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De Albarracín a Tarifa

A veces me pregunto si somos conscientes de la influencia del árabe en el español, y es que no solamente tenemos los topónimos de origen árabe, hay mucho más que eso. El impacto etimológico que ha tenido éste en nuestra lengua y la conexión que existe entre dicha relación lingüística, así como las repercusiones históricas y culturales que van de la mano, son inimaginables. Hay miles de vocablos que proceden del árabe, de hecho unos cuatro mil, me atrevería a decir.

Si nos ponemos a pensar en cuánto influyeron esos ocho siglos que los árabes estuvieron en nuestra tierra con referencia al desarrollo del español, nos podemos dar cuenta de que es un periodo lo suficientemente significativo como para que se produzca un intercambio notable dentro del plano lingüístico, entre otros. Primeramente cabe mencionar la fonética del idioma, la cual buena parte pertenece al tallo lingüístico del árabe. En segundo lugar, la riqueza de la lengua que posee el árabe, la cual se asemeja a la riqueza del castellano en cuanto a conjugaciones y declinaciones.

Pero aún hay más, pues durante ese periodo de tiempo, el influjo de los árabes en el modus vivendi de los españoles es claramente notorio. A parte de la influencia en el vocabulario, se debe hacer mención a las fórmulas rituales como por ejemplo «mi casa es su casa». Cuando se dice esto, no significa su tenor literal de que regalamos nuestra casa al primero que venga sino que la persona que cruza el umbral es bienvenida. Ésta es una expresión árabe que a la vez denota ese espíritu hospitalario característico de su cultura que, a su vez, ha pasado a formar parte de la nuestra. No pocas veces han causado confusión e incluso malentendidos con algunos extranjeros, ¡hay que verles las caras!

Los usos sociales también dejaron su huella en nuestras tierras. Si observamos la costumbre de besar los pies y las manos, vemos que también se la debemos a la invasión de los árabes. Y es que eso de besar pies y manos se utilizaba para expresar sumisión. De hecho, aún se utiliza hoy en día de alguna forma dentro de las costumbres epistolares al terminar las cartas con la expresión «beso a usted las manos».

Y para terminar con los usos sociales, aunque más bien deberían estar en el grupo de higiene, cabe mencionar los baños, pues esa costumbre también fue implantada por los árabes quienes tenían la costumbre de asearse cuando estaban a punto de rezar. En mi opinión, es una buena forma de mantenerse limpio todo el día, tanto interna como externamente.

Además de la influencia en el vocabulario, los topónimos que nos han dejado, y la colección de expresiones que usamos a diario sin saber de donde provienen, la arquitectura árabe también fue un gran aporte a la Península Ibérica, empezando por la estética de las amplias casas y los techos altos entre otras características; el urbanismo, esas maravillosas ciudades amuralladas y los alcázares; y cómo no, la técnica de construcción, pues ellos nos dejaron construcciones de guerra, como por ejemplo los fuertes.

Las raíces de la lengua y la cultura árabe son parte de quienes somos ahora y de hecho, personalmente, creo que hemos sabido escoger lo más positivo de su invasión, tanto en los ámbitos de la lingüística, la literatura y el arte como en los ámbitos de la cultura y usos sociales.

¡Ojalá* conservemos nuestra lengua y cultura por muchos años y podamos transmitirle al mundo cuánta riqueza existe en nuestro idioma, cultura, costumbres, gastronomía y cómo no, las ganas de vivir y de mejorarnos cada día como nación!

*Ojalá proviene del árabe hispánico law šá lláh, «si Dios quiere» y denota vivo deseo de que suceda algo.

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