Crítica de Gente de bien (2014): cine social desde Colombia

Sin ser un trabajo de estilo visual novedoso o particularmente más elocuente que muchas de las otras obras “sobre niños” que llegan a los festivales de pedigrí desde América latina -se me ocurren ahora la venezolana Pelo malo o la argentina Ciencias naturales-, la película colombiana Gente de bien es un íntegro y, en partes, emotivo producto enmarcado dentro del llamado cine social. Franco Lolli, director bogotano afincado en Francia, dirige con estilo documental esta historia que se estrena el 17 de abril en el Reino Unido.

Synopsis

[pullquote]Estamos ante un director dispuesto a encontrar un hueco dentro de los nombres destacables en la cinematografía iberoamericana.[/pullquote]Eric (Brayan Santamaría, espontáneo, real, auténtico como él solo) es un jovencito de 10 años que debe quedarse con su padre, Gabriel (Carlos Fernando Pérez), mientras la madre, separada del marido, intenta buscarse el trabajo que le permita salir adelante. Gabriel tampoco tiene un empleo fijo, se dedica a lo que sale, y no puede ofrecer a su hijo las comodidades que le gustaría. Sin embargo, un golpe de suerte vendrá de la mano de María Isabel (Alejandra Borrero, única actriz profesional del reparto), adinerada dueña de la casa para la que Gabriel está arreglando algunos muebles. La mujer los invitará a pasar el verano a una suntuosa villa en el campo, donde Gabriel y Eric tendrán que adaptarse a la confortable vida que no tienen en Bogotá.

La ópera prima de Lolli logra mantenerse en un buen nivel durante la mayoría del metraje, incluyendo los (eso sí) cogidos-por-los-pelos instantes del perro en la parte final. Es de agradecer que Lolli sea lo más justo posible a la hora de reflejar el comportamiento de los ricos y el de los pobres, sin vituperar a los primeros para que el espectador se apiade de los segundos. Su narración no se apoya en simbolismos ni ataque moral hacia los que viven holgadamente. En todo caso, expone una reflexión realista, cercana, sin aspavientos, sobre lo mal repartido que está el mundo. María Isabel es una mujer encantadora, y siempre persigue ayudar a Gabriel y Eric. Cada uno acepta su existencia con la mayor dignidad y honradez posible.

Dicho lo anterior, la diferencia de clases en el film parece no ser el principal leitmotiv, sino una excusa para hacer avanzar un cuento de amor y lazos de sangre, que lo mismo se podía haber situado en ese contexto o en otro. La relación paternofilial adquiere plausible relevancia en la composición de las secuencias entre padre e hijo. Tanto en lo bueno como en lo malo, Eric necesita tener una referencia familiar para subsistir después de la separación de la madre. Los minutos que el chico y Gabriel pasan bailando reggaeton son consecuentes y necesarios para comprender que esos pequeños momentos son más importantes que disfrutar un verano con otras familias pudientes.

A pesar de ser su primera película, Franco Lolli exhibe gran madurez a la hora de dar solidez al drama contado, que no es poco. La acertada elección del casting, el ritmo pausado, contemplativo, con cámara curiosa y buena fotografía demuestran que estamos ante un director (de tan solo 31 años) dispuesto a encontrar un hueco dentro de los nombres destacables en la cinematografía iberoamericana.

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