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Crítica de The Babadook (2014): el terror del año

Essie Davis, actriz desconocida entre el gran público (y me incluyo), se toma toda la confianza del mundo y nos roba la respiración con una de las grandes actuaciones de 2014. Pero hay más, porque la australiana The Babadook rebosa talento gracias a la dirección de la primeriza Jennifer Kent. A pesar del limitadísimo presupuesto, Kent mantiene el pulso narrativo con penetrante precisión, solo atrofiado por la excesiva y larga parte final. Miedo de calidad para esta semana de Halloween. Apunta a clásico, ya veréis que sí.

Amelia (Davis) pasa sus días recordando el trágico accidente de coche que acabó con la vida del esposo, Oskar (Benjamin Winspear). Suceso del que ella se siente culpable, en parte, ya que iban de camino al hospital para dar a luz al primer y único hijo, Samuel (Noah Wiseman, que a veces no se sabe si llora o ríe, lo peor de la película, aunque el esfuerzo del joven actor es evidente y agradecido), que ahora tiene 6 años y tiende a crear fantasías de villanos y héroes. Amelia, sin poder evitarlo, le dedica la otra parte de culpa al niño, indefenso ante esa falta de cariño y el vacío existencial de la madre.

En la hora del cuento antes de dormir, Samuel coge un libro misterioso de la estantería, uno que Amelia no había visto nunca en la casa: The Babadook. Las primeras e inocentes páginas dan paso a la historia de un aterrador ente que con sus palabras escritas avisa del inmediato ataque que visitará el ambiente familiar. Las alucinaciones y la realidad confundirán la mente de madre e hijo, los cuales tendrán que superar juntos al estremecedor espectro de boca enorme, sombrero de copa y dedos larguísimos.

The Babadook es un producto fresco y lúcido que se aparta, por fortuna, de la manufacturación USA compuesta de enormes casas encantadas, predecible comienzo-nudo-desenlace, planos donde se muestra demasiado al monstruo en cuestión, y diálogos irritantemente aclaratorios. Muchas de las virtudes de la película de Jennifer Kent, que también se ocupó del guión basado en su propio cortometraje Monster (2005), residen en su carácter artesanal y la siempre acertada decisión de enseñar lo justo al peligroso y deforme espíritu. El correoso uso del sonido o la imprevisibilidad de los punzantes encuadres recuerdan a las mejores cintas del género, como El exorcista, Don´t Look Now y al gótico europeo de Pupi Avati o Mario Bava.

El pavor más tangible deviene de la amenaza menos palpable. Es el tono etéreo del cuento lo que se adhiere a la piel del espectador durante todo el metraje, donde los efectos digitales brillan por su ausencia y el Babadook funciona como leitmotiv en la sombra para hablar de otras cosas que soportamos día a día. Las metáforas de esta notable obra son tan evidentes que lo mismo podría confundirse con un drama dedicado a la superación de las terribles experiencias del pasado, a vivir el presente como si no hubiera mañana, a disfrutar de lo bueno que tenemos y a cuidar sin condiciones de los seres más inocentes y frágiles. Filantropía pura y dura envuelta por una historia alegórica y onírica llena de excelentes momentos hiela-sangres y uno de los fantasmas más espeluznantes que ha dado el cine.

Y otra que sale ganando de verdad aquí es la actriz principal nacida en Tasmania. Siendo The Babadook una película de horror, es muy probable que Essie Davis no vea su talento recompensado en premios grandes como los Globos de Oro o el Oscar, que ya sabemos que allí no mola mucho el tema. No me cabe duda de que la veremos muy a menudo en futuros trabajos internacionales debido al impacto que este pequeño y recomendable film indie está acaparando en todo el mundo.

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