Crítica de El amanecer del planeta de los simios (2014): buen intento

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Tres años después del reboot de la saga iniciada en los ´60 con Charlton Heston de protagonista, nos llega la vitaminada y circunspecta secuela dirigida por Matt Reeves, responsable de la brillante Cloverfield (2008). Esta vez sin James Franco, pero de nuevo con Andy Serkis digitalizado para el papel del simio César, uno de los personajes más sensatos y justos vistos en un blockbuster hollywoodiense. Que esa sensatez tenga que venir del mono y no del hombre, dice poco a favor de los guionistas del cine más comercial.

Una década ha pasado desde los hechos acontecidos en El origen del planeta de los simios (2011), desde que una mortal enfermedad creada por el hombre comenzara a aniquilar a la mayoría de los ciudadanos y desde que los simios adquirieran lenguaje humano y mayor inteligencia gracias a la droga implantada en sus cuerpos. En San Francisco, cientos de personas inmunes al virus viven apilados intentando sobrevivir sin electricidad…al menos hasta que un grupo de voluntarios consiga llegar a la planta hidroeléctrica y restaurar el sistema. Malcom (Jason Clarke) y Ellie (Keri Russell, a la que Reeves ya dirigió en la serie de televisión Felicity) serán los cabecillas de la, en principio, sosegada expedición. Los problemas aparecerán de forma brutal cuando los humanos se topen con los espabilados simios: César de jefe. Nadie querrá guerra, pero la contienda se impondrá inevitablemente en las vidas de todos.

Cartel de la película./ 20th Century Fox

El origen del planeta de los simios fue una apuesta inteligente que echaba por tierra aquel ¿entretenimiento? vacuo (y mal filmado) ejecutado por Tim Burton en su El Planeta de los simios (2001). El enfoque serio del reboot de 2011, poderoso, muy cercano a la mejor ciencia ficción reflexiva, sugería una nueva y reluciente existencia para la franquicia cinematográfica basada en la novela de Pierre Boulle. Sin embargo, Dawn of the Planet of the Apes, a pesar de las ganas que la secuela de Reeves le pone al asunto, queda como producto agridulce, técnicamente brillante pero con tristes carencias en el guión. No creo que hubiera alguien más ilusionado que yo cuando entré en el cine. Deseaba que me apasionara. A priori, los trailers, los actores, el magnífico CGI y la película anterior de background me prometían lágrimas de felicidad. Lástima que quisiera salir del cine una hora antes del término.

El amanecer…, de 130 minutos de duración, logra, por desgracia, que te parezcan el doble. Es larga. Larga, aburrida y previsible, para ser más exactos, le habría pedido mayor ritmo en la parte del medio. En ningún momento voy a reprocharle su tono solemne y ceremonioso. Es un trabajo formado de momentos esporádicos excelentes –sobre todo, la mayoría de secuencias dedicadas al pensativo y sereno César – y escenas de acción bien montadas y diseñadas. Otros problemas: si bien el simio jefe deviene en protagonista memorable, no se entiende que los encargados del libreto se empeñen en forzar la violencia entre humanos y monos de cualquier manera, actuando Carver (Kirk Acevedo) como McGuffin– metido con calzador- del conflicto. También, las secuencias donde vemos el refugio de los supervivientes de la plaga no acompañan el grandioso empaque visual del resto; amén de no explicarse en ningún instante de qué viven esas personas, cómo viven…o qué cojones hacen apilados en un lugar tan pequeño si tenemos en cuenta el amplio y vacío espacio que hay, llámese San Francisco, llámese la ciudad de al lado. Y, bueno, poco a poco vamos intuyendo quién se va a rebelar, quién va a morir…en definitiva, vemos el final apareciendo en nuestras mentes antes de que se nos muestre en pantalla.

Nunca he sido fan del pulgar hacia arriba/pulgar hacia abajo que el malogrado crítico Roger Ebert puso de moda. El amanecer… no es una obra maestra, por supuesto, pero hay más cosas positivas que destacar de la película: el plano final, que cierra ingeniosamente el círculo con el similar plano del principio; cuando César mira un video de su “padre”, el científico que lo hizo hablar igual que una persona, Will Rodman (James Franco). Y especial mención para la impresionante, épica, música de Michael Giacchino, autor que, curiosamente, ha traicionado el tono sobrio del conjunto al nombrar en plan cachondo los títulos de cada tema de la banda sonora, tales como “Closed Encounters of the Furred Kind”, “The Apes of Wrath” o, este es el mejor, “Planet of the End Credits”.

Sobre el autor

Empezó a teclear tarde relatos cortos y comentarios de películas. Después le cogió el tranquillo a la cosa, y ya en Londres- donde llegó hace dos lustros- compagina su trabajo en una compañía audiovisual con la publicación de entrevistas y críticas cinematográficas. Ha colaborado en páginas web como La Paz Mundial o Suite101. También le encanta hablar de amor, pero esto es un secreto: https://www.facebook.com/ridiculas.palabras.de.amor/ ridiculaspalabrasdeamor.com

1 comentario

  1. “Por eso, un alto cargo de la CIA, Attinger (estupendo Kelsey Grammer), pretende hacer desaparecer a las dos clases de transformers, sin distinción ¿Motivo de que no haya distinción? No me pregunten, no lo sé, no lo explican. Los robots no tienen otra alternativa que buscar cobijo.”

    En realidad si lo explican, de hecho toda la peli es sobre eso. El tío de la CIA pretende “salvar” al mundo exterminando a todos los transformers, buenos y malos. De hecho repite ese argumento varias veces.

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