Brighton, mucho más que un destino de sol y playa

El Royal Pavilion con su exótica arquitectura es uno de los grandes atractivos de Brighton

No falla, en cuanto el sol luce y el calor aprieta, los londinenses cogen el bañador y todo su equipamiento playero para escaparse a Brighton. En tren desde London Bridge apenas se tarda una hora así que si añoras el mar, te sabe a poco contemplar las aguas del Támesis y no dispones de mucho tiempo libre, lo más cómodo y rápido es visitar esta ciudad.

 

En la costa sur de Inglaterra, Brighton goza de un tiempo envidiable en comparación a otras poblaciones del país. En verano las temperaturas pueden alcanzar allí hasta casi los 40 grados. El buen clima y su litoral es lo que han hecho que esta ciudad, que empezó siendo un pequeño pueblo costero, se convirtiera desde el siglo XVIII en uno de los destinos turísticos favoritos en Inglaterra.

Quienes vayan allí pensando en disfrutar de un día playero, cabe advertir que la extensa playa de Brighton no es de arena sino de cantos rodados así que mejor olvidarse de dar paseos descalzos por las orillas o tumbarse sobre la toalla. Es mejor optar por sentarse en tumbonas y no quitarse las chancletas. Si uno no es muy friolero, darse un chapuzón en las aguas del Canal de la Mancha a estas alturas del año no es muy arriesgado y eso lo decimos por experiencia propia.

El Brighton Pier

La playa está llena de chiringuitos donde tomarse alguna bebida refrescante y los que estén buscando entretenimiento de verdad lo mejor que pueden hacer es acercase hasta el Brighton Pier, uno de los atractivos turísticos más destacados cuya imagen es una de las estampas típicas de la ciudad. Fue en 1899 cuando se inauguró esta construcción, que albergó durante su historia, entre otras cosas, un auditorio y un teatro. Hoy en día se ha convertido en un auténtico parque de atracciones con montañas rusas y salas de vídeo juegos.

Brigton tiene otro muelle conocido, el West Pier, ahora apenas una estructura ruinosa en medio del mar que se puede observar desde la orilla. Fue construido en 1866 y se cerró en 1975. Dos incendios y los fuertes vientos que azotan constantemente la costa de Brighton acabaron deteriorando completamente este muelle, que ya no es accesible desde la orilla desde que, años atrás, se cayera la pasarela que lo unía a tierra firme. Parece que el estado de abandono en que se encuentra este lugar podría cambiar si sale adelante un ambicioso proyecto de reconstrucción que pretende convertir el West Pier en una importante atracción turística.

Después de un relajante recorrido por la playa con la brisa marina es fácil que se nos abra el apetito así que nada mejor que acercarse a cualquiera de los restaurantes del paseo marítimo donde se puede degustar, especialmente, el típico «fish and chips».

El Royal Pavilion

Irse de Brighton sin visitar el Royal Pavilion es un pecado, así que te recomendamos que reserves por lo menos una hora para conocer esta antigua residencia real que se construyó en el siglo XIX como lugar de descanso para el rey Jorge IV de Inglaterra. El entonces Príncipe Regente se enamoró de Brighton a primera vista e hizo de este edificio su hogar durante sus habituales estancias en la ciudad. Lo que empezó siendo una pequeña granja se fue ampliando hasta convertirse en un palacio de exótica belleza oriental que refleja la extravagante personalidad de Jorge IV. La arquitectura de estilo hindú que podemos apreciar en el exterior se combina con el diseño interior chino, convirtiendo el pabellón en unos de los palacios reales más originales de Europa. El fuego y las tormentas han obligado a restaurar en varias ocasiones algunas parte de este edificio, que durante la Primera Guerra Mundial se llegó a emplear como hospital para los soldados de la India heridos.

Ayudados por audio-guías podemos ir descubriendo las principales estancias del palacio. Llaman mucho la atención los dragones y serpientes que adornan las paredes de la sala de banquetes y la sala de música. Otra de las joyas del Royal Pavilion es la gran cocina dotada de las más modernas tecnologías de aquella época. En los jardines del pabellón podemos relajarnos un rato antes de visitar en el edificio contiguo, el palacio el Museo de Brighton y la Galería de Arte, que albergan, entre otras cosas, una interesante muestra de muebles de «art nouveau» y «art decó».

La playa con el Brighton Pier al fondo North Laine es una de las zonas para ir de compras

De compras

La ciudad es también un paraíso para ir de compras en el que podemos encontrar de todo y para todos los gustos, desde exclusivas boutiques de moda a tiendas de antigüedades. Las grandes marcas están en Churchill Square y Brighton Marina, mientras que los negocios más bohemios y originales están ubicados en The Lanes, North Laine y Hove. Es un placer pasearse por estas callejuelas peatonales llenas de tiendas, puestos de segunda mano, pubs y restaurantes. Allí se respira con fuerza ese aire lleno de vibrante vitalidad que invade toda la ciudad, que nos transmite esa agradable sensación de bienestar que nos producen los largos día de verano a orillas del mar.

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