lun17062013

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Ajosecos

¿Lecciones de humildad?

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He recorrido la oferta educativa dirigida a las diferentes edades, condiciones sociales, niveles, intereses; con financiación pública, privada...en busca de lecciones de humildad, virtud valiosa donde las haya y apreciada socialmente en el mundo. Entre cursos de todo tipo ni una sola de las organizaciones contactadas ofrecía estas enseñanzas...

¿Es lo que hay?

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Me pregunto si el primer usuario de esta frase, normalmente afirmación más o menos categórica, se dio cuenta de los usos variados y torticeros a los que sería sometida. Reconozco que el puro conformismo que expresa la frase me repugna en lo más íntimo y recuerda tiempos de escasez, dictadores, intolerancia y sumisión. Como todas las frases que en el mundo han sido y serán, su significado depende del contexto, pero hay un hilo común que nos conduce al mismo sitio: El 'trágala'.

¿Qué escuelas no queremos?

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Parece claro que si a lo largo de la historia las escuelas hubieran ido eliminando sus problemas y defectos ahora tendríamos unas escuelas perfectas. Pero éstas han ido cambiando y adaptándose a las épocas, como los servicios sanitarios y seguridad pública. Los enormes errores y hasta los pactos de silencio están en la memoria de los que los sufrieron. Todos nosotros tenemos recuerdos escolares variados y resistentes al olvido, pequeñas o grandes maldades, rebeliones contra el sistema y amigos/enemigos para toda la vida.
Tal vez la pregunta debería ser: ¿que escuelas necesitamos para nuestros hijos?
El problema surge cuando nos damos cuenta de que las necesidades de los alumnos son para vivir en un mundo futuro, muy diferente al que hemos vivido o estamos viviendo. Averiguar lo que necesitarán nuestros hijos es un problema de prospectiva/arte adivinatorio que solamente los políticos y funcionarios más aventurados y aventureros se atreven a predecir y en su caso aventurar. Como no están de moda leer los posos del café ni despanzurrar aves, ahora se pide ayuda a un grupo de 'sabios'... Supuestos expertos hay en estas cosas, como en casi todas, que intentan convencernos periódicamente de que conviene al país y a sus habitantes un tipo de escuela determinado, muy concreto, con normas y contenidos muy específicos y hasta doctrinarios. Para los políticos en los gobiernos es la oportunidad de hacer 'ingeniería social', cosa que es muy seria, aparte de muy divertida. Me los imagino, ebrios de poder, organizando la sociedad del futuro. Conozco a un inspector de enseñanza que se excede en sus funciones impartiendo conferencias de obligatoria asistencia y enviando correos electrónicos a todos los que él considera subordinados. Todo un profeta bíblico, desconocedor del sentido del ridículo.
Pero tal vez el problema más serio es la falta de rigor de nuestros dirigentes, lejos de los 'estadistas' preocupados por las siguientes generaciones. Para ellos las escuelas fueron importantes.
Ahora corren buenos tiempos para los ignorantes....

¿No te hagas odiar?

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La frase es de Smee, regordete marinero a las órdenes del Capitán Garfio, y fue dirigida al cocodrilo que sonreía (!) y se frotaba la panza ante la idea de comerse a su capitansito en la película de Disney de Peter Pan (héroe victoriano por excelencia). La versión iberoamericana que consumimos en el cine enriqueció nuestra lengua con aquellos giros expresivos desconocidos. Una estatua londinense recuerda al flautista de Nunca Jamás, sus personajes y aquellas aventuras entre mágicas y heroicas. Más de un siglo después un artista muy popular usó este mismo nombre para su casa y abundar en el mito de no crecer ni hacerse adulto...

¿Piratas o corsarios?

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No sabemos mucho de piratas y corsarios, aunque fueron muchos y muy variados en la historia de la navegación. La patente de corso expedida por las autoridades transformaba un pirata en un corsario y hasta en un 'privado' (privateer) como el muy conocido Sir Francis Drake. Una reproducción de su barco, el Golden Hinde, ilustra la ribera del Támesis. Nuestra generación creció leyendo a Salgari y los piratas de los mares asiáticos, Sandokan, Yañez, etc. Las películas 'de piratas', hechas en Hollywood, proponían a los españoles como 'los malos'. Soluciones había. La película 'Quemada', con un 'Marlon Brando' de agente colonial, fue 'Queimada' en los cines españoles, y los malos pasaron a ser portugueses.
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