Cultura, arte y literatura en la entrega de premios del Club Taurino de Londres

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Probablemente Curro Díaz, cuando en las calles de su Linares natal soñaba con ser torero, no se podría ni imaginar que acabaría siendo reconocido como el mejor torero de la temporada (2016) en la capital de Reino Unido. Se trata de la entrega de premios que anualmente celebra el Club Taurino de Londres y que tuvo lugar el pasado 26 de noviembre en el Oriental Club. Contó con la presencia del diestro y su mujer, Rosario, que acudieron emocionados a un acto en el que se puso en valor la riqueza cultural de la tauromaquia. 

El homenaje consistió en un almuerzo con el que también se celebró el 58 aniversario del Club. Asistieron más de 140 socios miembros y algunos rostros conocidos de la cultura británica, como el director del Instituto Cervantes, Ignacio Peyró, o el matador de toros inglés Frank Evans. Todos ellos convocados por el presidente de esta institución, Mark Rayner, y el vicepresidente, Andrew Moore. La fiesta, que es santo y seña de la marca España, conquistó un año más los salones de este personal edificio británico, que está situado en Straford Place, junto a la céntrica Oxford Street.

La comida del Club de Taurino contó con el discurso del Presidente del Instituto Cervantes

En torno a las 12.30 de la mañana comenzaron a llegar los invitados -la mayoría aficionados británicos-, que tuvieron como recibimiento una copa de vino en la parte superior del edificio. Posteriormente se desplazaron hasta uno de los salones principales para degustar de un almuerzo que puso de manifiesto la exquisitez y elegancia de la gastronomía británica con su roast beef. Tras la comida llegó la sorpresa con el discurso que ofreció el director del Instituto Cervantes, la institución oficial del Gobierno español para la promoción de la lengua y cultura española e iberoamericana.

A través de finas dosis de humor y seriedad, Ignacio Peyró fue homenajeando al genio de la Mancha (que da nombre al organismo que preside) con unas palabras que fueron aplaudidas por los asistentes. Recordó el respeto que Sir Winston Churchill sentía por este arte y reconoció lo extraordinario de que exista un club taurino en Londres. “Después de todo, no hay ganaderías en Kent y Puerta Grande en español no es lo mismo que Big Door en inglés“, comentó bromeando. Quiso expresar su agradecimiento “por poder representar al Instituto” ya que creció “con los volúmenes del Cossío en casa” y profesa un profundo afecto por la fiesta. “Es una tradición que viene con su propio idioma, música y visión del mundo. De capital importancia para las comunidades rurales y el desarrollo sostenido en el campo”.

Entrega de Premios del Club Taurino

El director del Instituto Cervantes, Ignacio Peyró, durante su discurso.

También recordó a la Generación del 27, que cumple su 90º aniversario y que “se lanzó a la atmósfera más taurófila. Debido a estos artistas y escritores, España y las corridas de toros están unidas en la mente de personas de todo el mundo”. Tras él, tomó la palabra el Presidente del Club, que agradeció la presencia del jienense ya que “tuvo que declinar varias citas profesionales en Quito para poder asistir a la comida”. Destacó el estilo elegante y natural de Díaz frente a los toros y le hizo entrega del tradicional ‘jarro de peltre’. El último en coger el micrófono fue el matador, que al igual que los dos anteriores agradeció el galardón y se disculpó por no poder hablar en inglés. Aunque, eso sí, advirtió que ya se encargaría de que cuando su hijo “Currito reciba el premio al mejor torero, hable perfectamente el idioma”.

Una particular rifa y una subasta de varias fotografías taurinas concluyeron el acto. Luego, como en aquella época gloriosa en la que toreros como Manolete se daban cita en el Lardhy de Madrid con intelectuales como Gerardo Diego, se trasladaron a una acogedora carpa donde no dejaron de sucederse los tradicionales corrillos en torno al Maestro homenajeado. Un domingo de toros con sabor inglés sirvió para enriquecer una de las tradiciones más arraigadas en España, que en su día se ganó el respeto de escritores como Hemingway o cineastas como Orson Welles. Un arte que traspasa fronteras y que, desde hace 58 años, está representado en Gran Bretaña gracias a este grupo de aficionados.

 

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