenido que "despertar el niño que llevaba dentro", sus seguidores temblaron. ¿Que el mismo director de Taxi Driver, Casino o, más recientemente, Infiltrados iba a dirigir una película para el público infantil? Algo no cuadraba. Y lo cierto es que, desafiando la adversidad y esa perplejidad inicial de sus fans, Scorsese ha materializado el que quizá sea su proyecto más personal. Porque, si algo caracteriza a La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011), además de no ser sólo una cinta orientada a los niños -abarca un público potencial de todas las edades- es su condición de ser un espejo de muchas aspectos de la vida del cineasta. Se trata, además, de la primera experiencia con el 3D del neoyorkino, "única manera de ser lo más fiel posible libro", asegura, un firme defensor de esta revolucionaria técnica.
Ha sido catalogada como la película más provocadora y salvaje del año y su protagonista, Michael Fassbender, se ha convertido, por méritos propios y a pesar de su dilatada trayectoria cinematográfica (Malditos Bastardos, Hunger), en la gran revelación de los últimos tiempos gracias a este film. Pero Shame (Steve McQueen, 2011), más allá de su indudable condición de ser una de las cintas británicas más polémicas de todos los tiempos, es una historia de carnalidad desbordante, tan superlativa como repleta de capas, en donde siempre hay que mirar más allá, indagar en su infinita profundidad...
Estrenada en la 59 Edi

