CVALC 16 de diciembre de 2010

Por gentileza del portal de Internet Wikileaks y su fundador, Julian Assange ─Scotland Yard lo ha arrestado en nuestra misma Londres─, hemos descubierto qué le preocupa realmente al gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King. De acuerdo con los correos electrónicos del embajador norteamericano, Louis Susman, King cree que el Reino Unido debería redefinir su papel en la Unión Europea «con toda urgencia» antes de que pierda «prestigio y poder» sobre una zona euro que lleva camino de federalizarse para combatir la recesión. Y sobretodo, para suavizar la crudeza de los mercados del capital.

John Gieve, ex-vicegobernador del banco central británico, ha unido su voz a la de King y ha exigido que los euromandatarios aseguren la posición de España e Italia a través de «algún tipo de garantías fiscales». De otro modo, avisa Gieve, la única alternativa posible será la fragmentación de la unión monetaria.

La inquietud británica acerca del destino final del euro sería insólita si nos dejásemos arrastrar por el tradicional separatismo de nuestros vecinos respecto al continente. Sin embargo, la causa del interés se explica por sí sola cuando repasamos los últimos datos que presenta la Confederación de la Industria Británica (CBI), que ha registrado una caída del 4% en exportaciones europeas en las últimas semanas.

Y la firma de prospección económica Global Insight, por boca de su jefe economista Howard Archer, les ha confirmado que el porvenir no es halagüeño: «las presiones sobre los consumidores europeos van a aumentar en 2011, y el gasto privado se hará mucho más cauto. Los recortes fiscales van a golpear al sector público pero el crecimiento económico también se verá afectado. Con los niveles de endeudamiento familiar tan altos en varias de las economías más importantes del área comunitaria, y el encarecimiento de la energía, la demanda ofrece pocas expectativas de mejora».

Desafortunadamente, el Reino Unido, aunque parte de su prensa nacional lo niegue, también es Europa; en efecto, los pedidos domésticos se han desplomado un 17% desde 2009. Es hora de extender la mano a través del canal y, en vez de echar pulsos, colaborar.

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