Durante su gobierno, donde solo existía un único partido, el de él mismo, se ejerció la fuerza de poder en una de sus representaciones más extremas. Se reprimió toda forma de pensamiento contraria al conservadurismo extremo católico y anti-comunista, no existía Constitución, se censuraron los medios de comunicación y se restringieron las libertades de asociación y de reunión entre otros derechos. Lo que comenzó como un régimen declarado fascista desembocó en breve en una dictadura que apoyó en la sombra al régimen hitleriano alemán y al italiano de Mussolini.
Esta es la historia que todos conocemos, esta es la Historia. Sin embargo, la Real Academia, la de la Historia precisamente, en su Diccionario de Biografías, que por el momento va por el tomo 25 de 50 con más de 43.000 biografías, ha decidido que el régimen franquista era "autoritario, no totalitario", definición que ha levantado ampollas entre historiadores, políticos y público en general.
El escritor Mario Vargas Llosa calificaba el hecho como "una auténtica vergüenza" y añadía: "No se puede admitir esto a estas alturas. Y aún menos se puede tolerar que esto se pague con dinero público".
Y es que la entrada de Franco no es la única que ha recibido críticas. La persona de Juan Negrín, un político de la II República ha recibido las mismas valoraciones negativas, y otros perfiles como el del sacerdote José María Escrivá de Balaguer incumplen algunas de las normas impuestas por la propia Academia para la redacción, que debería de ser objetiva y no entrar en consideraciones psicológicas.
Al parecer, el responsable de estas lindezas, es Luis Suárez, experto en historia medieval y presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos, una organización que algunos medios califican de extrema derecha. Autor que cuando habla de la guerra civil española se refiere a ella como "una guerra larga de casi tres años que permitió derrotar a un enemigo que en principio contaba con fuerzas superiores. Para ello, faltando posibles mercados y contando con la hostilidad de Francia y de Rusia, hubo de establecer estrechos compromisos con Italia y Alemania".
De momento, además de intelectuales, políticos y escritores, los ministerios de Cultura y Educación han lanzado la voz también entre otros; y la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha confiado en que la Real Academia de la Historia (RAH) modifique la biografía del dictador ya que "tienen la oportunidad de rectificar en la edición on line, en los 25 tomos restantes y también en las reediciones".
Y así es. Los tomos impresos, de momento, no se van a retirar y la corrección del diccionario de biografías, que por el momento ha costado 5 millones de euros financiados con las arcas públicas, tendrá que esperar al menos en su forma impresa.
Gonzalo Anes, presidente de la Academia que no se ha planteado dimitir después de este error garrafal, aseguró a diversos medios que las modificaciones que se piden son "susceptibles de ser incorporadas de manera rápida a la edición digital y a ulteriores ediciones en papel". Sin embargo, el también responsable de este diccionario, sigue defendiendo al polémico medievalista Luís Suárez en una entrevista concedida al diario español El País. Anes asegura que se han escogido a los mejores biógrafos para el diccionario y, así y todo, insiste en que la Academia no se responsabiliza de las entradas puesto que cada autor es dueño de sus textos.
Mientras tanto, algunos buscan denunciar a la RAH por apología del franquismo, amparados en la Ley de Memoria Histórica. Y es que la Memoria Histórica, la de todos y no solo la de los españoles, es el único eterno testigo de lo sucedido, y esta ha de ser objetiva y fiel a los hechos, con el fin de que el ser humano pueda reconocer y aprender de sus propios errores y sus consecuencias; y para que ciertas historias no vuelvan nunca a sucederse.







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