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El duende no entiende de nacionalidades: una alemana, un inglés y un irlandés forman la compañía flamenca ‘Claudia Caolín y Compañía’
Andalucía, cuna del flamenco. Arte puro. Cantado, bailado, sentido. España tiene en él uno de los valores más importados y más reconocidos en el mundo. Aunque nacido en el sur español, éste se ha ido nutriendo durante los años de otras formas de baile y cante, así como de aquellas personas que han aportado su granito de arena a lo largo y ancho del planeta. Tanto es así que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) incluyó hace unas semanas el flamenco en su lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Tras un primer intento fallido en 2005, España ha visto ahora como una de sus pasiones más arraigadas ha obtenido el reconocimiento mundial que se merece. El arte flamenco de hoy ha ido evolucionando respecto a sus formas más puras e iniciales, adaptándose a cada uno de los contextos a los que cantaores y bailaores han requerido. Pero éstos también han tenido que adaptarse al flamenco. Porque hoy en día hablamos de grandes comunidades flamencas fuera de España. Japón y China están a la cabeza en la lista, pero la repercusión del arte flamenco llega incluso a rincones inimaginables.

Y en formas también impensables. En el oeste de Inglaterra, encontramos uno de los rincones más bellos del país. El condado de Cornualles, además de parajes naturales de belleza exquisita, es hogar de una de las comunidades de artistas más extensas en todo el Reino Unido. Es fácil, entonces, encontrar pintores, escritores, escultores y… una compañía de flamenco, Claudia Caolín y Compañía nació ahora hace cuatro años en Falmouth (Cornualles) y durante este tiempo ha intentado implicar a la gente de la zona tanto en el proyecto como en la cultura flamenca. «Es una tarea complicada, hemos pasado momentos de todo, pero nuestra intención es crear una cultura flamenca en Cornualles», asegura Claudia Caolín, fundadora de la entidad. Una de las mayores peculiaridades de esta compañía es que estámás pequeños con diferentes talleres en las escuelas que se interesan por el flamenco. «Les enseñamos los elementos básicos, así como los movimientos. Algunos de ellos llegan a formar parte de nuestros espectáculos», explica Claudia, quien añade que «queremos propagar la pasión flamenca y hacerlo a través de los niños nos ayuda a llegar a sus padres. De esta forma toda la familia descubre el flamenco, abriéndonos más puerta para el futuro».

Se apagan las luces. En una esquina aparece iluminada la figura de una guitarra. David pone la letra a las notas que resuenan en la sala. Emergente aparece la figura de Claudia. El espectáculo ha empezado y Nat se suma con los sonidos del cajón. El escenario no entiende de orígenes, sólo de pasión y sentimientos. Las últimas palabras de Claudia lanzan un sólo mensaje: «No importa lo que tengamos que hacer, pero nunca desistiremos. No veo otra vida que el flamenco. Lo he dado todo en mi vida por y para el flamenco».

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