Portada | Escaparate | Viajes | Bratislava, la gran desconocida del centro de Europa

Bratislava, la gran desconocida del centro de Europa

Calle emblemática del centro de Bratislava.Ni en el este ni el oeste, ni en el norte ni en el sur, Bratislava, la capital de ese desconocido país que es Eslovaquia –no confundirlo con Eslovenia- se encuentra en un punto estratégico de Europa. Esta histórica capital bañada por el Danubio no es especialmente bonita, ni destaca por poseer espectaculares edificios. Pero eso sí, Bratislava es una ciudad que ha progresado mucho desde la caída del comunismo y que ha sabido combinar su progresiva modernización con el respeto al encanto de su histórico casco viejo. ‘Belleza en el Danubio’, como también conocen a esta diferente urbe, destaca por su tranquilidad y por vivir alejada de los cánones de las ciudades más turísticas. Una capital donde descansar, reencontrarse con la historia y sentirse especial por la calidez que brindan sus habitantes hacia los pocos turistas que la visitan.

La vida de la capital eslovaca discurre muy próxima a la frontera con tres de sus países vecinos. Por un lado Austria -se puede ir caminando del centro de Bratislava a la frontera con este país-; por otro Hungría, a 16 km; y por último República Checa, a poco más de una hora en coche. Además, esta desconocida capital centroeuropea está situada a tan solo 62 km de Viena; a 2 horas y media de Budapest y a 3 horas y media de Praga, siendo, a veces, punto de cortas visitas de todos aquellos que se deciden por conocer estos rincones del corazón de Europa.

Es cierto que Bratislava es muy distinta a su inmediata vecina Viena. Con algo más de 500.000 habitantes, la capital eslovaca es una capital en transición y crecimiento. En sus calles todavía pesan los estragos de su etapa comunista, con edificios y mobiliario urbano en bastante mal estado que, impasibles ante el paso del tiempo, esperan recuperar la belleza que algún día tuvieron. Sí se respira en el ambiente un importante apego a la cultura, al teatro y a la lectura, brillantes cualidades heredadas de una época donde se buscaba el entretenimiento para escapar de las penurias de la cruda realidad.

Historia en El Danubio
Lo primero que le llama la atención al visitante es el Castillo de Bratislava. En lo alto de un altiplano rocoso de unos 80 metros, y dominando imponente a la ciudad y al rio Danubio, este castillo originario del siglo X y reconstruido en numerosas ocasiones, es el símbolo por excelencia de la ciudad -visible desde cualquier punto-. Desde el castillo se pueden disfrutar de unas vistas imponentes del rio Danubio (Dunaj en eslovaco) y de la capital, tanto del casco antiguo como de la ciudad moderna –ubicada al otro lado del impactante rio-. Además, en los días claros, es posible divisar la ciudad de Viena y muchos de los frondosos y verdes parques eslovacos, ofreciendo unas visión privilegiada para los numerosos amantes de la fotografía que allí se dan cita cada día. El castillo ha sido recientemente restaurado, dividiendo a los habitantes de la ciudad, ya que muchos consideran que con la rehabilitación ha perdido todo su encanto. Hoy en día alberga el Museo Nacional Eslovaco y la residencia oficial del Presidente de la República Eslovaca.

Desde la fortaleza, y descendiendo a través de la muralla del castillo, pondremos pie en el casco viejo topándonos pronto con la Catedral de San Martín. Este solemne tempo fue construido en el siglo XV en estilo gótico, aunque poco queda ya a la vista ante las numerosas reformas, especialmente la neogótica, que sufrió a lo largo de sus años. Su torre campanario alcanza los 85 metros de altura, situándose el punto más alto a un nivel parejo con el Castillo de Bratislava.

La pictórica iglesia azul de Bratislava.Siguiendo en el centro deberemos visitar la Puerta de Miguel, el Palacio de Grassalkovich –residencia oficial del presidente de la república-, la Iglesia Azul, el Teatro Nacional Eslovaco o el antiguo ayuntamiento, que data del siglo XIII.

