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Algo se muere en el alma, cuando una abuela se va…

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geralt. /. Pixabay.

La abuela es como una estrella, cuando se van al cielo ya no las vemos más, pero sabemos que siempre están ahí, guiándonos en nuestras vidas.

¿Cuántas risas? ¿Cuántas riñas? ¿Cuántos zapatazos? ¿Cuántas ilusiones? ¿Cuántos momentos vividos? ¿Cuántos, mi querida abuela? ¿Cuánta entrega? ¿Cuánto amor traducido en besos y abrazos? ¿Cuántos momentos vividos? ¿Cuántas horas pasamos buscando caracoles? ¿Cuántos momentos pasamos haciendo jardinería, plantando, regando, hablando y cantándoles a las plantas? ¿Cuántos secretos te has llevado contigo,, cuántos?, ¿y cuántos se quedan conmigo hasta el día en que volvamos a encontrarnos?

La abuela, la contadora de historias

¿Cuántas historias de la guerra civil he tenido la oportunidad de escuchar? ¿Cuántas recetas de cocina he aprendido a realizar? ¿Cuántas corridas de toros hemos compartido? ¿Cuánto camino hemos recorrido? ¿Cuántos paseos hemos dado? ¿Cuántas meriendas hemos compartido? ¿Cuántas horas de costura de niña pasé contigo? ¿Cuántas historias he aprendido?, pero lo más importante de todo, abuela, son tus lecciones de la vida que he seguido.

Durante estos últimos quince años que llevo viviendo en Londres, a través de la distancia, supimos siempre mantener nuestra maravillosa relación, y eso confirma mi teoría de que la distancia nunca causa olvido si uno no quiere y el amor nunca muere mientras lata el corazón al son de la música, en este caso, acompañado de una canción del cubano Antonio Machín, el ídolo de mi abuela, que cantaba «Dos gardenias para ti, con ellas quiero decir, te quiero, te adoro, mi vida». ¿Cuántas veces canté ésta y otras muchas canciones contigo?

La abuela, una segunda madre

Escribo, con mi alma repleta de dolor y mis ojos inundados de llanto. Desde el día que te fuiste al cielo, abuela, no paro de buscar la forma de poder escuchar tu voz, sentir tu tacto, tu olor… No hay día que no te recuerde, pues fuiste mi refugio para ese amor de segunda mamá, la persona que siempre me aceptó por quien yo era, con todas mis virtudes y defectos, aunque tú nunca vieras ninguno. ¿Quién sino una abuela puede solamente ver las virtudes de uno? ¡Quién tiene una abuela, tiene un tesoro! Mi corazón derrama lágrimas por tu ausencia.

Y ese dolor atormenta día y noche mi existencia. Sin embargo, siempre encuentro algún punto de referencia cómo recordarte, y por eso, abuela, nunca en la vida podré olvidarte.

Una dedicatoria a mi abuela

Este artículo se lo dedico a mi yaya y a todas las abuelas y abuelos del mundo que han marcado nuestra existencia con ese amor incondicional que nos han dado y esas maravillosas y únicas experiencias que nos han guiado en nuestro camino y que nos siguen guiando cada día de nuestras vidas.

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