Dog Years: un documental de Craft Theatre sobre la crisis de los refugiados

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Europa sigue parada, pasiva e ensimismada en la complejidad de la amenaza terrorista, el Estado Islámico, la psicosis de inseguridad o lo que supone el Brexit que esta semana ocupaba las portadas de todos los periódicos. Y con ello, como europeos o no, como emigrantes o británicos, parece que hemos agotado la capacidad para asimilar desgracias. Qué debe pasar para que el mundo se movilice y haga lo que tiene que hacer ante la crisis de los refugiados, ante un drama humanitario del que se manipula la información para servir los intereses de unos y otros, menos de los afectados.

Craft Theatre, detrás del proyecto Dog Years

Craft Theatre, bajo la dirección de Rocky Rodríguez Jr., se acerca al escenario de los acontecimientos para tomar contacto de primera mano y arrojar un poco aire fresco a tanta ‘intoxinformación’; en busca de la mirada y la voz en primera persona, visitando los campamentos de Lesvos y Calais. De ahí surge el proyecto de Dog Years, producido por la actriz Helen Foster. Un trabajo de campo que recoge testimonios de voluntarios, refugiados, bomberos españoles, gente local y expertos que tratan de dar una visión crítica sobre una realidad espantosa que no termina de conmocionar al mundo para buscarle una solución.

Un grupo de refugiados en huelga de hambre

Un grupo de refugiados en huelga de hambre.

Ha pasado más de un año desde la muerte de Aylan Kurdi, el niño de tres años que se ahogó en una playa de Turquía, y que, a pesar del revuelo mediático del momento, no forma más que parte de una hemeroteca. Y cuántos niños, ancianos, padres,… seres humanos en definitiva, han engordado la lista de muertos en el “Mare Nostrum” (Mar nuestro), tratando de alcanzar Europa.

Nosotros nos sentimos privilegiados, cómodos e incluso orgullosos de haber nacido en el “lado bueno” pero, ¿y si hubiera sido diferente?. Si hubiésemos nacido en el lugar desde donde zarpan las zodiacs en lo oscuro de la noche y con la premura del que huye de un horror que no deja de acompañarle nunca. Si hubiésemos nacido en ese otro lado del televisor, el lado de la noticia, el lado de la imagen ensangrentada y polvorienta.

Dog Years, nos lleva, aunque pueda incomodar, a esas costas griegas donde varan mujeres, hombres y niños. Escenas sin filtro que no han circulado tan fácilmente en los medios de comunicación convencionales a lo largo de todos estos años de conflicto. Esas imágenes con sonido directo que provocan un nudo en la garganta a caballo entre la impotencia y la vergüenza.

Este documental es un valioso testimonio de la Historia del primer cuarto del s. XXI, a través de sus protagonistas. Durante los días de grabación, Rocky Rodríguez, se dio cuenta de que “había más corazón, alma, solidaridad y esperanza en un solo refugiado que en toda nuestra ciudad” (Londres). Niños que sonríen en medio de la nada, desorientados, que esperan que hables con ellos o que juegues, muestran la esperanza y la fe de vivir en un mundo mejor, quizás más justo.

Niños con derecho a tener un presente y un futuro y cuyos padres van a hacer todo lo posible por ofrecérselo. Ellos, esos adultos que ya han renunciado a su propia vida, aún confían en la Europa abierta que imaginaban. “Todos sueñan con el día en que lleguen a un lugar donde poder empezar una nueva vida”, afirma el director.

Noam Chomsky

Noam Chomsky en Dog Years.

El documental pone de relieve, a parte de una crisis humanitaria, la falta de una efectiva política común de fronteras y de asilo. Parafraseando a Noam Chomsky, también entrevistado en la cinta, la llamada crisis de inmigración delata una crisis moral en los países más ricos del mundo que tienen los recursos para ayudar y atenuar a los que están en peligro, para resolver los acontecimientos que explican los motivos de esas huídas y para proponer soluciones. Sin olvidar que la llegada de inmigrantes puede suponer también una carga muy seria para las sociedades que los acogen, y, al mismo tiempo, que esta llegada de personas con vida es más que un milagro. Y quien crea lo contrario pertenece a otro planeta, quizás cercanos al universo de Trump, Le Pen o Wilders.

La solución exige una acción internacional consensuada, donde Europa tiene un papel primordial y el deber de tomar la iniciativa. La labor de organizaciones humanitarias y Frontex, el programa europeo de control de fronteras exteriores, así como el trabajo de voluntarios es ingente, pero en ningún caso llega a ser suficiente. La Unión Europea admitía a principios de esta semana el fracaso del plan de reparto de refugiados aprobado hace dos años, cuyo compromiso era reubicar a 160.000 de los 1,2 millones de refugiados llegados a Europa.

Dog Years lleva esta crisis humanitaria a más de 36 Festivales de Cine en 4 continentes. La compañía ha pasado mucho tiempo en Grecia y Francia para mostrar imágenes sobrecogedoras de la delicada situación que se está viviendo en Europa. El film cuenta con entrevistas en exclusiva a Noam Chomsky, a Alf Dubs (Baron Dubs, Partido Laborista y ex miembro del Parlamento), al diputado Thangam Debbonaire (Partido Laborista), al diputado David Davis (Partido Conservador) y expertos de Harvard y Cambridge, entre muchos otros profesionales. Como declara Rodríguez: “Dog Years está hecho por gente que estuvo allí, en las líneas fronterizas de Europa… en los campamentos de refugiados”. Y, también añade que “está hecho para esa gente: para los que fueron refugiados en el pasado, para los que lo son hoy”, para las miles de personas desplazadas, para los voluntarios que ayudan a tanta gente día tras día por humanidad. Un proyecto que nace como una necesidad vital para nuestra sociedad actual. En definitiva, por pura solidaridad.

Sobre Craft Theatre

Desde sus comienzos en 2010, la compañía de teatro Craft Theatre, fue considerada como un motor poderoso en lo que respecta a la búsqueda de autenticidad actoral y la capacidad de soportar y expresar las partes más profundas de sí mismos; proporcionando al espectador una montaña rusa de emociones y momentos inquietantes. Utilizan un intenso training en el que agotamiento físico y la deconstrucción de identidad son integrales. A nivel estético la compañía utiliza el concepto de “teatro pobre”: no usan escenografía, no necesitan telón, ni vestuario ni tecnología digital. Lo que garantiza unos costos muy bajos en donde el escenario desnudo, las luces y los espectadores son suficientes para seducir a la imaginación del espectador a través de la expresión, la fisicalidad y, la autenticidad y organicidad emocional.

Sobre el autor

Sara Ballesteros es actriz, pero también licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual, con un Máster en Artes Escénicas. Ha desarrollado su actividad profesional en ambos campos tanto en España como aquí en Reino Unido. Colabora con El Ibérico "por amor al arte", al de las noticias y al dramático, por eso que sus artículos siempre tengan que ver con las tablas. Dos pasiones unidas en una sola voz. Más info.: http://www.saraballesteros.net/

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