Albert Espinosa: `Ganar la batalla al cáncer me enseñó a perder el miedo a la muerte´

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El escritor Albert Espinosa, autor de `El mundo amarillo´ / David Ruano.

El escritor Albert Espinosa, autor de `El mundo amarillo´ / David Ruano.

Entrevista a Albert Espinosa/ Autor de El mundo amarillo

Le diagnosticaron cáncer con 13 años y ha vivido 10 en un hospital hasta que ganó el pulso a la enfermedad. Durante todo ese tiempo, Albert Espinosa aprendió “que el dolor no existe” o que “la muerte da vida”. Lecciones que ha escrito en El mundo amarillo. Quedamos con él en un céntrico hotel de Londres, donde promociona la versión en inglés de su libro. En el hospital hizo un pacto con sus amigos: cuando uno moría, los demás se repartían su vida. Ahora, Albert vive 4,7 vidas.

¿Cómo se lleva tal responsabilidad?

Parte del pacto era vivir los sueños, deseos y anhelos. Sabíamos que nuestras posibilidades de vivir eran pocas, entonces por si morías, hacías tu lista de cosas que te gustaría que alguien hiciera por ti. Y en el libro pude escribir “Pomelo” porque había uno de los chavales que decía que si alguien escribía un libro, pusiera esa palabra porque le gustaban mucho los pomelos. Es un orgullo y una responsabilidad. Es importante nunca olvidarlos. Teníamos una teoría en el hospital: cuando moría alguien, despistaba al cáncer; lo tenía entretenido y se podían salvar dos o tres. Estoy vivo porque hubo gente que despistó al cáncer por mí.

¿Sentiste su energía a la hora de escribir este libro?

Para mí el sentido del libro era explicar esa historia y hablar en positivo. No es un libro sobre el cáncer, sino sobre las enseñanzas del cáncer. Para mí ha sido brutal escribirlo por lo que ha pasado luego. Han aumentado un 40 por ciento las visitas a los hospitales. Nuestro grito de guerra era: “¡No somos cojos, somos cojonudos!”. Esa fuerza está en la novela.

¿Cuál es el mayor aprendizaje de haberle ganado la batalla al cáncer?

Haberle perdido el miedo a la muerte. Y también, muy importante, que las pérdidas se convierten en ganancias.

¿Qué ganaste cuando perdiste una pierna a los 14 años?

Perdí una pierna, pero gané un muñón. Tengo un muñón muy bonito. Y, sí, perdí un pulmón. Pero descubrí que hay cosas que se pueden hacer con la mitad de lo que tienes. Y el hígado me lo cortaron en forma de estrella y siempre digo que tengo un sheriff dentro. Tener una estrella dentro también es un lujo. Todo tiene una ganancia si haces el duelo, si tomas el tiempo de estar triste y de entenderlo.

“Para mí ha sido brutal escribir El Mundo Amarillo por lo que ha pasado luego. Han aumentado un 40 por ciento las visitas a los hospitales”

¿Confías mucho en el optimismo?

¡Sí! Yo tendría que estar muerto y estoy vivo, como para no hacerlo… Tengo la sensación de vivir tiempo extra. Con lo cual, si mañana me atropella un coche o si el avión se estrella, me da igual. Forma parte de haber vivido casi 23 años más de lo que se esperaba. Tu fin personal aporta mucha vida. Y el fin de mis amigos me aportó a mí. No pienso que llegue más allá de los 45. Me parece haber vivido mucho. Hay una frase que decía un hombre en el hospital: “No es triste morir, lo triste es no vivir intensamente”.

Ahora hay quien no disfruta mucho de la vida con la crisis que tenemos encima…

Creo que todos en España conocemos a alguien que está mal o que ha perdido el trabajo. Pero descubres quiénes son los que te quieren y te apoyan, tanto económicamente como con caricias, con abrazos. Descubres quién vale la pena. Y eso no lo descubres cuando estás bien, sino cuando estás mal. Hay una frase que me encanta: “Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas”. Pero creo que siempre hay respuestas aunque las preguntas sean difíciles.

Alguna vez has dicho que te gustaría morir un viernes. ¿Y eso por qué?

Porque es el día más feliz de la semana. Es el día de los estrenos de cine. A mí me encanta el cine y es un día bonito. La gente está contenta porque llega el fin de semana. Pero puede ser que de aquí a unos años te diga que me gustaría morir un domingo porque hay algo que me entusiasma. Pero ahora creo que si me muero un viernes la gente dirá: “¡Qué suertudo, ha muerto un viernes!”.

“Hay una frase que me encanta: Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas.”

El vaso siempre medio lleno…

Sí. El otro día estaba en La Coruña y estaba muy malo. Y pensé que a lo mejor me moría en ese hotel. Molaba mucho porque iba a ser una conferencia titulada, “En busca de la felicidad”. Y habría tenido un titular precioso: “Murió antes de buscar la felicidad”.

Alguien podría decir que es un poco macabro...

La gente cree que es macabro porque tiene la sensación de que vivirá eternamente. Morir es algo que haremos. Algún día tú morirás, espero que tarde, pero no lo hablaremos. Y cuando mueras, nadie sabrá qué sentías respecto a algo que te va a pasar. Pero morir forma parte del círculo vital. Creo que te puedes sentir mejor cuando hablas. Lo hacíamos en el hospital. Está bien tener esa sensación de ser muy vitalista, pero no tenerle miedo.

No irás desencaminado en tu mensaje cuando el libro arrasa. ¿Cuál es la clave del éxito?

No lo sé. Tiene algo. Supongo que es porque me apasiona, es mi vida de pequeño y nunca dejaré de contarlo. Para mí, es mi gol de Koeman de Wembley; no creo que Koeman deje de explicar nunca ese gol. Toda la gente que me ayudó fue mítica para superar los cánceres. Fue muy doloroso y a la vez muy emocionante, muy bonito y lleno de felicidad. Si hubiera diez mil personas que hablaran de cáncer en positivo, me retiraría. Todavía noto que me es necesario hablar, porque creo que ayudas mucho a los niños en el hospital.

¿Eres un héroe?

No, para mí los héroes son las personas que conocí en el hospital. La gente que perdió el tiempo educando a un chaval de 14 años. Me gusta escribir y puedo explicar lo que viví. Y eso es brutal.

Sobre el autor

El Ibérico Gratuito es el único periódico quincenal escrito en español para la comunidad española e hispanoparlantes de Londres.

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