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Crítica de Inherent Vice (2014): Paul Thomas “Pynchon”

Paul Thomas Anderson, peso pesado de la cinematografía norteamericana (y mundial) sigue sin dejarlo fácil después de la enmarañada The Master (2012). En esta ocasión se encarga de poner en imágenes al escritor de culto Thomas Pynchon, el cual encaja de maravilla con los intereses artísticos del realizador californiano.

Años 70. Larry “Doc” Sportello (Joaquin Phoenix) es un detective privado peculiar. Su vestimenta veraniega, relajamiento en la higiene y sus flirteos con los porros lo acercan más al Dude de El gran Lebowski que a Philip Marlowe. Hippie de pro en una época que invitaba a serlo. El tío se lo monta bien, incluyendo un éxito considerable con las mujeres. Precisamente la ex, Shasta Fay Hepworth (Katherine Waterstone), lo busca para que investigue un asunto de gran relevancia social: la desaparición del magnate Michael Wolfmann (Eric Roberts), que además es amante de Shasta.

Y tal y como ocurría en la película de los hermanos Coen, un buen puñado de excéntricos personajes pasearán por la pantalla haciendo que el espectador tenga dificultades para seguir la trama. Entre ellos, el loco y absurdo policía “Bigfoot” Bjornsen (Josh Brolin), un dentista obsceno (Martin Short) o la yonki Hope Harlingen (Jena Malone). Hay muchos, no se preocupen…o mejor sí, preocúpense, porque la cosa va empeorando a medida que avanza el metraje de esta larguísima y caótica película.

Vendida como la primera obra que lleva al cine una novela de Pynchon, ya ese detalle podría hacer sospechar de entrada sobre las muy singulares características de la versión cinematográfica. Y es que el novelista estadounidense nunca ha sido un autor para todo tipo de lectores ¿Cómo entender lo que digo? Pueden hacerme caso o intentar leer sus crípticos textos. Empiecen por El arco iris de la gravedad. Leí esa y alguna otra. Y ahí me planto, gracias. Dicho esto, reducir al escritor a un mero caso de abundancia de personajes sería absurdo. Su genialidad es reconocida y cuenta con cuantiosos grupos de seguidores. Es como todo, o te llega o no te llega. Algunos salivan con su erudición y sus extensas inquietudes temáticas; mientras que otros preferirían colgarse del techo antes que meterle mano a la complejidad narrativa, donde cabe todo…y en un mismo libro. En ese sentido, Inherent Vice (el film) es bastante fiel a la, aparente, incoherencia del universo Pynchon. Y digo aparente porque no me cabe la menor duda de que en el fondo sigue una lógica interna donde todas las piezas encajan, aunque yo no lo haya pillado al completo. Por eso, prefiero dejarme llevar solo por “episodios”, por segmentos, por secuencias en vez del todo o por el excelente apartado técnico. Destacan la fotografía de Robert Elswit (nombre habitual en la carrera de Anderson) y la ambientación, a modo de neo-noir ¿soleado?

A Anderson ya se le veía que no se distanciaba de Pynchon cuando estrenó There Will Be Blood en 2007. Aquella era más compacta que Inherent Vice, pero también ofrecía ramificaciones que huían del asunto principal. Ramas que se multiplicaban en The Master, hasta llegar por fin a la derivación total en este nuevo film. La evolución, por tanto, era natural.

Lo peor de la película es, al mismo tiempo, lo mejor de ella. Tal vez lo más superficial. No obstante, lo más atractivo. La esquemática relación de amor-desamor entre Sportello y Shasta consigue ser hipnótica y melancólica, en especial gracias a la grandísima interpretación de Katherine Waterstone –atención al brillante tour de force en la escena de su desnudo integral-. Es como si el director pusiera el elemento romántico popular para satisfacer al público que no pueda seguir la aburrida e inapetente historia, casi un regalo que, paradójicamente, no encaja demasiado, si es que hay algo que encaje en Inherent Vice, claro. Algo es algo; tampoco es mucho. Y es que está bien sugerir ideas, hacer pensar al espectador, pero no hasta el punto de hacernos perder la paciencia entre un batiburrillo filosófico que no levanta párpados. Al final se soluciona la trama, más o menos, pese a que el camino haya sido arduo y tortuoso. Inherent Vice es un constante anticlimax complicado de digerir.

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