Billete de ida para la generación más preparada

Harvard, Oregon o Michigan son algunas de las universidades que acaban acogiendo a los jóvenes españoles más cualificados. La que para muchos es la generación más preparada, se ve obligada a continuar sus investigaciones en otros países, ya que los recortes del gobierno en I+D+I les dejan sin los recursos suficientes para llevar a cabo sus trabajos. Lo mismo sucede con los recién licenciados y graduados, que ante una tasa de paro juvenil superior al 50%, pronto se despiden de España en busca de mercados laborales más dinámicos como el británico.

Con demasiada frecuencia conocemos por los medios de comunicación casos muy ilustrativos de lo que apodamos coloquialmente como ‘fuga de cerebros’. A principios del mes de agosto, sin ir más lejos, supimos que Leticia Díaz, estudiante de posposgrado en la Universidad de Jaén, había sido fichada por la Universidad de Harvard tras llevar año y medio trabajando sin financiación española en una investigación sobre los genes implicados en el autismo.

Lo mismo sucedía hace año y medio con Nuria Martí, una de las jóvenes valencianas que fueron despedidas tras el ERE del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia. La Universidad de Oregon terminó dándole cobijo para ser ahora la única investigadora española en un estudio en el que, por primera vez, se detalla la obtención de células madre humanas por clonación.

La historia vuelve a repetirse con Saúl Beceiro, físico gallego con un premio extraordinario Fin de Carrrera de la Xunta y doctorado en astrofísica nuclear experimental. Recientemente cruzó el charco para seguir trabajando con núcleos y partículas desde la universidad de Michigan.

En el caso que nos ocupa -el Reino Unido- esta situación todavía es más palpable, ya que es uno de los destinos más demandados para proseguir las carreras truncadas en España. Entonces es cuando aparece la Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido (SRUK/CERU). Esta red permite el intercambio de experiencias personales y profesionales, de opiniones sobre temas de actualidad y de información sobre convocatorias de proyectos y subvenciones para la investigación. Lorenzo Melchor es su presidente. En su opinión, España vive un momento clave para definir el modelo económico en el que quiere basar su próxima etapa de crecimiento: «debemos buscar un modelo que produzca beneficios duraderos y a largo plazo, un modelo menos sensible a las coyunturas económicas», en ese cambio de modelo «la inversión en I+D+I debe ser una prioridad». Actualmente, el presupuesto dedicado a I+D+I en España es el 1.39% del PIB, cantidad insuficiente para Lorenzo ya que en su opinión «para que España crezca debe cumplir con lo propuesto en el marco Horizonte 2020 -una inversión superior al 2%-«.

Reino Unido, el principal destino

Entre los países de destino, y teniendo solo en cuenta a la población de nacionalidad española, Reino Unido se erige como el principal destino. Entre 2008 y 2012 -siguiendo datos del INE- hasta 27.034 españoles han comenzado su aventura en el Reino Unido y la cifra podría ser infinitamente mayor teniendo en cuenta a la gente que llega en periodos muy concretos y escapan a estos registros. De esta forma, son más de 74.000 los españoles que residen en las islas británicas, según el Portal de la Ciudadanía Española en el Exterior del Gobierno de España. Esta situación se respira en las calles de Londres, donde no hay esquina donde no se pueda percibir el acento característico de alguna región española.

Investigadores, licenciados, graduados y profesionales de distintos ámbitos se marchan cada día con el nombre del Reino Unido entre ceja y ceja. Este es el retrato de algunas de esas historias de superación frente a la adversidad, de los más de 35.000 españoles que residen ya en Londres –según los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadística del Reino unido-.

Daniel Bellido García. Alicantino de 26 años. Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Alicante

«El modelo español de los últimos 30 años está acabado. La situación es asfixiante para el ciudadano medio, que ve como pierde derechos diariamente y paga los platos rotos de dirigentes corruptos»

«Al acabar mis estudios me vi abocado a, en caso de encontrar algo relacionado con lo mío, ser contratado en periodo de prácticas y cobrando muy poco. Eso si tenía suerte. Decidí irme junto a otros españoles a probar suerte aquí», explica indignado a este periódico. Antes de salir de España, Daniel trabajó en periodo de prácticas en la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Ahora este alicantino se queja de la situación del sistema bancario nacional: «Trabajé en un banco que ya ni existe. Salpicado por la corrupción y las preferentes, la CAM fue engullida por el Banco Sabadell». «Creo que ya está todo dicho sobre la banca española», se queja. Para él, su sector aprovechó los momentos de bonanza para «firmar contratos dudosos» ayudados por una sociedad que «confiaba demasiado en los bancos». Todo esto formó la «burbuja de la especulación que nos ha llevado al punto en el que nos encontramos».

