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Crítica de Cincuenta sombras de Grey (2015): el placer del “no”

No sorprende que la película Cincuenta sombras de Grey basada en el enorme éxito de ventas literario de E.L James se haya convertido en un rotundo triunfo comercial desde el primer día de su estreno en la gran pantalla, sino que la adaptación cinematográfica supere en lo artístico las expectativas creadas. La trilogía comienza bien.

Anastasia Steele (Dakota Johnson) es una virginal y vivaracha universitaria que sustituye a su compañera de piso para llevar a cabo la entrevista que tenía preparada al millonario soltero de oro Christian Grey (Jamie Dornan). El flechazo resulta ser inevitable, en plan el-destino-te-ha-puesto-en-mi-camino y eso. El ejecutivo y la estudiante no perderán el tiempo. Se ven, se gustan, él le compra un ordenador y un coche, lo típico…

Pero hay un detalle importante en la personalidad de Grey. Sus gustos sexuales son satisfechos mediante la práctica del sadomasoquismo. La llamada “habitación roja” que hay en el espectacular piso donde vive no escatima en herramientas para exponer deseos innombrables. Anastasia, que aparte de casta y pura también es curiosa, se someterá en principio a los heterodoxos anhelos de su chico.

El verdadero dominante en Cincuenta sombras de Grey

Mucho se ha hablado y se sigue hablando sobre el discurso pro-machista y maltratador de Cincuenta sombras de Grey. Ni que decir tiene que un buen número de esas habladurías se basan en el desconocimiento de la historia y en el “me han dicho que…”. Otros comentarios se mueven entre la más pura hipocresía con respecto a lo que en realidad ocurre en la intimidad de las parejas. Era lógico, a la par que preocupante, que ante un asunto tan delicado (pero muy real y común) como es el de la aparición del dolor en el juego sexual se alzaran voces apelando a la corrección política.

Y ahora la sorpresa: el mensaje del film deriva lentamente y con gusto hacia el derecho y la libre capacidad de decidir de la mujer, de Steel en concreto. Es un alegato feminista y de marchamo comprensivo, ya que el tira y afloja del apocado Grey y la joven discurre además por el entendimiento en las relaciones amorosas para que estas funcionen. Más que el placer del sexo, la película habla del placer del “no” como confortable poder femenino frente a los empujes del controlador macho cuando ciertas cosas se van de las manos. Repito, ciertas cosas, no la mayoría de lúdicos y consentidos actos eróticos que se suceden esporádicamente en la versión impresa y fílmica. La verdadera y dolorosa sumisión femenina es la que nos enseñan cada día las noticias, esas mujeres asesinadas a pedradas o fustigadas por destaparse la cara. Y Cincuenta sombras no apela a eso, sino a lo contrario. Los brillantes últimos veinte minutos, coronados por el magnético plano de la despedida en el ascensor, son una singular (y metódica) oda al libre albedrío de Anastasia.

Hablemos de sexo ¿Lo hay? Lo hay, aunque pudoroso. Hace un rato repasaba algunas secuencias de un par de cintas de Bertolucci y recordaba a Bigas Luna. Nada que ver con ellos. La directora Sam Taylor-Johnson ofrece un producto sólido, pero demasiado pulcro. Esto se puede llegar a entender, al ser un blockbuster destinado al gran público. Los polvos que la realizadora ha elaborado rechazan la locura pedida –yo la pedía- y dejan para la imaginación pasajes del libro que sí rompían diversos esquemas. Falta algo de suciedad, jugos y liberación en sus imágenes. Ni la apropiada banda sonora (de Danny Elfman y canciones del momento) ni la gracia y belleza de la excelente Dakota Johnson son del todo suficientes para hacer hervir al respetable.

La hija de Don Johnson y Melanie Griffith mezcla la llaneza y la espontaneidad con la sensualidad y el pesar. Anastasia Steele se emborracha, llora, ríe, folla, se muestra compasiva y dura cuando hay que serlo. La Johnson sabe cómo moldear cada estado de ánimo y hacerlo suyo. Por desgracia, sin ninguna duda lo peor de la película, nos encontramos a Jamie Dornan. Mayúsculo error de casting donde los haya. Los esfuerzos del atractivo intérprete rozan el ridículo en los semblantes serios o al lanzar miradas de seductor; especial atención merecen sus primerísimos planos en la secuencia de la firma del contrato junto a Steele en el despacho. Oí risas entre los espectadores. Normal. El escaso carácter y naturalidad del actor irlandés duele más que los latigazos de Grey. A pesar de él, esta esperadísima obra ahuyenta fantasmas y aprueba con nota.

Limpien la mente de prejuicios, de dimes y diretes varios, y vayan al cine con ojos y oídos propios. Descubrirán que en Cincuenta sombras de Grey hay mucho más de lo que la superficie indica, incluyendo un realista y subversivo semi-análisis de las relaciones sentimentales con sexo de por medio, y no al revés.

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