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Crítica de Heli (2013): retomando la actualidad mexicana

Si bien no deja de ser un hecho triste e injusto con la cultura y sociedad mexicanas, la correlación México-narcotráfico está muy presente en la visión globalizada que se tiene de tan hermoso país. La presencia del destructor cártel, habitual en las noticias televisivas, series de televisión y cine es inherente a la opinión popular. El film Heli (2013), tercero de Amat Escalante y que se puede ver durante esta semana en el Curzon Soho de Londres, incide en el demoledor problema del contrabando de drogas y su efecto en la tranquila vida de los ciudadanos de la nación latina…pero el responsable de la película plantea más cosas.

Heli (Armando Espitia) es un adolescente que trabaja en una fábrica de coches del estado de Guanajuato. Vive con su hermana de 13 años, Estela (Andrea Vergara), su esposa, un bebé recién nacido y el padre del joven. Cuando el novio de Estela, Beto (Juan Eduardo Palacios), esconde unos paquetes de cocaína en la casa de su chica, la vida de la familia dará un giro perturbador ocasionado por una banda de narcotraficantes sanguinarios.

Para su exposición visual, Escalante (el cual nació en Barcelona) no escatima en momentos sangrientos y violencia extrema, casi cercana al género torture-porn en algunas secuencias. En varias entrevistas ha reconocido su afición por el cine de terror y el gore, y aquí se recrea en escenas no aptas para estómagos sensibles. Por este trabajo se llevó el premio de mejor director en el Festival de Cannes 2013, cuyo jurado estaba presidido por el mismísimo Steven Spielberg. Y algo del creador de E.T –admirado por Escalante- se deja entrever en las imágenes de Heli, llenas de largos planos secuencias (el del mismo comienzo de la película o los viajes en bicicleta del protagonista) y cuidados claroscuros.

Pero es el llamado “cine contemplativo” de Carlos Reygadas o Jaime Rosales el que impera en el notable y compacto engranaje final de Heli. Precisamente el primero ayudó a darle impulso comercial y artístico a las obras de Escalante. El uso del sonido ambiente, el impacto estético de la naturaleza en el encuadre (nubes, viento, arena…), el uso de actores amateurs y el sentido visceralmente trágico de la historia dan fe de la influencia de Reygadas.

A pesar del brutal realismo de gran parte del metraje,  el director regala descansos emocionales gracias al inequívoco lirismo de la puesta en escena. Aprieta, pero no ahoga, y nos da a entender que la realidad es aún mucho peor que lo que estamos viendo en pantalla. Uno de los momentos clave de la película, relacionado con la púber, se desarrolla en “off”, en un conseguido acto de elipsis narrativa que solo cobrará sentido en la conclusión del film. Para el espectador europeo, la (más o menos) naturalidad con la que los personajes experimentan los hechos inhumanos que  arremeten contra sus propias carnes, así como la parsimonia de los mismos maltratadores, puede suponer un shock considerable. Amat Escalante pone el dedo en la llaga y con su film retrata no solo el aciago día a día de un sector de la población mexicana, sino también las cortinas de humo diseñadas por la autoridad policial para esconder la impotencia frente al cártel…y, como vuelta de tuerca del director y guionista para abarcar otros problemas actuales, el papel de la mujer ante el machismo de esa cultura “inocente”.

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