Situándonos en la época más reciente, la etapa comunista, hay un símbolo que destaca por encima de todos, el famoso Puente Nuevo (Novy Most en eslovaco), con su inconfundible Mirador UFO (Ovni en Inglés). En los años sesenta se decidió hacer pasar por el mismo centro histórico de Bratislava las grandes autopistas procedentes de Viena y Budapest. Esto motivó la demolición de todo un antiguo barrio que se hallaba junto a la Catedral de San Martín y la construcción de un puente que se convertiría, junto al castillo de Bratislava, en icono de la ciudad. En lo alto del puente, dentro del mirador con forma de platillo volante, disfrutaremos de uno de los mejores restaurantes del país con una impresionante vista de 360 grados de la ciudad. El precio por comensal ronda unos más que razonables 15 euros. Esta es sin duda una de las visitas ineludibles de Bratislava, especialmente de noche, ya que resulta más acogedor observar la ciudad y el castillo totalmente iluminado.

Pasado el Puente Nuevo y en la orilla sur del Danubio recalaremos en el famoso barrio de Petrzalka, con sus enormes construcciones de bloques de viviendas al más puro estilo comunista. El barrio atrajo durante la época socialista a numerosas personas que llegaban a la capital en busca de oportunidades. En él más de 150.000 personas, la mayoría en los famosos paneláks, bloques de viviendas asequibles, construidos con diseños uniformes por la URSS, para reducir así costes. En la actualidad, muchos de estos bloques están siendo reformados y pintados con colores llamativos, para esconder de esta forma su escaso o nulo atractivo.

Volviendo al casco viejo observaremos, entre un tráfico incesante de tranvías y trolebuses, cómo unos simpáticos personajes atienden el día a día de la ciudad. Hablamos de las sorprendentes estatuas de Bratislava. La más popular, y foto obligada para el turista es la de Čumil, el sonriente obrero que asoma la cabeza por una alcantarilla. Se dice que fue un conocido ciudadano que se hizo famoso en toda la ciudad porque siempre almorzaba asomado por una alcantarilla, interactuando con la gente e incluso lanzando alguna mirada furtiva por debajo de las faldas de las señoras.

Otro personaje que nos saluda es Ignaz, que levanta su sombrero de copa a las señoras de copa. Está estatua recuerda a otro personaje real que vivió en la ciudad a principios del siglo XX. Se dice que era un mendigo que vestía un traje impecable y acostumbraba a regalar flores y saludar cortésmente a las mujeres eslovacas.

También, entre otras muchas más, podemos ver la estatua de un paparazzi, que asomado tras una esquina intenta fotografiar a las personalidades que entran y salen del conocido bar «paparazzi», o un soldado francés apoyado sobre un banco, que nos recuerda a los tiempos en los que el país fue ocupado por Napoleón.

En definitiva, Bratislava -a la que se puede llegar por un módico precio desde el aeropuerto de Stansted- es una ciudad que tiene mucho que ofrecer en cada rincón. Pese a que los propios eslovacos reconocen que es habitual el «hospedarse en Bratislava para visitar Viena», poco a poco se observa como la ciudad prospera y atrae más turistas y trabajadores extranjeros. El país crece relativamente ajeno a la actual crisis económica. Además, son muchas las multinacionales que han apostado por ubicar su centro de operaciones en esta ciudad, que goza de una fiscalidad asequible, mano de obra más barata y cualificada y una envidiable cercanía a relevantes puntos de negocio europeos.

El Castillo de Bratislava, el icono de la capital eslovaca.Así, unida a esa prosperidad, la ciudad esta viendo rehabilitados muchos de sus edificios, recuperando el atractivo innegable de una ciudad que, no debemos olvidar, llegó a ser capital del Imperio Austrohúngaro.

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio