Un tesoro bajo las calles de Londres de más de 140.000 millones de libras

0

A primera vista, no se diría que Treadneedle Street sea sustancialmente diferente de cualquier otra vía del distrito financiero de Londres. Una calle de poco más de medio kilómetro de extensión, en la cual coexisten tiendas con algún que otro pub, y que si entre semana bulle de actividad, en sábado y domingo se mantiene en un estado un tanto desolado. Pero lo que hace interesante a esta calle no es lo que hay o sucede en la superficie, sino lo que se encuentra unos metros más abajo: es en este punto donde se localiza el epicentro de una red de galerías de 28.000 metros cuadrados que alberga un tesoro de más de 140.000 millones de libras, una cantidad que supera el PIB anual de países como Rumanía o Ucrania.

El oro es una herramienta de compraventa y un valor refugio, y ha sido utilizado como moneda de cambio casi desde que el ser humano comenzó a comerciar. Es resistente, fácilmente divisible y su valor es relativamente estable. Gobiernos, bancos centrales e incluso empresas guardan parte de sus reservas en oro. Y dado el peso de la capital británica como centro financiero y comercial en el mundo, muchas de estas entidades deciden mantener la totalidad o parte de sus depósitos bajo el subsuelo londinense.

Threadneedle_Street,_London_EC2_-_geograph.org.uk_-_1706594

En la década de los 30, el Reino Unido construyó una serie de galerías subterráneas con las que proteger bienes de valor bajo custodia del Banco de Inglaterra. En tan sólo dos décadas, la red se había ampliado hasta formar una especie de laberinto en el cual se había pasado a custodiar no tan sólo el propio oro del país británico, sino el de otras naciones que pagaban al Reino Unido por su labor de custodia.

En la actualidad, la institución mantiene una red de ocho galerías en las proximidades del edificio donde se asienta. El acceso a éstas está limitado a una lista cerrada de empleados, y las puertas que custodian el preciado metal se abren con sistemas identificativos de la voz y llaves que pueden llegar a medir un metro. Los lingotes pesan 12 kilos, teniendo cada uno de ellos un valor cercano a 350.000 libras, y un experto podría conocer su procedencia en atención a la forma de éstos y las pequeñas variaciones de color de los mismos.

Dado el carácter arcilloso del suelo de Londres, se encuentran repartidos apilando un máximo de cuatro alturas para evitar hundimientos. La cantidad exacta es imposible de determinar, puesto que  fluctúa por ser utilizado en intercambios comerciales, pero se mueve entre las 5.000 y las 7.000 toneladas, un volumen que supone cerca de una quinta parte del total mundial en manos de los gobiernos.

¿Por qué en Londres?

Por motivos de seguridad por un lado, pero principalmente porque es aquí donde reside el mayor centro de negocio de este metal. La red de galerías está blindada y sería capaz de resistir incluso detonaciones de bombas. Las estrictas medidas de seguridad hacen que técnicamente sea imposible un robo. Paradójicamente, si el almacenamiento está sujeto a todo un código de regulación y escrupulosos controles, resulta sorprendente el modo en que se realiza el transporte del preciado metal, dado que a diario llegan y salen decenas de lingotes de oro, en ocasiones incluso utilizando aeropuertos convencionales.

Sin embargo, más allá de la seguridad de las infraestructuras de almacenamiento es el valor de Londres como epicentro del comercio mundial lo que le ha hecho merecedora del puesto de custodia. En la propia city se celebran cada día dos sesiones a través de las cuales se determina el valor del metal, atendiendo no tan sólo a la oferta y demanda sino también a otras circunstancias, como la previsión de crecimiento económico o los pronósticos electorales de un determinado país. En lo que atañe al comercio del oro, el histórico peso de Londres como centro de comercio del mismo se ha reforzado en los últimos años gracias a las estrechas relaciones comerciales que le unen a la India y a las cada vez mejores relaciones con China, ya que entre ambos países suman hoy por hoy el 90% de la demanda mundial.

Lejos de desacelerarse, la creciente inestabilidad política y el progresivo incremento en el uso del oro en otros ámbitos, desde cosméticos a componentes electrónicos, auguran un mayor uso de los gobiernos y otras entidades de este metal como valor refugio, un oro que con casi toda seguridad irá a parar a las reservas que oculta el subsuelo londinense.

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

Deja tu comentario