Portada | Escaparate | Viajes | Cinco lugares extraños de Reino Unido

Londres, Liverpool, Manchester… igual no has visitado todas estas ciudades, pero sin duda habrás escuchado muchas cosas de estos lugares. Hoy vamos a mencionar cinco sitios de Reino Unido, de los que quizás no hayas oído nunca, pero que, como mínimo, te van a resultar un tanto peculiares:

1. Isla de Sark

Isla de Sark/ Phillip Capper

¿Has visitado alguna vez una feria medieval? Tienen gracia, con los vestidos de época y canciones tradicionales. Además, los británicos son muy prolíficos en la organización de eventos de esta naturaleza. Pero lo que te puede resultar sorprendente es que en la Isla de Sark hubo un régimen feudal hasta 2008, lo cual le valió la consideración de ser el último territorio del mundo en abolir el feudalismo.

La isla de Sark es la formación más pequeña del grupo conocido como Islas del Canal, situadas entre el Reino Unido y Francia. A pesar de encontrarse bajo soberanía británica, conforma un ente separado de dicho país. Tiene sólo 5 kilómetros cuadrados y su población ronda los 500 habitantes.

En el siglo XIII, este territorio fue utilizado por piratas franceses como base de operaciones. Tras ser conquistado por los británicos, fue regalado a un señor feudal y colonizado por 40 familias. Durante la II Guerra Mundial, la isla fue ocupada por los nazis, donde llegaron a crear un campo de concentración. Precisamente los prisioneros construyeron la única carretera asfaltada de dicho territorio. En 1991, todos los habitantes de la isla fueron movilizados para “defenderse” de André Gardes, un físico nuclear en paro que trató de conquistar la isla con un rifle.

La isla de Sark dispone de su propio sistema postal, su propio dominio de internet y hasta su propia selección de fútbol, considerada la peor del mundo, y cuyo ingreso en la FIFA todavía no se ha efectuado. Lord John Michael Beaumont es el gran “seigneur” de dicho territorio, el señor que rige el destino de dichas islas, y cuyos privilegios resultan chocantes

  • Es el único que puede poseer palomas y pichones…
  • Posee en exclusiva los derechos de explotación de minerales
  • Puede apropiarse automáticamente de cualquier objeto que sea arrastrado por las olas a la playa…
  • Dispone, en exclusiva, de un banco en la primera fila de la iglesia!

2.Tristán de Acuña

Tristán de Acuña es un archipiélago constituido por las islas deshabitadas de Inaccesible y Nightingale, además de la propia Isla de Tristán de Acuña que da el nombre al conjunto. Todo el territorio depende de la Isla de Santa Elena (donde murió Napoleón), que se encuentra a nada más y nada menos que a 2.173 kilómetros al norte. Tales características hacen que dichas islas hayan sido inscritas en el Libro Guinness de los Récords como el “lugar habitado más remoto de la tierra”.

Descubierta por los portugueses en 1506, fue anexionada a la Corona Británica en 1816. En la actualidad, en el archipiélago viven unas 300 personas, agrupadas en unas 80 familias. Hay solamente 8 apellidos: Glass, Green, Hagan, Laverello, Repetto, Rogers, Swain y Patterson. Todas las tierras son de propiedad común. La venta de langostas así como de sellos (en su mayoría a coleccionistas) son los pilares económicos en los que se asienta dicho archipiélago. Cabe destacar también que tiene el consumo más elevado de whisky del mundo: como media, cada habitante consume casi 50 botellas al año. Por cierto, la señal de televisión no llegó hasta 2001.

3. Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllan-tysiliogogogoch

Si casi te has mordido la lengua al intentar leerlo siempre puedes utilizar el nombre abreviado, Llanfairpwllgwyngyll, o simplemente Llanfair PG. El nombre en cuestión hace referencia a un pequeño pueblo situado en la isla de Anglesey, en Gales, y que constituye el topónimo más largo del Reino Unido y el tercero más largo del mundo.

El topónimo fue acordado en el año 1860 por el consejo del pueblo, con el objetivo de contar con una característica distintiva, el nombre más largo de una estación ferroviaria. Es un nombre mixto, puesto que incluye 16 letras del alfabeto galés y 19 del inglés. Se ha convertido en un destino turístico muy visitado, pero ni el ayuntamiento local ni la columna del marqués de Anglesey son los principales atractivos. La atención se la lleva el cartel de bienvenida con el nombre de la ciudad, que sin lugar a dudas, se ha convertido en el máximo referente de la ciudad. Si quisieras traducir el nombre del pueblo al español vendría a decir algo así como “iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja”.

4. Berwick-upon-Tweed

A raíz de lo leído en los libros de historia, los cosacos o los espartanos pueden parecerte los guerreros más fieros e implacables del mundo. Pero estos no les llegarían ni a la suela del zapato a los nativos de Berwick-upon-Tweed, ya que sus 10.000 habitantes estuvieron en guerra con Rusia durante 110 años.

Evidentemente, la historia tiene truco. Situado en la frontera entre Inglaterra y Escocia, dicha villa tenía la consideración de “entidad independiente” (carácter que provocaba que dicho territorio fuera nombrado de forma separada en tratados y convenios), y el control de éste fue asumido de forma alternativa por ambos países durante siglos. En 1854, año en que estalló la guerra Ruso-Crimeana, Reino Unido le declaró la guerra a Rusia en el nombre de “Gran Bretaña, Irlanda, Berwick-upon-Tweed y todos los dominios británicos”. Dos años después se firmó la paz en París, pero nadie se percató que en dicho documento se omitía al pueblo fronterizo. Así que éste siguió (técnicamente) en guerra con Rusia hasta 1966, cuando un funcionario soviético se dio cuenta de ello e incluso visitó de forma oficial la villa para declarar la paz. Se dice que tras la firma del acuerdo de paz, el alcalde gritó “¡decidle a los rusos que ya pueden dormir tranquilos!”.

No obstante, pese a la anécdota de la Guerra Fría, hoy en día este pueblo de Northumberland destaca por su acogedor carácter y es conocido por su festival de cine, así como por los numerosos puentes que conectan los distintos puntos de la ciudad.

 5. Castillo de Harlech

Por “casa móvil” entenderás una caravana, o, si ya llevas tiempo en Londres, una de esas barcazas que atracan en la Pequeña Venecia. Pero en Harlech, en el condado de Gwynedd, al oeste de Gales, lo que se mueve es un castillo. O más bien, se mueve todo a su alrededor.

Construido por el Rey Eduardo I de Inglaterra durante su conquista de Gales, fue finalizado en el año 1290. En su momento, el mar se encontraba al pie del acantilado en el cual se asienta dicha construcción, con lo cual, en caso de estar sitiado por tierra, podía abastecerse de suministros por mar, algo que lo hacía inusual comparado con otros castillos. Sin embargo, hoy en día no disfrutaría de dicha ventaja, que ya se encuentra a casi un kilómetro tierra adentro. Los geólogos han reconocido que la tierra de alrededor del castillo se está levantando, recuperando la posición original de Gran Bretaña antes de la Edad de Hielo. Esto provoca que el mar se retraiga, y se está produciendo de forma tan acelerada y visible que en poco más de 700 años el castillo ya no se encuentra en primera línea de mar.

Al margen de ser escenario de numerosas batallas (fue sitiado durante 7 años en la Guerra de las Dos Rosas), el castillo de Harlech destaca por su construcción concéntrica y una enorme puerta de entrada.

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