
Después de la frustrante
Spiderman 3 (2007) y la simpática
Arrástrame al infierno (2009), Sam Raimi vuelve a la pantalla grande como director con un caro juguete sin alma para todos los públicos y que, ni mucho menos, se encuentra entre lo mejor del realizador de aquella obra maestra llamada
Darkman (1990).
Oz, un mundo de fantasía (2013) arranca con fuerza, eso sí, e incluso durante toda la primera hora da la sensación de que el producto podría acercarse a la subestimada Oz, un mundo fantástico (1986), creando un experiencia visual pesadillesca, oscura y enigmática digna de otros clásicos del ¿subgénero? de "universos paralelos fascinantes" como Alicia en el país de las maravillas (versión Disney, y terrorífica aún vista hoy), Cristal Oscuro o Dentro del laberinto.