Carmona, la impetuosidad del ser flamenco

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La luz del teatro se fue atenuando y los espectadores comenzaron a hablar en susurros. Estos se disiparon tras los primeros toques de guitarra que, con los juegos de luces y sombras presentaron los bailarines del Ballet Flamenco de Jesús Carmona, en el teatro Sadler´s Wells de londres el pasado sabado 24 de febrero. Siguiendo con sus pretensiones de mostrar la cultura española a través de sus creaciones, Carmona eligió ‘Asturias’ de Isaac Albéniz y la taranta ‘Alcázar de Cristal’ del guitarrista Rafael Riqueni para abrir el espectáculo de Ímpetus.

Tres Mujeres (Ana Agraz, Águeda García y Marta Gálvez) y dos hombres (Angel Reyes y Cristian García) forman el elenco de la compañía de Jesús Carmona, para los que él, también productor y coreógrafo del espectáculo, les dió un papel relevante y espacio para brillar por sí solos. No lo fue menos, el cantaor Juan José Amador, quién durante la segunda mitad compartió escena y a veces proscenio con los bailarines, así como los guitarristas Daniel Jurado y Oscar Lago, la percusión con Francisco Vega y el violín con Thomas Potirón.

Madurez artística y senbilidad dancística de Carmona y los bailarines que lo acompañan, que enguyen al espectador en cada una de sus limpias piruetas, braceos ondulados y angulares cortes secos o abruptos que hacen de Carmona, un flamenco único y personal. Control corporal, limpieza en los movimientos con los que el elenco recorre el escenario y juega con diagonales, luces, zapateos, cambios de dirección…

Carmona puso en escena elementos tradicionales de la danza española y flamenco, las bailarinas jugaron sus danzas con el mantón y las castañuelas aparecieron en escena creando inigualables acompañamientos. Uno de los momentos a recordar fue el paux de deux hibrido de danza clásica y flamenco. Carmona y la bailarina descalza que mostró su gracia en los jetés, pirrouettes y pasos de escuela bolera, (danza de estilo barroco de gran complejidad técnica) con golpes de punta y tacón or pass de bourree. Carmona refleja así una vez mas todas esas obras y estilos de danza que lo han forjado como bailarín.

Además de la innovacion hay cabida para la puesta en escena del flamenco puro, el bailarín dedica un solo en escena para finalizar Ímpetus, donde todo se convierte en tensión, fuerza, energía , contratiempos y zapateos que levantan al espectador de sus butacas. En la despedida con escenografia similar a la del principio, Carmona danza las ultimas notas en el proscenio mientras que a sus espaldas le siguen el elenco y los músicos.

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