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Balletboyz, el cuerpo humano hecho arte

El pasado 31 de julio se presentó un previo de la obra de ballet de la compañía Balletboyz, Young Men, en el Roundhouse. La obra completa podrá verse a partir del mes de enero. La función comienza con un vídeo, el público cómodo en sus asientos esperando el momento en el que los bailarines de Balletboyz llenen el escenario con sus movimientos. Suena la música, la Orquesta de la BBC está detrás dispuesta a hacer vibrar a los espectadores con sus acordes. Lloran los violines, las violas les acompañan y la percusión marca el ritmo. Los danzarines en las tablas, llevando el compás, deslizándose por el escenario sin barreras, sin obstáculos. Se acarician, se levantan entre ellos, tocan el cielo y el público con ellos. Parecen desnudos y las luces, obra de Michael Hulls, son sus aliadas, los espectadores estremecen.

La conexión entre ellos, los movimientos de sus escultóricos cuerpos paralizan al público, nadie se mueve, apenas respiran, solo se emborrachan del cuerpo humano, hecho arte bajo el hechizo de la música de Max Ritchter. Ellos representan a los soldados en la guerra, cuando lloran por la pérdida de un compañero, de un amigo y por la desolación de la muerte. Batallas perdidas para todos antes de empezarlas. Movimientos dulces para situaciones agrias.

“Serpent”, es el nombre que recibe el movimiento, el primero de otros tres. Coreografiado por Liam Scarlet representan un flujo más suave, danzas más agradables y sedosas. Sus articulaciones parecen caerse, impotentes ante la gravedad. Ellos afables, sudorosos deslizándose por el escenario y haciendo temblar a los allí presentes. Se apaga la luz, la oscuridad lo rebosa todo, menos el sonido, inundado éste por los aplausos del público.

BalletBoyz the Talent 2013 Flavien Esmieu carries Andrea Carrucciu in Liam Scarlett’s ‘Serpent’. / Panos

Segundo movimiento, “Young Men” y la hora de la verdad para el coreógrafo español Iván Pérez. Los bailarines, esta vez vestidos, aparecen poco a poco ante los ojos atentos de la audiencia. Los movimientos son más secos, como cuchillos, pero en la vida las cosas que realmente merecen la pena siempre se siente como un cuchillo. ¡Chas! Y se nota la violencia de la Guerra. Aún inspirado en la Primera Guerra Mundial y conmemorando su centenario, podría ser cualquiera, incluso, ahora, Gaza. No se sienten los misiles, se siente el odio entre hermanos, la violencia por la desigualdad, la defensa de un castillo de arena, la muerte.

Balletboyz, la guerra danzada a partir de enero

Es el momento esperado por todos, el preludio de lo que pasará en enero, de lo nuevo, de transmitir lo aprendido y que los que están en las butacas sientan el mismo dolor, toquen las cicatrices y se muevan con ellos al son, esta vez, de la música de Keaton Henson. Las sombras y claros se alían con los bailarines que se esconden en trincheras. Oscuridad y aplausos. La ovación del público atraviesa los tímpanos, Pérez se pasea por el cielo de la gloria. Las alabanzas le hacen subir al escenario. El español ha triunfado.

Intermedio para el final, aires de fin. La BBC desaparece de su anonimato, se levanta el telón. Otro vestuario, nuevas notas, ésta vez de Armand Amar, que Keith Lockhart dirige con su batuta. Los asistentes a la Roundhouse sienten la fuerza de los bailarines, ahora más acompasados y juntos. Todos llevando el peso de la guerra, la muerte de los compañeros y el dolor de la pérdida. Acaba. Todos en el suelo, en una guerra pierden todos, hasta la esperanza. Oscuridad. Los aplausos del público lo dicen todo.

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