¿Cómo es la familia saludable?

Hoy en día es muy común escuchar el término “familias disfuncionales”, pero ¿qué significa esto? ¿Una familia “disfuncional” será la que tiene como figuras paternas a los abuelos, tías o hermanos? ¿Serán las familias donde solo está presente uno de los padres? ¿O quizá son las familias donde los hijos son adoptados? ¿O en las que no hay hijos? No necesariamente.

Primero, es importante entender que la familia es la base de la sociedad, es el núcleo donde se constituye la formación de la personalidad de cada uno de sus miembros, es el pilar sobre el cual se fundamenta el desarrollo psicológico, social y físico del ser humano. Es el asiento del legado emocional de cada ser humano, e idealmente debe suplir a sus miembros del sentimiento de seguridad y estabilidad emocional, nutrido en un ambiente de aceptación, seguridad y amor.

Así, la funcionalidad de la familia tiene que ver, precisamente, con las funciones (enseñanza de valores, desarrollo de la personalidad, crecimiento adecuado de sus miembros, etc.) que ésta cumple o no.

De aquí se desprende que, sin importar la estructura o composición familiar, una familia puede ser funcional o disfuncional, refiriéndose a los extremos de un mismo continuo, donde los sistemas familiares se ubican en puntos medios, inclinándose más hacia un lado o hacia otro.

Podemos decir que una familia disfuncional o conflictiva es aquella que se caracteriza por ser rígida, con normas poco claras, resistentes al cambio y los límites entre los miembros están indefinidos.

Sin importar la estructura o composición familiar, una familia puede ser funcional o disfuncional, refiriéndose a los extremos de un mismo continuo

Por su parte, la familia funcional o nutridora es aquella que es flexible, con límites claros entre sus miembros, los cambios no son amenazantes; la angustia se considera como una señal de que hay algo que modificar y existe un equilibrio que permite adaptarse a esos cambios. En estas familias, el desarrollo individual es tan importante, como lo es el funcionamiento total del sistema.

Revisemos algunas características de los sistemas saludables. Procure desarrollarlas y cultivarlas en su propio núcleo familiar.

Comunicación adecuada: se promueve el diálogo, que busca que sus miembros se expresen con respeto, amor y cordialidad; además, les permite ser abiertos, vulnerables e independientes de pensamiento.

Establecimiento de límites claros: se establecen a partir de las reglas y normas que instauran los miembros de la familia, y su función es proteger la diferenciación de cada persona.

Expresión de emociones: se propicia el espacio para que sus miembros puedan manifestar libre y respetuosamente sus emociones, tanto positivas como negativas.

Respeto de la individualidad: a través de la escucha atenta, del respeto a las pertenencias de los demás y a la privacidad, y por medio de la confianza.

Manifestación del amor: los hijos no tienen dudas de que sus padres y demás familiares se aman, porque muchas veces los han visto demostrarse el amor los unos a los otros.

Resolución de conflictos: confrontan los problemas de una forma abierta, piden perdón, encaran los conflictos tal y como sucedieron sin ser influenciados por las emociones que estos causaron.

En las familias funcionales o nutridoras, el desarrollo individual es tan importante, como lo es el funcionamiento total del sistema

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