Carausio, el caudillo del primer “brexit” de la historia

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Decía Karl Marx que “la historia suele repetirse dos veces: la primera como tragedia, y la segunda como farsa”. En plenas negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, en las que ni siquiera se parte de un acuerdo de mínimos o se ha determinado una fecha límite para fijar una serie de compromisos, conviene mirar hacia atrás para aprender de la historia, y ver que si hoy no sabemos la dirección que este proceso tomará, hubo un tiempo en el pasado en el que fue incluso peor.

Para ello hay que trasladarse a la época del Imperio Romano, y es que estos no sólo nos han dado cosas que han marcado al conjunto de la civilización como la irrigación, el Derecho o los caminos, sino también un vetusto antecedente del Brexit que ha quedado para las postrimerías de la historia. Porque en ese momento, y salvando las distancias, hay quien ha querido ver en el Imperio Romano un antecedente de la actual organización supranacional que es la Unión Europea, y por supuesto los que consideran Britania una versión de ese momento del actual Reino Unido.

Vayamos entorno a año 280 y tantos de nuestra época. A pesar de que la flota romana jugó un papel esencial en la expansión del Imperio Romano por el Mediterráneo, jamás tuvo ni la popularidad ni el prestigio de las famosas Legiones que todos conocemos gracias a los libros y películas sobre ellas. En cualquier caso, la mencionada armada jugó un papel relevante, y al frente de la misma se puso a Marco Aurelio Carausio, un germano que había destacado en la campaña de la Galia y que había sido marinero. Colocado al mando de la Classis Britannica, la flota romana de lo que constituía Britania, su trabajo básicamente iba a consistir en eliminar a los piratas que saqueaban las poblaciones costeras, algo en lo que demostró ser realmente efectivo.

Logró incautar un número muy elevado de embarcaciones, pero con métodos poco ortodoxos. Carausio era una persona tremendamente corrupta, y en ocasiones, a pesar de haber sido avisado de la presencia de estas embarcaciones, dejaba que saquearan los pueblos, para después interceptarlas e incautar a título personal los objetos sustraídos, o incluso llegaba a pactar con los piratas el reparto del botín.

Los rumores llegaron a Roma, y el dirigente fue citado a la capital para aclarar qué había de cierto en esto. Sabiendo de la veracidad de los mismos e imaginando que las medidas que se iban a tomar contra él podrían incluso alcanzar la pena de muerte, Carausio optó por la vía rápida (y casi se diría que brusca) de declarar la independencia apoyándose en un heterogéneo grupo de acólitos que incluían tres legiones romanas de Britania, una de la Galia y, por supuesto, los piratas de la zona, declarándose Emperador. Y dada la enemistad que otros pueblos, como los pictos, tenían hacia Roma, logró también llegar a acuerdos de mínimos con estos a fin de plantar cara a Roma.

Carausio trató de dar legitimidad a este ‘Brexit’ acuñando su propia moneda

En condiciones normales, este acto de sedición se hubiera aplacado pronto, con una llamada al orden y el envío de unidades. Pero era una época convulsa y por entonces el Imperio Romano vivía un período de inestabilidad. Carausio trató de dar legitimidad a este “Brexit” unilateral acuñando su propia moneda y tratando de establecer relaciones diplomáticas con Roma de igual a igual, y en este juego pudo mantenerse durante 7 años.

En el 293 Constancio Cloro alcanzaría el poder, y una de sus primeras medidas fue la de pacificar Britania. Ese mismo año derrotaría a la Legión asentada en la Galia que apoyaba a Carausio, y tras ello comenzaría a preparar el asalto al otro lado del canal de la Mancha, algo más complicado puesto que implicaba la construcción de una flota que tardó tres años en materializarse. Para cuando esto se produjo ya no tenía importancia. Roma había conseguido eliminar a ese caudillo rebelde empleando a Alecto, uno de sus colaboradores, poniendo fin a ese corto lapso de tiempo donde un “Brexit” sin referéndum ni consulta de ningún tipo otorgó la independencia a esa región. Un proceso que marca un precedente que no terminó bien para ninguna de las partes.

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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