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Crítica de Torobaka: la fusión del flamenco con la danza india

Torobaka es algo más que un espectáculo. Torobaka está creado con la unión del flamenco y de la danza del norte de India, llamada kathak. Partiendo de dos tradiciones musicales llenas de rítmica, Khan y Galván, optan por trabajar con sonidos primitivos para hacer ver al público las similitudes entre el kathak y flamenco.

La danza india y flamenca parecen una difícil fusión pero ellos consiguieron una perfecta simbiosis y una mágica conexión. Con coreografías un tanto surrealistas pero que a la vez mostraban una clase, una elegancia y una profesionalidad inigualables.

Israel Galván me sorprendió gratamente con su taconeo y con una pasión surrealista como yo la denominaría. Me encanta que se innove en la danza, en el flamenco, en todo tipo de expresión artística. Lo clásico, lo puro es la base, pero a partir de ahí hay que estar dispuestos a reconocer otras corrientes, otra visión, otra manera de sentir, de expresar. Y para mi Galván lo logró, partió del taconeo flamenco pero rompiendo esquemas con esos movimientos en los que podías percibir cierto toque de la danza asiática y esos quejidos que daba mientras bailaba frente a un micrófono donde el público pudo oír su cante, su temperamento, su rabia y su felicidad.
Al principio del espectáculo dio comienzo una batalla entre ellos, en una escenario con forma de ring o de plaza de toros, pero poco a poco esa lucha de titanes se fue convirtiendo en un acercamiento de culturas, en un abrazo lleno de respeto,cariño y que terminó  con un Galván abrazando a Khan mientras le gritaba «killo».
Cuando Akram Khan hizo un sólo «wow», que cúmulo de sensaciones transmitió. Primero mostró a través del baile su desconocimiento hacia el flamenco partiendo de unos tacones en sus manos, con los que taconeaba el suelo, con los que intentaba bailar mientras un cantaor sentado le gritaba: «vamos chiquillo» y «¡ole!
Unos instantes en los que comparte con el público su historia. La historia de un bailarín indio que quiere acercarse al flamenco y que se frustra en sus comienzos. Todo con unos movimientos súper agresivos y cargados de sentimientos con los que pretende tomar contacto con este tipo de baile. En ese proceso de lucha consigo mismo me vino a la mente la obra de KafkaLa Metamorfosis, ese animal tirado en el suelo, lleno de sufrimiento y dolor en el que la impotencia y la frustración de ser un animal horroroso no lo deja salir de la prisión en la que vive. Pero Akram, a diferencia de protagonista de La Metamorfosis, sale de su cárcel y comienza a bailar flamenco con quejidos y taconeos que quitaban el sentío.
La última escena entre ellos es la más valiosa, dos danzas, dos culturas, dos modos de ver la vida, de bailar pero todo a través de una sola coreografía. Lo clásico aparece a pinceladas. Cascabeles y taconeos. Magnífica fusión, brillante espectáculo y una pasión que desde luego estos dos artistas consiguieron compartir. Ayer, Israel y Akram fueron solo uno.

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