Expertos afirman que la siesta debe echarse a las tres de la tarde

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La palabra siesta viene del latín “hora sexta” que marcaba unas seis horas después de la salida del sol, es decir, el momento que tiene lugar poco después del mediodía para los antiguos romanos. En la actualidad, la palabra se usa para referirse a ese merecido y ansiado descanso después de comer que a algunos les sirve para recuperar fuerzas pero que a otros les hace levantarse de muy mal humor. En algunas culturas se hace esencial pero en otras es sinónimo de vagancia y pereza. Esta práctica ha sido objeto de numerosos estudios pero todos coinciden en una cosa: la siesta durante un período concreto puede ser muy beneficiosa para la salud.

Según el último informe del Sleep Council, una organización dedicada a advertir sobre los trastornos de sueño, casi tres cuartas partes de los británicos duermen menos de siete horas cada noche. Además, el número de personas que duerme menos de cinco horas ha aumentado del 7% al 12%. En España, un estudio publicado en la revista científica Science Advances afirma que los españoles duermen de media siete horas y 45 minutos. Ninguno de los dos países llega a las ocho u ocho horas y media recomendadas por los expertos y por eso algunos se acaban quedando dormidos en el metro o en la mesa del despacho.

La siesta perfecta debe durar un máximo de entre veinte y treinta minutos

La siesta puede sentar de maravilla si no se ha dormido lo suficiente. Sin embargo, echar una siesta demasiado larga puede dificultar el sueño por la noche. Según varios estudios, la siesta perfecta dura entre 20 y 30 minutos y debe echarse a las tres de la tarde. La razón para esta hora tan exacta se encuentra en nuestro ritmo cardíaco, que baja considerablemente a esta hora. Muchas personas también sienten sueño después de comer y falta de agilidad mental. Por eso, dormir alrededor de treinta minutos a las 3 de la tarde puede mejorar el rendimiento durante el resto del día y tener muchos beneficios para la salud, como un aumento de la productividad, la creatividad, la memoria y la capacidad de aprendizaje. También reduce el riesgo de tener o causar un accidente y cometer errores.

Además, los humanos no somos los únicos animales con necesidad de echarse una buena siesta. El 85% de los mamíferos duermen muchas veces durante el día en ciclos polifásicos (varias fases). El ejemplo más cercano lo componen los perros o los gatos. Los seres humanos desarrollamos ciclos de sueño monofásicos, sobre todo dormimos durante la noche para tener energía a lo largo de todo el día.

cachorro dormido

Lo más importante es ser capaz de no exceder el límite de tiempo para la siesta perfecta. Un exceso de siesta suele dar lugar a efectos contrarios a los anteriormente descritos. Siestas de más de 45 minutos pueden disminuir la capacidad cognitiva y reducir el estado de alerta inmediatamente después de despertar, lo que se conoce como inercia del sueño.

 

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