Contaminación acústica: enemigo de cuerpo y mente

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Existen diversas formas de contaminación medioambiental como por ejemplo: la contaminación del agua y del aire, pero quizás la contaminación acústica no es tan conocida o no se le da tanta importancia como a la de otros ámbitos. La contaminación acústica daña más a las propias personas que a la fauna de un ecosistema, afecta sobre todo a la calidad de vida.

El término contaminación acústica hace referencia al ruido (cuando este es un sonido excesivo y molesto) provocado por las actividades humanas tales como: el tráfico, la industria, las obras, los locales de ocio, los aviones, etc. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como límite máximo al que deberíamos estar expuestos la cifra de 50 dB. En una ciudad como Londres con más de 8,5 millones de habitantes, repleta de autobuses, taxis, coches, cientos de obras y rodeada por 6 aeropuertos, toda esta mezcla de sonidos puede producir efectos negativos en la salud auditiva, física y mental de los que habitamos en la capital británica.

El primer factor en el que pensamos que puede influir la contaminación acústica es al oído y en efecto, así es, según los criterios de la OMS, los sonidos entre 130-140 dB tienen riesgo de daño físico, como es la perforación del tímpano, pero más allá de dañarnos auditivamente, el exceso de ruido puede afectar a nuestro comportamiento diario y al sueño.

¿Cómo afecta la contaminación acústica sobre la conducta? El estrés que se genera por ejemplo en un atasco hace que los individuos nos volvamos más agresivos e irritables momentáneamente, pero es cierto que si estos comportamientos se repiten día tras día hacen que poco a poco forme parte de nuestra personalidad y a la larga nos convirtamos en seres más agresivos en situaciones de no estrés. También hay que decir que este aspecto afecta en mayor o menor medida dependiendo de cada persona y/o situación, cada individuo canaliza y digiere las situaciones diarias y el estrés que genera una gran ciudad de distinta forma. Otras patologías que se derivan del exceso de sonido serían: fatiga, depresión, ansiedad, histeria, neurosis y aislamiento social, siendo estás últimas casos más extremos.

Otro factor al que afecta este tipo de contaminación es al sueño, reduciendo la duración de tiempo que estamos profundamente dormidos y llegando a derivar en insomnio. A quienes más afecta esta parte es a los más pequeños, puesto que durante el sueño profundo es cuando el cuerpo trabaja más en la liberación de las hormonas del crecimiento, por lo tanto, si el sueño profundo decrece, también lo hará el crecimiento. El no descansar bien debido al ruido también les afecta a la hora de concentrarse para realizar actividades tales como la resolución de problemas matemáticos, recordar hechos concretos o la memorización de nombres, de ahí la importancia de descansar bien, ya que repercute directamente en nuestra salud física y mental.

Científicos del Centro de Investigación en Epidemiología ambiental (CRAL) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), han investigado sobre la relación que hay entre la exposición al ruido y los contaminantes y cómo esto puede afectar al comportamiento de los niños en edad escolar. Este estudio reveló que niños y niñas entre 7 y 11 años que estaban expuestos a un mayor grado de contaminación a causa de la cercanía de la escuela al tráfico en la ciudad de Barcelona presentaban más problemas de comportamiento como son el déficit de atención y la hiperactividad.

Como puede observarse la contaminación acústica es más perjudicial y  dañina de lo que en principio muchos podíamos creer, por tanto, siempre que podamos evitar los ruidos excesivos, escuchar música alta, tocar el claxon repetidamente en un atasco, tener la televisión con mucho volumen, hagámoslo, ya que será beneficioso para nosotros mismos.

 

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