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9 curiosidades sobre el British Museum

9 curiosidades del British Museum
Claudio Divizia / Shutterstock.com
Con más de dos siglos de historia, el Museo Británico se ha convertido en una de las instituciones más representativas y emblemáticas no tan sólo de Londres sino de todo Reino Unido.
Visita obligada para turistas y locales, hoy desde El Ibérico os traemos una lista de curiosidades sobre el mismo:

1. Algunos números

El Museo Británico dispone de una colección superior a los 7 millones de objetos, de los cuales tan sólo una mínima parte están expuestos. En el año 2015 cedió cerca de 5.000 a otras instituciones, convirtiéndolo en el mayor prestador del mundo. En los últimos años el número de visitantes anuales ha oscilado en el entorno de los 8 millones, haciéndolo uno de los monumentos más populares y visitados de la capital británica. A pesar de que uno puede pasar días enteros para ver todas sus salas, desde el mismo se recomienda emplear un mínimo de 2 horas para que la visita sea de cierto provecho. Y una de las cosas más impresionantes está justo al acceder al mismo, con su gran sala cubierta de 3.312 paneles de cristal cuya completa limpieza supone 2 semanas de trabajo.

2. Sus orígenes

El Museo Británico no siempre estuvo en su actual ubicación. De hecho, su primera sede fue la Casa Montagu, una mansión del siglo XVI situada en Bloomsbury. El origen del mismo puede situarse en la colección privada del médico y naturalista Sir Hans Sloane, que tras su muerte donó su colección al Estado Británico. Ésta incluía cerca de 40.000 libros, 7.000 manuscritos, cuadros y antigüedades de Egipto, Grecia o Roma. Todo ello fue completado con piezas de otros autores como los anticuarios Robert Harley o Robert Cotton y la casa donde todas estas obras fueron expuestas fue comprada por 20.000 euros que procedían de la recaudación de una lotería organizada por el Parlamento Británico.

3. Su propia estación de metro

El Museo Británico se encuentra en una ubicación muy céntrica, y son varias las líneas de autobuses con paradas en sus proximidades, así como varias las líneas de metro con paradas cercanas, siendo Holborn la más próxima. No obstante, hubo un tiempo en que uno no tenía que caminar las 100 yardas que hoy por hoy separan dicha estación del museo.
En 1898 se comenzó a trabajar en la construcción de la que sería la estación del Museo, que fue inaugurada dos años más tarde. Durante más de tres décadas, esta institución gozó de su propia parada, desde la cual se podía acceder directamente a la misma. Razones organizativas forzaron su cierre en septiembre de 1933, justo cuando la mencionada estación de Holborn comenzó a estar operativa.

4. Protegido por el gato Mike

Durante su historia hay miles de guardias de seguridad que han custodiado las pertenencias del museo. Pero quizás, el más peculiar fue un gato que fue bautizado con el nombre de Mike. Desde 1909 y hasta 1929, este felino se apostaba en la puerta principal a la espera de recibir a los visitantes a la institución. La popularidad del mismo fue tal que cuando éste falleció, tanto el periódico Evening Standard como el Time Magazine publicaron un obituario del mismo.

5. Evacuado durante la II Guerra Mundial

No se puede decir que los gestores del Museo Británico no sean personas previsoras, ya que en una fecha tan temprana como 1933 comenzaron a trasladar obras del mismo a otras partes, quizás ya previendo que el comienzo de una nueva guerra era tan sólo cuestión de tiempo.
En 1938 se comenzó a construir un búnker antibombas en las afueras de la ciudad y el 23 de agosto de 1939, antes incluso de que Reino Unido entrara en guerra, el Home Office dio órdenes de evacuarlo. El traslado de ciertas esculturas era tremendamente complicado por sus dimensiones y peso, así que éstas se almacenaron en la estación de Aldwych.
Sin embargo, al igual que el resto de la ciudad, el museo sufrió daños durante los bombardeos alemanes de los primeros meses. En uno de estos, cerca de 250.000 libros se perdieron, no tan sólo por el fuego provocado por las bombas arrojadas y por el impacto directo de las mismas, sino también por las labores de los bomberos que, en su intento de apagar las llamas, dañaron irreversiblemente obras de gran valor histórico.

6. El museo en el mundo del cine

Se podría decir que el British Museum ha tenido un papel más que relevante en el mundo del cine y la televisión, constituyendo un escenario recurrente. La primera película de entidad que fue rodada en ese fue The Wakefield Cause, en una fecha tan temprana como 1921. El mismo Alfred Hitchcock no tardaría en recurrir a éste, con su película Blackmail, en 1929. Más reciente en el tiempo es la tercera parte de la película Noche en el Museo, con el actor Ben Stiller como protagonista.
Se calcula que casi 50 compañías acuden anualmente al museo para grabar algún plano, ya sea para películas, series, video musicales o documentales. Razones operativas hacen muy complicado el rodaje diurno, con lo cual para escenas en las que se requiere contar con planos muy amplios las grabaciones se efectúan siempre de noche.

7. Banksy tuvo una exposición no oficial

Cualquier aficionado al artista urbano Banksy sabrá de su extraña costumbre de colgar trabajos suyos en sitios insospechados. Y como no, el Museo Británico fue precisamente uno de esos lugares donde él mismo actuó.
En mayo de 2005, Banksy colgó una de sus obras dentro del museo. Consistía en una especie de pintura prehistórica con un hombre que empujaba un carrito de compra, bajo el cual estaba escrito “early man venturing towards the out-of-town hunting grounds”, algo que se podría traducir como “primer hombre que se aventuró a los campos de caza fuera de la ciudad”. La obra pasó inadvertida por dos días, y fue retirada por orden de los gestores del museo sin saber muy bien cuál es en la actualidad su paradero.

8. La resurrección del caracol

Como si de un milagro se tratara, se puede decir que dentro de las paredes del Museo Británico tuvo lugar una auténtica “resurrección”. En 1846, cuando la colección de historia natural aún estaba localizada en Bloomsbury, se cedió al museo un simple caracol que fue colocado junto a la colección de Grecia y Egipto.
Durante 4 años permaneció allí sin más, hasta que un día un naturista que estaba allí pudo ver como el caracol estaba segregando una especie de mucosa. Rápidamente se sacó al mismo del lugar donde estaba expuesto, y se le colocó junto a otro de su especie donde fue alimentado. El caracol fue mantenido en el museo para ser estudiado hasta 1852, cuando éste, esta vez de forma definitiva, falleció.

9. El “Secretum”

Como pasaba en los antiguos videoclubs, que mantenían a los videos de contenido erótico y pornográfico en una cabina aparte, en su día el Museo Británico tuvo un espacio de “objetos obscenos”, donde se llegaron a almacenar hasta 200 objetos que se consideraban licenciosos. Este espacio era conocido por todos con el sobrenombre del “Secretum”, y su acceso estaba permitido tan sólo a caballeros mayores de edad que debían solicitar un permiso especial, el cual era concedido tan sólo cuando la persona pudiera demostrar ser firme y moral.
No es necesario decir que hoy en día ese espacio ya no existe, pero eso no significa que los objetos que lo integraban hayan desaparecido. La mayoría siguen en el museo aunque dispersos por el mismo, y básicamente son aquellas piezas que contemplan desnudos o alguna postura sexual.

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