Daniel vive en una zona humilde del barrio de Tottenham. Trabaja en turno nocturno en The Hippodrome Casino, en pleno centro de Londres, al que llega tras estar una hora pedaleando sobre su bicicleta para cubrir los 15 km de distancia. Él, concretamente, apoya al barman en la barra para que no le falte nunca de nada. A las 6 de la mañana, y tras un buen desayuno en el cuerpo, Daniel está listo para coger de nuevo su bici -esta vez con las piernas más cansadas- y recorrer, sin apenas tráfico, la distaría que le separa de su casa. «Es uno de los mejores momentos del día sin duda. Es un autentico placer pedalear a solas en ésta urbe que rebosa vida», reconoce el alicantino.

Desde la lejanía Daniel ve a España con una mezcla de sentimientos entre la «lástima, la indignación y la vergüenza». «Vivimos en un país donde robar para comer sale mas caro que embolsarse dinero publico desde la confianza que deposita el pueblo» lamenta indignado. «Es complicado cuando te crías en multitud de comodidades, asumir que la etapa de bonanza ha acabado. Es difícil aceptar ese paso atrás, y creo que puede ser un buen toque de humildad para todos, y una oportunidad de oro para aprender a valorar todo lo que se daba por hecho», comenta en un intento de extraer algo positivo a esta situación.

Pablo Rasco Julbes. Gaditano de 29 años. Licenciado en arquitectura por la Universidad de Sevilla

«Llega un momento que no puedes seguir formándote y haciendo cursos y más cursos. Lo único que necesitas es trabajar».

Antes de llegar a Reino Unido Pablo estuvo trabajando en prácticas en un estudio de arquitectura de Cádiz. Poco a poco observó como la actividad iba bajando en su trabajo. «No salían proyectos importantes y veía que ahí no tenía futuro», recuerda. Finalmente, Pablo recibió un consejo de su jefe que le hizo pensar en mirar más allá de España: «Pablo aquí no hay nada ahora mismo. Lo mejor es que pruebes en el extranjero o sigas formándote aquí», le dijo.

Este gaditano viene de uno de los sectores más castigados por la actual crisis económica, el sector de la construcción, cuya actividad actual este gaditano califica como «nula», lamentando además que el poco trabajo que hay este «fuera del alcance de los jóvenes». Además, echando la vista atrás, recuerda que él llegó a Londres sólo y que muchos de sus compañeros de universidad o conocidos en su profesión, han ido uniéndose a él a lo largo de este año: «Eso es significativo de que las cosas solo van a peor».

El arquitecto lleva un año en Londres y hasta hace poco trabajaba en un pub tratando con ello de perfeccionar el idioma. Ahora, Pablo está decidido a encontrar un trabajo de lo suyo, aunque reconoce que siempre percibe su vida en Londres como «una etapa temporal» y aventura la dificultad de tener que regresar a España y «volver a empezar de cero». Sí está convencido de que al regresar habrá crecido en todos los aspectos y, en relación a esta idea, compara la emigración actual con la de la generación de sus abuelos: «Esa generación que emigró a Europa fue la que después acabó levantando al país. Yo espero que pase lo mismo con mi generación».

Lluís Mitjavila Subirachs. Barcelonés de 23 años. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Internacional de Cataluña

«En España hay una crisis de valores importante y falta más cultura del esfuerzo. Muchos quieren trabajar lo mínimo y ganar mucho dinero. Pienso que estando aquí estoy aprovechando más el tiempo que quedándome en el sofá de mi casa esperando que la situación económica cambie».

Este catalán aterrizó en junio al poco de terminar la carrera. Él veía como todos sus amigos que ya habían terminado ADE no encontraban nada, así que, antes de quedarse parado, decidió buscar oportunidades en Reino Unido. «Este es el momento de irse que soy joven», dice totalmente convencido.

En referencia a su carrera en España considera que «solo entra en empresas aquel que ha ido a una buena universidad y conoce varios idiomas». Fuera de esto sí pueden haber «trabajitos» pero «ganando muy poco». Por esta razón Lluís quiere volver a España con un buen inglés que le abra las puertas a una importante compañía.

«Es triste ver como gente tan bien preparada tiene que subsistir del sueldo de sus padres o de las pensiones de sus abuelos» opina de la situación de su país. «A España le falta un eslabón. Tenemos cosas muy buenas pero nos falta algo, que no se muy bien que es, para dar ese salto que nos ayude a salir de la crisis».

Lluís quiso restar peso a la coyuntura actual recordando que vivimos en un mundo globalizado y que debemos estar preparados para salir fuera y trabajar en cualquier lugar del mundo. «Un día puedes estar en Londres y al siguiente estar trabajando en Nueva York. Los jóvenes españoles vamos a aprender a ser más dinámicos, y ser capaces de adaptarnos a cualquier situación adversa», sostenía este joven bajo una mirada convincente. «Siempre es positivo trabajar de cualquier cosa, aunque sea fregando platos. Así valoras lo que cuesta ganar el dinero, ya que somos una generación que lo ha tenido todo», reflexionaba para terminar.

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