Crítica de Annabelle (2014): terror al uso

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La noche de Halloween se acerca, y, de camino a ese día, productos de terror puestos en bandeja para acaparar la atención (o pretenderlo al menos) de todos los que somos amantes de este tipo de cine. Nos llega la precuela del gran éxito The Conjuring (2013) – éxito más comercial que artístico, apurando el comentario- y supone la primera película del género que podremos ver en UK durante octubre, entre las que se incluye la esperadísima cinta australiana The Babadook. Si ya estoy pensando en esta última es que empezamos mal con esta crítica.

Dirigida por el veterano John R. Leonetti, que se ocupó de la fotografía en la nombrada The Conjuring e Insidious (2010), Annabelle raspa el aprobado gracias a algunas ingeniosas situaciones en la puesta en escena, pero se queda en una vulgar obra con pocas sorpresas debido a un manido guión que mezcla sin gracia clásicos como La semilla del diablo, El exorcista o Muñeco diabólico.

Aquí se nos cuenta el pasado de la “creepy” muñeca Annabelle que aterrorizó a la familia Perron en The Conjuring. Y así nos encontramos en California, finales de los ´60, con la sana y atractiva pareja compuesta por Mia (Annabelle Wallis, curioso el nombre de la actriz…) y John (Ward Horton). Los dos esperan un bebé, y todo apunta a que el fiel y entregado esposo tendrá una excelente carrera médica La cosa va bien hasta que la hija satánica de los vecinos de al lado asesina a sus padres e intenta también terminar la vida de Mia, sin conseguirlo. La fanática seguidora de Charles Manson muere acribillada por la policía…aunque gotas de su sangre caerán en la más querida muñeca de porcelana del matrimonio. Un hecho que invocará terribles fuerzas satánicas.

Hay que reconocer que el director no se acomoda en lo que podría haber sido un desastre de grandes proporciones. Usando poco dinero (en comparación con a lo que nos tiene acostumbrado el cine norteamericano, porque el presupuesto de Annabelle podría dar para diez películas españolas), el realizador evita afear todavía más el libreto de Gary Dauberman, guionista que no aprovecha su primer trabajo importante después de haberse paseado por la serie B tirando a la Z. Leonetti, que tampoco es que tenga un pasado cinematográficamente muy honrado (se ocupó de la segunda parte de Mortal Kombat, por ejemplo) no se basta solo del correcto montaje y ritmo, sino que juega con planos curiosos que seducen hasta llevarnos por unos momentos a ese miedo que tanto le gusta a nuestro subconsciente, a pesar de que no se mantengan en la sensación global.

Hay puertas que se cierran de golpe y súbitos sonidos estridentes, sí, pero se agradecen perspicaces instantes: aquel en el que la niña se transforma en mujer al acercarse corriendo a una habitación (fragmento ya injustamente destripado en el trailer), la cuidada imagen de la muñeca poniéndose de pie con la ayuda de un horrible demonio –segundos que recuerdan a lo mejor de Insidious y a M. Night Shyamalan- o la esplendida secuencia cuando Mia permanece estancada en un ascensor que siempre se abre en la misma planta.

Lástima que el cliché y el insuficiente jugo de los personajes condicionen el resultado final de la propuesta. Annabelle queda como otro film añadido al saturado grupo de anodinos cuentos sobre posesiones diabólicas de los últimos años. Entretiene sin mucha ambición, sin intentar revolucionar ni transformar el déjà vu en algo nuevo y memorable.

Sobre el autor

Empezó a teclear tarde relatos cortos y comentarios de películas. Después le cogió el tranquillo a la cosa, y ya en Londres- donde llegó hace dos lustros- compagina su trabajo en una compañía audiovisual con la publicación de entrevistas y críticas cinematográficas. Ha colaborado en páginas web como La Paz Mundial o Suite101. También le encanta hablar de amor, pero esto es un secreto: https://www.facebook.com/ridiculas.palabras.de.amor/ ridiculaspalabrasdeamor.com

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