Crítica de Transformers, Age of Extinction (2014): Bay involuciona

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Después de la recomendable Dolor y dinero (2013) – más por el guión que por las virtudes de Michael Bay en la dirección, que también las tiene- la cuarta parte de la rentable, obscenamente cara, franquicia de Paramount y la compañía de juguetes Hasbro no le hace ningún bien al prestigio crítico que (por fin) el realizador norteamericano había ganado el año pasado. Transformers, Age of Extinction es un paso atrás artístico en la carrera de Bay, un hecho que, probablemente, se esté pasando por el forro si tenemos en cuenta los millones que está generando en el Box Office mundial. Nadie puede poner en duda la maquinaria técnica de la película, creada a fuerza de dólares y gratamente vistosa en ciertos momentos, pero el efímero placer se ve eclipsado por casi tres horas de soporífico, sexista y deslavazado sinsentido. En esta ocasión, sin el actor Shia Labeouf.

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Mark Wahlberg, protagonista de Transformers Age of Extinction/ Eva Rinaldi

Años después de que los Autobots y los Decepticons se ensañaran con la ciudad de Chicago y sus habitantes, los servicios secretos USA no están por la labor de dejarse tocar los huevos mucho más, tanto si es sin querer (en el caso de los Autobots) como si es por maldad natural (los otros). Por eso, un alto cargo de la CIA, Attinger (estupendo Kelsey Grammer), pretende hacer desaparecer a las dos clases de transformers, sin distinción ¿Motivo de que no haya distinción? No me pregunten, no lo sé, no lo explican. Los robots no tienen otra alternativa que buscar cobijo.

Por otra parte tenemos a Cade Yeager (Mark Wahlberg), inventor en horas bajas que vive con su hija adolescente Tessa (Nicola Peltz, relevando a Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley en el papel de mujer florero) en una casa que no pueden pagar. Mientras inspecciona un cine en ruinas, Yeager se encuentra con lo que parece ser un camión abandonado. El susto será mayúsculo cuando descubra que el vehículo no es otro que el Autobot Optimus Prime (voz de Peter Cullen). Los chicos de la CIA también darán con el paradero de Prime. Mala suerte. Cade, Tessa y el novio de esta, Jack Reynor (Shane Dyson, una especie de Seth Rogen pero en delgado), deberán huir con el robot si quieren conservar el pulso.

Pero hay más: un ciéntífico con delirios de grandeza encarnado por Stanley Tucci, recreándose con sus tics interpretativos tan familiares; el matón de Attinger, Titus Welliver (James Savoy), el cual, cuando va a registrar la morada de Yeager, recita una de esas ridículas líneas de diálogo que, pensé, no volvería a oír más; nuevos robots, salidos de no sé dónde, que ayudan a Attinger en el aniquilamiento de los Autobots y los Decepticons. Y aún…hay más, pero no sigo, a veces me gusta que sufráis por vosotros mismos, sin pistas.

A pesar de la poca credibilidad del CGI en la recreación de dinosaurios digitales durante los primeros minutos de Age of extinction, la película no empieza del todo mal. Es un comienzo novedoso en la saga Transformers, versionando, eso sí, el de Prometheus (2012) y su filosofía existencialista ¿De dónde vienen los robots gigantes? ¿Hacia dónde van, aparte de cargarse unos cuantos millones de seres humanos? Esa clase de preguntas, muy viables…si estuvieran bien expuestas en pantalla. Michael Bay se parodia así mismo y llena el eterno metraje con banderas norteamericanas, puestas de sol acompañadas de música melancólica, incontables planos de marcas comerciales, chistes sin gracia y una enfermiza, demasiado obvia, preocupante obsesión por erotizar todo el tiempo a la joven actriz Nicola Peltz. El “cine pa´ tos” ad nauseam, el opio del pueblo idiotizado o el opio idiotizado que se la da al pueblo para idiotizarlo. La meta es no pensar y no hacer pensar demasiado, insensibilizar ante la destrucción, la muerte, recrearse en el virtuosismo estético de la ciencia ficción, tal y como expuso la ensayista Susan Sontag hace décadas. En ese sentido, Michael Bay siempre ha sido uno de los reyes, sacrificando sin ningún tipo de arrepentimiento el contenido por la forma, y tampoco es eso ¿no? Hay que mantener una cierta balanza.

En Age of Exctinction, Bay se entrega al máximo a esa pornografía del espectáculo que, encima, no sorprende, ni excita, ni emociona, ni nada. No es querer, es talento para poder, y el director no puede. Incluso hay secuencias que dan la impresión de haberse olvidado algo en la sala de montaje (v.g cuando Yeager lanza por error un cohete desde su cobertizo hasta la casa principal). La confusión predomina ya en la última parte del film, donde churras y merinas mutilan definitivamente un insulso –aunque bien hecho, huelga decirlo- show pirotécnico en la ciudad de Hong Kong. Toda una papilla para mentes infantiles y poco exigentes que, además, tiene incómodos grumos. Quedáis avisados.

62% Decepcionante

Nadie puede poner en duda la maquinaria técnica de la película, creada a fuerza de dólares y gratamente vistosa en ciertos momentos, pero el efímero placer se ve eclipsado por casi tres horas de soporífico, sexista y deslavazado sinsentido

Sobre el autor

Empezó a teclear tarde relatos cortos y comentarios de películas. Después le cogió el tranquillo a la cosa, y ya en Londres- donde llegó hace dos lustros- compagina su trabajo en una compañía audiovisual con la publicación de entrevistas y críticas cinematográficas. Ha colaborado en páginas web como La Paz Mundial o Suite101. También le encanta hablar de amor, pero esto es un secreto: https://www.facebook.com/ridiculas.palabras.de.amor/ ridiculaspalabrasdeamor.com

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