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Centro Miguel de Cervantes: un lugar de reunión para los jubilados españoles

La emigración al Reino Unido por parte de los jóvenes españoles está de moda: la mayoría viene a aprender inglés y a trabajar para sostenerse en esta ciudad, otros buscan nuevas experiencias y algunos guardan la esperanza de llegar a ganarse la vida en la capital británica. Quizá los motivos hayan cambiado pero lo cierto es que muchos otros jóvenes españoles llegaron aquí hace bastante tiempo. Ahora algunos de ellos rondan los 90 años y tienen nietos y familia en España, se sienten españoles, pero tienen mucho cariño a la ciudad que les acogió con los brazos abiertos.

Se reúnen en Camden, pero no para tomar pintas en un pub o irse de tiendas, se van al Centro Social de Mayores «Miguel de Cervantes», donde aprovechan para reencontrarse con gente en su misma situación y comentar viejos tiempos, leer libros o jugar a las cartas. Luís Santamaría, Benjamín Vázquez o el propio presidente del club, José Pedro Pedrero, son algunos de los miembros más antiguos de la asociación, que llegaron en plena Guerra Civil española, en el año 1937, exiliados del país que les vio nacer. «Yo era huérfano y vine porque tenía un tío aquí. Una vez en Londres, me las arreglé para buscar un trabajo y quedarme», comenta Benjamín Vázquez, uno de los llamados «niños vascos», que tuvieron que dejar atrás su tierra y adaptarse a las costumbres británicas.

Las tardes en el Centro Social de Mayores “Miguel de Cervantes” son amenas y sus miembros son muy activos.

En sus comienzos, este centro de reunión de jubilados y pensionistas se situaba en uno de los barrios más emblemáticos de Londres, el de Notting Hill, y más concretamente en la zona de Portobello Road. Respondía al nombre de «Club de Jubilados Españoles en Londres», fue fundado en el año 1978 y por aquel entonces Javier Zubillaga era el director. La idea inicial que impulsó la creación de esta institución era la de reunir a los españoles afincados en Londres, sin importar las creencias políticas o religiosas. Hoy en día se mantiene activo con más de 400 socios y está respaldado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración del Gobierno de España.

María José Sánchez, una de las coordinadoras de la Junta Directiva, explica un poco las actividades y excursiones que se hacen en el centro. «Organizamos visitas culturales una vez al mes, algunas de ellas fuera de Londres. También tenemos excursiones a la playa, por ejemplo, y siempre procuramos buscar cosas que tengan conexión con España». Y es que si de algo se tiene que sentir orgulloso el Centro Social de Mayores «Miguel de Cervantes» es de la gran cantidad de eventos que tienen programados y que ocupan el horario de actividades para el disfrute de los miembros. María José explica los horarios del club: «El Centro abre de martes a sábado. Los miércoles y sábados son los ‘días sociales’ y el resto se reserva para las diferentes actividades».

Por otra parte, entre estos más de 400 socios, se esconden unos cuantos escritores, quienes presumen de escribir o colaborar en diferentes libros. Muchos de ellos escriben en la publicación «La Voz del Jubilado», revista interna del centro en la que plasman sus experiencias, las visitas y excursiones, así como también sus reflexiones y otros acontecimientos en relación con el centro.

Algunos llegaron a casarse con ciudadanos británicos, otros lo hicieron con españoles y la mayoría tiene nietos en el país que les vio nacer. De ahí que las visitas a España sean frecuentes y que el idioma materno sea precisamente el español. Uno de los miembros de la directiva, Pedro Gutiérrez, tiene muy claro cuáles son sus orígenes: «Yo soy español, me siento muy español y siempre me sentiré así. A mí no me hubiese gustado ser emigrante, era muy feliz en España; aquí no me he llegado a integrar del todo». Se trata de una comunidad participativa, en la que cada persona tiene una historia que contar, anécdotas que podrían sumarse a los libros de historia que se estudian en el colegio y vivencias que estremecen los oídos más jóvenes. Son nuestros mayores en un país que no eligieron, pero que les acogió como a sus propios hijos.

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