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Crónica de una paliza en toda regla

El clásico se vivió con gran intensidad en varios bares como el Bar&Co, Costa Dorada o Mustard Bar
Suena el despertador que me indica que es lunes y por tanto tengo que ir a trabajar. Pero, por primera vez no me importa. También, hay huelga de transportes en Londres por lo que tardo más en llegar a mi destino, pero tampoco me molesta. Why not? La respuesta de este matutino y extraterrestre optimismo, se debe a la fecha. Veinte y nueve de noviembre, o lo que es lo mismo, el día en que España y medio mundo se paraliza por un partido: Barcelona – Real Madrid.

Es el primer ‘clásico’ que vivo en la ciudad del Támesis pero a pesar de la distancia, no me faltará una buena ración de spanish friends (alguno del Barça que se le va hacer) y por supuesto unas pints para celebrar la victoria de mi equipo o digerir la derrota. Salgo de casa y me encuentro con Rick, mi vecino de al lado, quien me pregunta si veré el partido. Mejor no responder a alguien que me confunde con Cesc Fábregas. Me subo al autobús número 76 para dirigirme a The Mustard Bar. Otros amigos se han desplazado hasta el Bar&Co, donde se espera un lleno absoluto en un ambiente mágico, con vistas al Támesis. ¡Esto es increíble! Hasta en el bus se habla del partido. Lo hacen tres chicos que hablan en inglés pero creo que son españoles. «1-2 para el Madrid» dice uno; «2-0 para el Barça», contesta otro. Uff, ya me estoy poniendo de los nervios…

Llegada al bar

Son las 7.00 pm, falta una hora para sacar el aficionado que llevo dentro (a pesar de no tener ningún distintivo de my team), y unos segundos para adentrarme en el que será mi Coliseo por unas horas. Mientras buscan mi reserva, miro a mi alrededor y por un momento me traslado al bar de siempre. Y después, varios grupos de españoles comparten unas pintas ante la mirada de una pantalla gigante que empieza a mostrar las primeras imágenes desde el Camp Nou. Sin embargo, los comentarios ingleses y la escasez de tapas, me trasladan a la realidad.

Parece ser que mi mesa está en la planta inferior, donde sigue predominando un sabor muy español y un color: el blaugrana. Allí, conozco a Miguel Ángel García, que abanderado con una bandera del Atlético de Madrid, espera una victoria del bando local, aunque yo creo que por reunirnos a todos aquí, ya ha ganado un valioso trofeo.

¡Qué pequeño es el mundo! Los chicos que iban realizando sus apuestas en aquél autobús, están también aquí. ¿Hay algún español que no se haya enterado de este evento?

Empieza el partido

Alea iacta est, la suerte está echada. Ya no hay tiempo para pronósticos, solo para mirar alguna de las pantallas y soñar con un gol de tu equipo. En este sentido, conocí a Carlos y a Jaime, dos bilbaínos de 27 y 25 años, respectivamente que esperan la victoria de los de Guardiola. Carlos ataviado con una camiseta de Messi, es publicista y lleva en la Londres un año. Jaime por su parte, es un estudiante recién llegado. Ambos echan de menos los días previos al partido, quizá también a «Los Manolos» de Cuatro o a las mil y un tertulias que se debaten en la calle.

Minuto 54: Illa, illa, illa, Villa Maravilla

Si ya tenía mis dudas acerca de la inferioridad numérica de los aficionados madridistas, el primer gol de Villa, las silenció ya que sólo se escuchaba una frase: illa, illa, illa, Villa Maravilla. Sí, seguía sin ser España ni un partido de la selección, pero desde luego el ambiente era muy parecido. O eso debería pensar Xavi Trias, catalán (y del barça) de 29 años que aunque ya lleva aquí un par de años, vive el encuentro con euforia pero con un aire nostálgico. Laura Barreales, periodista de 24 años y natural de León, lleva poco más de mes y medio, pero lo suficiente como para echar en falta «unas buenas bravas y una buena fuente para celebrar las victorias». A su vera se encuentra, María Camañes de 23 años y también periodista. Es una londinense más desde hace 5 meses, y coincide como la mayoría en que necesitamos las tapas.

Final del partido. 5-0, desgracia para los madridistas. Desafortunadamente, para todos es lunes y mañana algunos (un servidor) tienen que ir a trabajar. Acabo de llegar a casa después de este surrealista encuentro. Abro el portátil. I have got a email. Me lo escribe un gran amigo desde Madrid. «Es el primer clásico separados, nos ha faltado tu grito de guerra». ¡Tienes razón! Eso es lo que he necesitado durante los 90 minutos: a mis amigos.

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