Cómo las zanahorias ayudaron al Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial

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Era finales de 1940 y la Luftwaffe alemana bombardeaba sin cesar el Reino Unido en general y Londres en particular, algo que ha pasado a la historia con el nombre de blitz. Poco podía hacerse ante la intensidad de los ataques del régimen hitleriano y la debilidad de las defensas antiaéreas británicas. Los días pasaban con los ciudadanos resignándose y limitándose a buscar refugio, en muchos casos en los pasadizos subterráneos del metro de Londres. Sin embargo, cuando caía la noche, el piloto John Cunningham y sus compañeros de la Royal Air Force abandonaban sus posiciones para derribar aviones alemanes.

El Gobierno británico instó al ciudadano medio a cultivar zanahorias

Cunningham, junto a otros pilotos, llegó en su día a ser tan popular como una estrella del cine. Se computan hasta 19 derribos en sus misiones nocturnas y se ganó el sobrenombre de “Cat Eyes” (ojos de gato), por su capacidad para ver durante la noche donde otros no podían hacerlo. Los niños forraban sus paredes con pósteres con la imagen del piloto y, desde el Gobierno británico, se dijo que esta especie de superpoder se debía a una dieta a base de zanahorias que el piloto y sus compañeros habían consumido durante años.

La campaña publicitaria fue excepcional. Ante el bloqueo económico y las dificultades para importar alimentos, y con un clima tan inhóspito, las zanahorias pasaron a ser uno de los alimentos más consumidos por ser una de las pocas verduras que se podían cultivar en Reino Unido. Se pensaba que si éstas habían permitido que un grupo de pilotos adquieran una visión nocturna tan aguda, no podían ser malas para el ciudadano medio. Así que se animó a todo el mundo a hacerlas crecer en sus jardines, a consumirlas para la comida y la cena e incluso se popularizaron los helados y pasteles de zanahoria.

Sin duda, su alto contenido en vitamina A ayuda a mantener una visión saludable, aunque resulta excesivo considerar que éstas mejoran la visión nocturna. De eso era consciente hasta el mismo Gobierno británico. Ante las carencias propias de la guerra, el Ministerio de Propaganda, junto al Ministerio de Alimentos, acordaron trabajar juntos en esta campaña. La habilidad de John Cunningham y sus compañeros para derribar aviones enemigos en mitad de la noche no se basaba realmente en esa dieta casi en exclusiva de zanahorias, sino en el uso de un sofisticado sistema de radar denominado “Airborne Interception”, utilizado por primera vez en los aviones y, que con ayuda de los radares de tierra, podía guiar a los cazas nocturnos, que podían fácilmente identificar y derribar a los aviones enemigos.

Obviamente, desde los mandos militares se indicó que era imprescindible mantener este adelanto tecnológico en secreto, para evitar que fuera desarrollado por otros países o que sirviera para preparar una defensa ante su uso. Y con el engaño se pudo justificar la carencia de alimentos durante el conflicto y con ello evitar las revueltas sociales, ya que el Ministerio de Alimentos, incapaz de suministrar carne y otros alimentos en la medida deseada por los ciudadanos, podía justificar que el consumo de otros alimentos, como en este caso la zanahoria, resultaba mucho más beneficioso para todos. Porque, después de todo, ¿qué mejor forma de promover el consumo de verduras entre niños y no tan niños si se dice que éste es el alimento consumido por sus héroes?

 

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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