Crítica de It Follows (2014): estilo sin continuidad

Una gran Maika Monroe protagoniza la segunda obra del norteamericano David Robert Mitchell. De nuevo en la carrera del director, cine indie situado en la ciudad de Detroit con una trama prácticamente guiada por adolescentes después de su aclamada The Myth of the American Sleepover (2010), aunque en esta ocasión se haya decantado por el género de terror.

It Follows empieza bien. Muy bien, de hecho. Haciendo excelente uso del formato panorámico y la parquedad del presupuesto, la película entra con un nervudo plano secuencia circular que sigue a una chica con tacones y ropa interior huyendo de algo que solo ella percibe. Segundos después, en una imagen al más puro estilo J-Horror, asistimos al impactante cuerpo asesinado de la joven. La vaga (vaguísima) aclaración de la causa de esos hechos comienza a tomar forma con Jay (Maika Monroe), atractiva y saludable muchacha que es contagiada, a través de las relaciones sexuales, por la extraña maldición que hostiga a su nuevo novio.

A partir de ahí, a Jay la perseguirá un sobrecogedor espíritu con forma humana, invisible para todo el mundo menos para la chica. Si Jay muere, el chico que la contagió será el siguiente, y cualquiera que copule con ella obtendrá “de regalo” la misma condena. Complicada la cosa, sí. Paul (Keir Gilchrist), Kelly (Lili Sepe), Yara (Olivia Lucardi) y Greg (Daniel Zovatto) conformarán la pandilla juvenil encargada de ayudar a la seductora rubia a salir del demoniaco atolladero.

Todo fan del terror que se trague It Follows encontrará similitudes con clásicos japoneses como The Ring, Dark Water o The Grudge, pero también un indudable homenaje al escalofrío cinematográfico surgido de Halloween (1978) u otros films de la American gothic desolada de los ´70. No se le puede negar a Mitchell su talento para crear atmósfera, para sacar a relucir los miedos del subconsciente humano, sobre todo gracias a esos largos planos en los que los fantasmas andan pausadamente (especial atención merece la primera vez que el “hombre alto” sale en pantalla o la profundidad de campo de la escena playera en el que el fantasma se transforma en una de las amigas de Jay).

Lástima que pasados los primeros cuarenta minutos la historia se regodee en un bucle interminable. El film empieza entonces a aburrir, poniendo en evidencia la capacidad del realizador y, a la vez, guionista por encontrar un desarrollo y final satisfactorios, hasta el punto de montar una disparatada e ilógica set piece en la piscina de un edificio abandonado que contradice el carácter sobrenatural de los lentos entes que persiguen a los personajes.

It Follows no es revolucionaria y sí muy perezosa en su libreto. El horror asusta más cuando viene de lo inexplicable, pero hasta el misterio tiene un límite, y la película pedía una composición mejor hilvanada…sin contar con el discutible mensaje que subyace en el conjunto: ¿ser promiscuo es malo? Dicho esto, al atractivo comentado en el párrafo anterior hay sumarle una banda sonora de infarto.

La música diseñada para la ocasión por Rich Vreeland, incisiva y gustosamente histérica, casi funciona por todas las intenciones que pretendía el realizador en sus imágenes. Me quedo con eso y las secuencias puntuales. Como curiosidad, Monroe ya participó el año pasado en The Guest, otra cinta independiente de género cargada con sonido de sintetizador ochentero. Película aquella que conseguía el propósito de enviarnos al pasado con inteligente sentido del humor y acertada melancolía.

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