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Sherlock Holmes, una fantasía muy viva

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La imaginación es tan maravillosa y poderosa que puede llevar a crear personajes que traspasen la barrera de lo puramente real y se confundan con la ficción. Este es el caso del detective ficticio más popular del siglo XIX, Sherlock Holmes; y de su inseparable compinche, el Dr. Watson.

Tanto reconocimiento recogió la novela de Doyle, que en 1990 se inauguró un edificio-museo para homenajear a tan célebre personaje. Un lugar que recibiría a los cientos de visitantes ansiosos por revivir en un lugar físico lo que sucedía en la mente del afamado escritor Arthur Conan Doyle.

Un recinto que alberga la habitación, el salón, el despacho... En definitiva, la residencia donde el escritor situó la célebre novela de ficción entre los años 1887 y 1907.

Para contextualizar la historia no hay mejor manera que leer alguno de los 56 relatos o de las cuatro novelas: Estudio en escarlata (1887), El signo de los cuatro (1890), El sabueso de los Baskerville (1901–1902), El valle del terror (1914–1915). Mientras que para los cinéfilos existe la opción de ver las dos películas (Sherlock Holmes y Sherlock Holmes: Juego de Sombras) dirigidas por Guy Ritchie, donde se recrean los habitáculos del lugar de residencia y se desarrollan las tramas que debían investigar Holmes y su compañero de fatigas, el Dr. John Watson, así como los escenarios que reflejaban los textos de Doyle.

Sherlock Holmes es un icono muy popular en todo el Reino Unido y su fama y aventuras se han extrapolado a todos los rincones del planeta. Por si alguien no está al tanto de quién es este personaje que describe Doyle, aclararemos que etiquetar a Holmes no es fácil, pero sí que hay algunos rasgos en su perfil que lo hacen incomparable. Es un detective perspicaz, astuto, metódico, que investiga casos de homicidios a finales del siglo XIX y que destaca por su inteligencia, el hábil uso de la observación y el razonamiento a través del método deductivo, una especie de sexto sentido. Nos referimos a esa cualidad que poseen ciertos inspectores tras años de experiencias y que les permiten resolver y descifrar asuntos enigmáticos que pasan desapercibidos para la mayoría de los mortales. Todos esos atributos acompañan su labor policíaca.

Hay que aclarar que Holmes, en su vida cotidiana, difiere enormemente de la escrupulosidad con la que se enfrenta a los villanos que le acechan, pues se presenta como un tipo algo desordenado, que fuma en pipa y que se disfraza con facilidad para no ser reconocido. Tan connotada es su imagen, que en Londres hay un museo en su honor. Se encuentra en el nº 221 B de Baker Street. El edificio tiene tres plantas: en la primera, se encuentra el dormitorio de Sherlock Holmes y el despacho que compartía con el Doctor Watson; en la segunda, se halla el cuarto de su compinche y el de la Señora Hudson, su dama de llaves; y en la tercera, hay algunas figuras de cera que recrean algunos de los casos más importantes acaecidos en las novelas del afamado escritor.

Un profesor inspira la creación del personaje

Doyle se valió de la figura del profesor que más le fascinaba en la Universidad de Edimburgo, el médico Joseph Bell, para crear este personaje de ficción. Resulta que durante la carrera, el doctor eligió a Doyle como ayudante en prácticas durante un año en la Enfermería Real de Edimburgo. De este modo, el alumno pudo observar de primera mano, meticulosamente, los métodos analíticos que usaba el profesor para resolver casos policiales relacionados con homicidios.

Gracias a su innata habilidad para analizar todos los detalles, Bell era capaz de dar con las respuestas sobre la personalidad de cientos de personas anónimas. Fue, asimismo, considerado como uno de los pioneros de la ciencia forense. Estos atributos cautivaban al auditorio y no pasaban desapercibidos para el joven Doyle, quien diez años más tarde, en 1887, plasmaría todas estas experiencias en una serie de exitosas novelas. Para la inmortalidad quedará el "Elemental, querido Watson", una cita tan famosa como inexacta. El cine se tomó la licencia de unir ambas frases –que aparecían en las obras originales por separado- y dejar su huella para la eternidad.

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