Crítica de Under the Skin (2014): deslumbrante cacofonía

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Con aplastante generosidad, Scarlett Johansson no deja casi nada para la imaginación en la nueva película de Jonathan Glazer. El londinense, director de algunos de los mejores videoclips y spots de los últimos veinte años, adapta con Under the Skin la novela del mismo título escrita en 2000 por Michel Faber. Incómoda, sugerente, fascinante, aburrida, trascendente, redundante… todos esos adjetivos y algunos más encajarían sin problemas en esta historia de ciencia ficción no apta para públicos sin ánimos de muchas complejidades visuales ni temáticas, amén de ser además una propuesta frustrantemente críptica aún para los amantes del avant garde.

Johansson, que está excelente, interpreta a un ser del espacio exterior que se deja caer por Escocia con la misión de recolectar alimentos para los de su especie. La comida son los hombres, y solo la piel es inservible. Para la caza, el alien recorre la ciudad de Glasgow con su furgón, parando a cualquier macho solitario, indefenso ante los encantos de tan exuberante hembra. El punto de inflexión en las tareas del extraterrestre llegará cuando tome conciencia de su propio disfraz de mujer, al cual empezará a tenerle un sentido afecto.

Lo primero que llama la atención de Under the Skin es la decisión por parte del director y del equipo de producción de elegir la cámara oculta para filmar a transeúntes y de usar a algunos de ellos como actores…una vez que dieron el visto bueno para ello, claro. La actriz protagonista, que se pasa una gran parte del film conduciendo, accedió a mezclar ficción y realidad en varios momentos -preguntando por la calle, cayéndose al suelo y esperando que alguien la ayudara…incluso guiando su coche por una calle llena de fanáticos del equipo de fútbol Celtic de Glasgow- sin perder su aura profesional e integrándose con soltura en el papel designado. En ese aspecto, nada chirria, y funciona de forma coherente. Y oiga, por lo que entendemos de las imágenes, la mayoría de personas que vemos en la película son unos cazurros de baja estofa y con poco seso. Una visión no muy amable de la ciudad. No sabemos si Glazer lo hace aposta, pero el frío de las montañas y las playas escocesas armoniza con el peligro urbano, lo primitivo, lo salvaje y el instinto animal de los individuos que pululan durante el metraje. El lado pesimista y la inevitable crueldad de la existencia parecen mostrarse tangencialmente en la historia que cuenta el director.

Y es ahí donde reside el principal inconveniente de esta valiente obra: su incapacidad para dejar claro –o una pista al menos, gracias- lo que quiere decir. Hay secuencias que podrían existir sin la necesidad de las demás, y otras, simplemente, desaparecer por repetitivas. A veces se insinúa un discurso centrado en la poca sensibilidad del Hombre para ver más allá de la superficie, y a veces da la impresión de defender justamente lo contrario, lo que sería (huelga decirlo) interesantísimo ya que se convertiría en la primera película que conscientemente aboga en la importancia del cuerpo por encima, o al mismo nivel, del corazón.

Diez años ha tardado el realizador en darle forma y pulir su obra más extraña hasta el momento. Tercera película después de la maravillosa Sexy Beast (2000) y la no menos interesante Birth (2004). El resultado último de Under the Skin no deja indiferente, pero sí despide un regusto amargo. Es larga. Mucho. O te sumerges en el tempo pausado o mejor te vas a ver Need for Speed, otra película que se estrena esta semana en Inglaterra y cuyo título suena como perfecto antídoto para la de Glazer. Ni siquiera unos alborotadores minutos finales, que sí hacen levantar un poco los párpados aunque sean tan discordantes como la parte de la vieja loca en The Happening (M. Night Shyamalan, 2008), convierten a la cinta en lo que podría haber sido. Dicho esto, quedan para la memoria el espectacular comienzo, la figura de la Johansson, el tono perturbador e incisivo (que recuerda al mejor Cronenberg y, muy especialmente, su film Rabia) y la magnífica secuencia de la playa, con bebé de por medio. Cuando veáis todo eso, podéis salir del cine, si queréis.

66% Es complicado...

Incómoda, sugerente, fascinante, aburrida, trascendente, redundante… todos esos adjetivos y algunos más encajarían sin problemas en esta historia de ciencia ficción no apta para públicos sin ánimos de muchas complejidades visuales ni temáticas, amén de ser además una propuesta frustrantemente críptica aún para los amantes del avant garde.

Sobre el autor

Empezó a teclear tarde relatos cortos y comentarios de películas. Después le cogió el tranquillo a la cosa, y ya en Londres- donde llegó hace dos lustros- compagina su trabajo en una compañía audiovisual con la publicación de entrevistas y críticas cinematográficas. Ha colaborado en páginas web como La Paz Mundial o Suite101. También le encanta hablar de amor, pero esto es un secreto: https://www.facebook.com/ridiculas.palabras.de.amor/ ridiculaspalabrasdeamor.com

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