"Un desalojo, otra ocupación", así ha rezado el lema del movimiento okupa durante décadas cada vez que la policía evacuaba a los inquilinos ilegales de un edificio inicialmente vacío. Habitantes fuera de la ley que reclamaban con esa invasión de lo ajeno el derecho a una vivienda digna y que, en muchas ocasiones, desarrollaban una actividad cultural para la comunidad en esos espacios, según ellos, desaprovechados.
Este movimiento, que comenzó entre los años 60 y 70 en España con el éxodo de la población desde zonas rurales a capitales de provincia, se limitaba hasta hace unos meses a unos pocos románticos que vivían en comunas o hacían del edificio ocupado un centro autogestionado para el arte y el aprendizaje de los vecinos. Además, existía una tendencia a asociar estas ocupaciones con ciertas tribus urbanas e ideologías y algunos los tachaban de caraduras porque, entre otras cosas, apropiarse de lo ajeno es un delito penado por la ley.
Sin embargo, la situación de crisis por la que atraviesa el planeta ha cambiado y los que ocupan ya no son los mismos. El movimiento 15M se gestaba esta primavera en Madrid con el objetivo de dar un repaso al panorama político, social y económico en el que se encontraba España, denunciando la pasividad de la clase política y la barbarie de los bancos entre otras muchas cosas. El grupo ha evolucionado de tal forma que ha creado una comisión de vivienda para ayudar a aquellos que son desalojados, pero no de las casas okupa, sino de sus propias casas y que, por impago de una hipoteca o de un alquiler que ahora les resulta imposible hacer frente, se ven viviendo en la calle.
Desde entonces, el 15M se las ha apañado para ser el actor omnipresente presente en injustos desalojos, a modo de superhéroe, como apuntaba Juan José Millás hace meses en uno de sus artículos para El País Semanal. Lugar donde sucedía un desahucio, allí estaban ellos. Personas discapacitadas e incapacitadas para trabajar, familias enteras que han perdido sus ingresos mensuales y que con ellos se ha ido ese proyecto de vida que pasaba por una vivienda digna (y una hipoteca) o mendigos que buscan su techo, han acudido al movimiento buscando una solución que han encontrado. Lo que el llamado sistema de bienestar no ha podido conseguir lo ha hecho el 15M, si bien es verdad que infringiendo la ley y allanando moradas de otros.
Como la vivienda no vale tal y como valía hace cinco año, las familias se quedan en la calle, sin techo y con una deuda en el banco para pagarla durante una vida
El movimiento ha ocupado varios edificios en la capital española, entre ellos el Hotel Madrid que fue desalojado el pasado 5 de diciembre. Pero esta vez el lema era otro: "Un desahucio, otra ocupación". El 15M denuncia que en España hay 3,5 millones de viviendas vacías y entre los meses de enero y junio se han tramitado 32.000 procesos de desahucios en España, 16.000 solo entre los meses de abril y junio. Familias que, como no pueden pagar su hipoteca, el banco se queda con la propiedad (porque siempre ha sido suya). Como la vivienda ya no vale lo que el mercado decía que valía hace cinco años, las familias se quedan en la calle, sin techo y con una deuda con el banco que les costará una vida pagar.
Réplicas de estas ocupaciones se están sucediendo en distintas ciudades europeas, entre ellas Londres donde un grupo de indignados bajo la identidad del movimiento Occupy London ha ocupado un edificio vacío propiedad del banco UBS en el barrio de Hackney, al norte de Londres. Van a instalar allí un "banco de ideas" dicen, donde las personas podrán comerciar con la creatividad y no con dinero y donde han actuado ya Radiohead y Massive Attack en un gesto de apoyo al movimiento. Por su parte, otros tantos miembros y simpatizantes se han instalado en los aledaños de la catedral de St. Paul en la capital británica, ignorando las notificaciones de la policía para levantar el campamento.
Jack Holburn, del grupo de indignados, comentaba que "mientras los bancos embargan las viviendas de las familias, las propiedades vacías de los bancos tienen que ser embargadas por el público". Y mientras miembros del movimiento se reunían el pasado 7 de diciembre con Hector Sants, CEO de la FSA (Financial Services Authority), máxima autoridad que regula las instituciones financieras en el Reino Unido, a Occupy London se le consideraba una "amenaza doméstica" en un informe que publicaba la policía londinense con el título de Puesta al día sobre terrorismo y extremismo para la comunidad financiera de la Ciudad de Londres ya que, añaden, se han identificados anticapitalistas entre los activistas.
Además de Occupy London, cientos de miles de conciencias se han despertado alrededor del planeta, Nueva York, Tokio, Sydney, Toronto. Porque ocupar es ilegal pero quedarse en la conciencia de muchos, con su permiso, no lo es.







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