Ella quiere bailar. Crónica sobre Mercedes Ruíz en el London Flamenco Festival

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Era martes 21 de febrero, se acercaban las siete y media de la tarde en el teatro Sadlers Wells de Londres y la primera de las tres llamadas del famoso código teatral se hizo sonar. La mayoría de los espectadores ya habían tomado asiento, hasta que el segundo llamamiento se oyó. Con un tercer timbrazo, los últimos asistentes todavía sin ocupar su localidad se apresuraban a sentarse. Escasos minutos después fue cuando los acomodadores ya cerraban puertas y la luz comenzaba a disminuir para dar comienzo al espectáculo Déjame que te baile, parte del anual London Flamenco Festival.

Una Milonga de bienvenida de carácter flamenco

Se abrió el telón y allí apareció la bailaora Mercedes Ruíz abriendo noche flamenca con un vestido azul celeste acompañada del guitarrista Santiago Lara y el cantaor David Lagos con una Milonga-Garrotín. Milonga de bienvenida de carácter flamenco, de compás similar de tango-tiento con un primer cante con su retahíla de versos sobre un breve motivo melódico.

Al garrotín, al garrotán, que da la vera de San Juan,….” Decía la letra, mientas Mercedes parecía saludar al público con sus elegantes braceos al ritmo vivo del Garrotín y su primer energético zapateado de cierre que arrancó el primer aplauso caluroso de la noche, y la primera bajada de telón.

Ya con la atención del público ganada, Mercedes Ruíz y CÍA dio paso a una Llamada a la Seguiriya y un Martinete con el cante de David Carpio y el percusionista, Perico Navarro. Por entonces Ruíz ya nos mostró sus fluidas vueltas de pecho, sus pitos chasqueando las yemas de los dedos con el que la bailaora embellecía su baile y jugaba con el compás, bordando su estilo con unos preciosos redondos braceos y armoniosos flamencos movimientos de manos.

La interacción con el público fue en aumento desde que el cantaor David Lagos interpretó un Pregón en el proscenio, la parte del escenario más cercana al público. Los jaleos instintivos y espontáneos del público como “¡Ole David!”, “¡Échale papas!” o “¡toma que toma!” no se pudieron reprimir. Al fondo en la penumbra se distinguía la figura de la bailaora sentada en una silla, vestida de hombre para tomar parte en escena.

El palo de las Alegrías llegó después con Ruíz ataviada en una bata de cola blanca y con toda la compañía en el escenario, incluyendo a los palmeros Javier Peña y Rafael Ramos. Mercedes, contando la herencia del flamenco con un estilo propio estético de la danza flamenca actual, arrancó muchos “¡Ole!”, cuando hizo sonar las castañuelas. Entonces empezó el juego y coqueteo con el cante. Esto dio paso a una Ronda de Fandangos y una Soleá que embrujó a los presentes. El mantón salió a escena en la Soleá y empezó el diálogo, primero con un cantaor, y luego con el otro, dejando entrever tintes pícaros de la mujer flamenca en el baile. La belleza del baile de Ruíz con el dominio del mantón hizo que se convirtiera en una parte de ella misma, de su mismo cuerpo, tal y como lo hizo previamente con la bata de cola.

La Fiesta Flamenca adelantó el fin de fiesta de este espectáculo que duró 90 minutos. Déjame que te baile terminaba con toda la compañía en escena, intercambiando roles artísticos donde todos dieron unas desenfadadas y, llenas de arte, ‘patadas’ flamencas.

El público despidió a Mercedes Ruíz y al elenco de artistas con más de cinco minutos de ovación, una prueba de que el desafío al que la bailaora se enfrentó en su momento de creación, gustó y mucho. Este es un espectáculo en el que la artista deja ver la combinación de su capacidad interpretativa y su emocional y sentimental lenguaje dancístico lleno de momentos de fuerza o sutileza. Déjame que te baile muestra exactamente eso, la necesidad de bailar a un público y al que se le pide mostrarle su arte.

 

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