Crítica de Guardians of the Galaxy (2014): nada nuevo bajo la galaxia

Guardians of the Galaxy, una de las películas de súper héroes más esperadas de la década, no le hace justicia a la expectación creada, mostrándose finalmente como un producto convencional de fácil olvido…a priori, ya que los responsables del departamento de publicidad se encargarán de que tengamos a esta banda de guardianes pulp hasta en la sopa.

El director James Gunn, otrora guionista en la célebre factoría de cine Z Troma, recupera los tics irónicos y post-modernistas característicos de la compañía que engendró el infame Lloyd Kaufman y los traslada al universo Marvel financiados con buenos puñados de dólares. Mucho lustre en la superficie aunque, en realidad, esconda una propuesta conservadora y conformista. Y ni siquiera voy a entrar -¡Ups!, entré- en la ya preocupante tendencia hollywoodiense de cargarse a millones de ciudadanos sin que a nadie de la historia le importe en absoluto. Daños colaterales ficticios, sí, pero que los héroes sigan tan felices como si nada hubiera ocurrido es, permítanme, incoherente. Mientras muestren sus dientes blanquísimos, ¡qué más da!… piensan los productores en sus despachos.

Veamos. 1988, hospital, un niño llamado Peter Quill escapa mentalmente de lo que está pasando en la habitación que tiene enfrente. Su madre se está muriendo mientras el joven escucha la canción “I´m Not in Love” del grupo 10cc. El momento de la muerte seguirá en él durante el resto de su vida. Una vida que, al salir del hospital, no será en la Tierra. Un OVNI lo secuestra con la intención de llevárselo a otro mundo.

Veinticinco años más tarde, Quill (Chris Pratt), conocido como Star Lord, es un cazarecompesas espacial bajo las órdenes del fiero Yondu (Michael Rooker). El tema en cuestión es que Quill quiere hacer las cosas a su manera cuando este se apodera de una poderosa y peligrosa bola mecánica. Objeto deseado por el comprador millonario que encarna Benicio del Toro y el principal villano de la función: Ronan (Lee Pace), el cual quiere ser el dueño de la galaxia y destruir el planeta Xandar, liderado por Nova Prime (anecdótica Glenn Close) y Corpsman Dey (¿por qué le siguen dando papeles a John C. Reilly?). Afortunadamente para el valiente y mujeriego Star Lord, contará con la ayuda de un árbol parlante y andante (voz de Vin Diesel, que, exigencias del guión, las únicas palabras que dice una y otra vez son “I am Groot”), el mapache Rocket (voz de Bradley Cooper, lo mejor del film), el musculoso Drax (Dave Bautista) y la bellísima Gamora (Zoe Zaldana).

Guardians of the Galaxy es la primera película de una saga ya confirmada

Guardians of the Galaxy es ambiciosa en lo que respecta a la cantidad de personajes expuestos en pantalla, tal y como se puede observar. Se intuye, eso sí, que los menos trabajados tendrán minutos para aprovechar en posteriores y ya confirmadas secuelas. En ese sentido, se puede perdonar que algunos pasen sin pena ni gloria, e incluso es loable que el ritmo general no quede muy dañado. La breve aparición del malvado Thanos (Josh Brolin, sin acreditar), de mayor poder que Ronan y especie de sosías del Darth Sidious de Star Wars es sin duda relevante. No, la cantidad no es el problema de esta cara space opera, sino el tratamiento de la historia, el déjà vu que desprende el guión escrito por Gunn junto a Nicole Perlman y la visualización misma del libreto.

Después de los brillantes quince minutos iniciales, donde se nos presenta al adulto y cool Quill en una estupenda vuelta de tuerca à la  Joss Whedon, Guardians of the Galaxy cae en el chiché  absoluto (incluyendo la obligatoria pelea cuerpo a cuerpo mujer-contra-mujer) hasta llegar a una inaguantable y soporífica última media hora cargada del normal despliegue de efectos visuales en este tipo de blockbusters veraniegos, nada que no hayamos visto anteriormente, encima. Retomo a Whedon para decir que él lo hizo con más estilo y mejor en Los vengadores (2015) o la visionaria y excelente Serenity (2005), una verdadera película rompedora en el campo de la ciencia ficción que sí nos transportaba con alevosía a un universo paralelo en el que disfrutamos con el inolvidable villano interpretado por Chiwetel Ejiofor, mezcla perfecta de lo que debe ser la substancia argumental y la acción trepidamente sin necesidad de demasiado derroche pirotécnico.

Guardians roba de Serenity, pero también de la simpática Las aventuras de Buckaroo Banzai (1984), de Star Wars y de los seriales que llevaron a George Lucas a inspirarse. El film de Gunn es casi tan explotaition como las copias bastardas que salieron a raiz del éxito de la saga de Han Solo y Luke Skywalker. Los chistes meta-referenciales y apuntes sobre la cultura pop (v.g el instante en el que se nombra a Kevin Bacon y su clásico Footlose)., un par de ellos efectivos y otro par (de decenas) intrascendentes o colocados con calzador, no hacen otra cosa que cargarse la suspensión de la credibilidad necesaria para integrarnos al completo en este tipo de aventuras. El afán por agradar a todo espectador supone un esfuerzo muy obvio y, a veces, patético. Gunn juega a ser ingenioso, pero su humor no va más allá del mero chascarrillo. Bastante ruido para unas pocas nueces que solo satisfarán a los fans incondicionales del sello de cómics liderado por el mítico Stan Lee.

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