Microrrelatos cinegéticos: Perdices y habanos

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Suena el despertador y marca las 7.15; no doy fe a lo que acaba de ocurrir: me acabo de dormir, con ésta son tres las veces que me ha sucedido esto en mi trayectoria cinegética. Acto reflejo, cojo el móvil y llamo a Niel para decirle que me he dormido, gracias al despertador de mi hermano he amanecido. Me dice que no hay problema, queda en mandarme un whats con su ubicación. Desayuno algo más rápido que de costumbre y salgo con Nano rumbo a Teruel. Las parameras turolenses nos esperan, lo que finalmente ocurre es que Niel se encuentra ubicado en una zona del coto con una vegetación más característica de la meseta manchega, con la que Nano y yo ya nos estamos familiarizando.

Al encontrarnos con Niel y su perra Cloti, vemos que lleva una tordancha colgada y se acaba de calentar con 3 perdices voladas sin éxito hasta el momento. Vamos, el precalentamiento por su parte ya está más que hecho. Me preparo con el “chiquitajo” y salimos a dar una vuelta entre quercíneas y sabinas. Subiendo por uno de los barrancos, Niel consigue sorprender un bando de patirrojas, mediante la famosa técnica del “pellizque” y descuelga una perdiz. Al juntarnos me la enseña, se trata de un buen macho. Seguimos los dos peinando la zona y se arrancan delante de mi dirección 2 perdices, le aviso y vamos preparados. En unas carrascas Nano hace un quiebro y vuela una perdiz a derechas, sale como un reactor, le disparo dos veces y no hace ni mención. Continuamos la mano, oigo tres disparos y a Niel chillar algo semblante a “meretriz” lo que quiere indicar que agua para los patos…jeje. Resulta que la dichosa patirroja ha salido de lo alto de una carrasca, como el día está húmedo se suben para no mojarse las señoritas. En uno de los barrancos siguientes se levanta otra perdiz larga a la que soplo dos tiros sin mención de pasarle cerca los plomos. ¡Qué bien vamos!- pienso.

Espero a Niel en el coche al sol con Nano, cuando arranca a cantar otra perdiz hacia la zona sabinera del barranco. Al llegar a él montamos una mano improvisada revisando casi todas las sabinas pero no hay forma de ver a la dichosa patirroja. Así que, con esto y un bizcocho, decidimos que la hora ya es oportuna para pegar un bocado, por lo que nos vamos al bar del pueblo a tomar unas ricas patatas, con unos huevos fritos y unos trozos de conserva made in Teruel. Esto sí que es una delicia rematada con un buen café (cremaet para algunos), entra solo el bocado del día. Debatimos pues sobre el destino a elegir y nos decidimos por una zona pareja a la matutina en lo que a condiciones fisiográficas se refiere. Esta vez no hay mucha suerte, mi compañero mata un zorzal y Nano vuela una perdiz, a la que sólo consigo escuchar seguido de un pequeño susto ya que el perro sale corriendo tras ella hacia la carretera en el momento en que se acerca un coche. Visto el éxito de la vuelta acordamos ir a un último sitio antes del ocaso y retirada. No hemos andado ni 200 metros desde la ubicación de los coches cuando otro coche para y me comenta que acaba de ver peonando un bando de 7-8 perdices y me explica la dirección que llevaban. Aviso a Niel por teléfono y cambiamos un poco el sentido de la vuelta sin mucho éxito hasta llegar al final de la mano. Debo recalcar la existencia de este bando de patirrojas con las cuáles tropezaríamos en jornadas posteriores.

Al rehacer la vuelta con vistas a terminar en el coche, en una loma alta y algo densa de vegetación arbustiva, Nano empieza a coletear. Yo le hago caso siguiéndole, pensando la posibilidad de sacar alguna rabona por la forma de seguir el rastro y las características de la zona que me habían comentado mis compañeros. Para mi sorpresa se levanta un bando de perdices a unos 10 metros de mi posición y detrás de unas sabinas, por lo que no consigo avistar más que una perdiz a la derecha, a la cuál encaro y disparo cerca del arbusto. Pienso que mi disparo la ha alcanzado, infeliz de mí, pero al moverme para sortear la sabina y verla caer observo que continúa planeando. Pienso para mis adentros: ¡vaya día con las perdicitas! (temporada, más bien) A mi disparo le sigue un disparo suelto de Niel que va por el barranco, algo me dice que en su caso ha sido pieza, ya nos vamos conociendo. Seguimos la mano en la dirección que ha tomado el bando al volar, yo voy por el alto y mi compañero por la falda. Nano sigue cazando muy alegre y en más de una ocasión quito el seguro pensando que van a volar. Mi compañero ha salido corriendo un par de veces, lo que indica que algo ha visto. Comienza a oscurecer y nos dirigimos hacia el coche dónde comentamos la jugada acaecida con el último bando de perdices. En efecto, él ha bajado una perdiz del último bando la cual venía revolada del grupo que yo he levantado. Ha continuado cazando la mano y ha corrido detrás de una perdiz que había visto volar sin éxito. El resumen del día son 2 perdices y 3 tordos después de un intenso y bonito día de caza. Se cumple el refrán de “a quién madruga, Dios le ayuda”, yo al haberme dormido claro está.

Nos juntamos en los coches para fumarnos un par de buenos puros habanos viendo anochecer en la despejada atmósfera de estas parameras turolenses, mientras charramos y tiramos humo por la boca vamos pelando las piezas conseguidas durante la jornada. El último dato de esta jornada relativo al arte cinegético es que después de pelar las piezas y salir rumbo al Levante, veo que Niel gira su coche hacia un sembrado y por él pasan trotando tranquilamente 4 jabalíes.

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