Un corazón roto perjudica seriamente la salud

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Dicen que el amor es el motor que mueve al mundo. Y sí, es cierto. Sin embargo, en muchas ocasiones el cuento de hadas muestra una cara muy diferente a aquella que nos vendieron en las películas de Disney. Y es que existe un sentimiento mucho más profundo que el amor: el ingrato rechazo. Cuando este sentimiento hace presencia en nuestras vidas duele en el interior hasta sentir que nos desgarramos por dentro. El desamor no es considerado una enfermedad que pueda curarse gracias a las medicinas o el tiempo. Sin embargo, a nivel anímico, médicos especialistas de todo el mundo han probado científicamente que el estrés emocional y la angustia que sufre quien experimenta una pena de amor son un factor determinante en algunos padecimientos cardíacos y otras patologías que pueden incluso llevar a la muerte.

¿Hasta dónde puede afectar la salud la angustia emocional producida por una decepción amorosa?

Generalmente, tras el desamor se siente una enorme tristeza que nos pesa y nos impide afrontar la rutina diaria con total normalidad. Las personas que están haciendo frente a una ruptura sentimental no encuentran el sentido a ciertas situaciones de su día a día porque sienten el vacío de una gran pérdida: el de la persona amada. Dicha sensación es habitual inclusive en aquellas relaciones donde sabes que tu pareja no te llena u conviene. Este dilema razón y corazón es uno de los más habituales durante el período de desamor.

El dolor del amor duele, no sólo anímicamente, sino también físicamente. Los efectos del desamor activan las mismas áreas del cerebro que se ponen en funcionamiento cuando experimentamos dolor físico. Es por ello que un fracaso amoroso muy intenso y dramático puede provocar algunos de los síntomas propios de un ataque de ansiedad. La angustia que vive la persona cuando sabe que no es correspondida y que nunca podrá alcanzar su objeto de deseo, es tan dolorosa que puede llegar a sentir opresión en el pecho y sensación de que le falta el aire y tiene dificultades para respirar con normalidad.

Asimismo, el dolor del rechazo tiene mayor capacidad de subsistencia en el tiempo que el dolor físico. Es decir, la memoria es capaz de recordar a la perfección el sufrimiento que experimentamos en el pasado. De ahí la importancia de aprender a hacer frente a este sentimiento y superar sus consecuencias. De otro modo, el cerebro evocará cada detalle de ese momento cuando se sobrevenga una situación similar.

El desamor fomenta la ira, la agresividad y la aparición de una sensación de culpabilidad desacerbada. Las personas cuando se enfrentan a una negativa amorosa tienden a culparse a ellas mismas y a flagelarse emocionalmente de forma excesiva. Es un verdadero desestabilizador de nuestra parte social, de ahí que, cuando se experimenta una ruptura, la reacción inmediata e instintiva es alejarse y poner barreras. Esta actitud solo provoca que superar el trance y el posterior abatimiento resulte una tarea el doble de complicada.

Los efectos fisiológicos y psicológicos así como las reacciones corporales ocasionadas por las decepciones y rupturas amorosas están ampliamente descritos en la literatura médica. Un estudio publicado en el British Medical Journal en 1969 observó durante nueve años a 4.500 viudos de 55 años de edad. La investigación determinó que el riesgo de muerte se incrementaba un 40 por ciento durante los primeros seis meses del duelo. La mayor causa de mortalidad fueron los ataques cardíacos producidos en muchos casos por un estrés agudo. Esta evidencia médica fue la base en la que se apoyó el cardiólogo Matin Cowie del Instituto Nacional del Corazón del Imperial College and Lung Institute en Londres, para afirmar que “es probable que una persona muera a causa de una pena de amor“.

Sin embargo, todas las heridas, incluso las emocionales, sanan y se curan. Solo hay que dar tiempo al tiempo y tener muy claro el objetivo: A pesar del sufrimiento no puedes quedarte viendo la vida pasar. Llénate de fuerza para que el dolor desaparezca cuanto antes.

 

 

Sobre el autor

Atraída desde pequeña por la comunicación me gradué en Periodismo por la Universidad de Sevilla hace algunos años ya. Soy periodista de vocación, y una profesional incansable en busca de su sueño: Ser escritora. Mi necesidad de versos y letras me han traído de vuelta hasta mi querida familia del El Ibérico...

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