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De Edimburgo a La Mancha en bicicleta

Jesús Romero es un manzanareño de la provincia de Ciudad Real, que tras siete meses trabajando de housekeeper en un hotel de Edimburgo, decidió emprender un viaje en bicicleta desde la ciudad donde trabajaba y aprendía inglés, hasta su ciudad natal, Manzanares.

Fueron 51 días de viaje en bicicleta acompañado por un amigo escocés, Rory MacNeish, que le han servido para vivir aventuras de todo tipo, conocer a personas y culturas muy interesantes, y sobre todo, ha podido saber un poquito más sobre sí mismo.

¿Cuál ha sido el motivo de este viaje?

Tras un invierno sin parar de trabajar, mi amigo Rory me propuso hacer un viaje en bicicleta. Él ya lo había hecho el año anterior, así que me sentí más seguro con una persona que ya había realizado un reto así. Cuando empezamos a buscar la ruta, yo propuse que podíamos salir de Edimburgo y acabar en Manzanares, que es mi pueblo. Buscamos en el mapa, calculamos los días, las ciudades donde podríamos parar y poco a poco llevamos a cabo la preparación del viaje.

¿Cómo os planteáis la aventura?

Empezamos el 28 de mayo y terminamos el 17 de julio. Hicimos 51 días en total, de los cuáles, parábamos unos dos días en cada ciudad grande que queríamos visitar. Nos solíamos quedar en casas de amigos y en alguna ocasión en albergues o hacíamos acampada al aire libre. Algunas de las ciudades donde hicimos parada fueron  Liverpool, Birmingham, Londres, París, Toulouse, Girona, Barcelona y Valencia.

¿Cuánto tiempo estuviste en Edimburgo? ¿Qué hiciste allí?

Antes de empezar el viaje estuve trabajando de housekeeper unos 7 meses en un hotel, aprendiendo inglés y una nueva cultura. También conocí sitios y personas nuevas para mí. Mi amigo Rory llevaba 5 años en Edimburgo, trabajando como camarero la mayor parte del tiempo.

¿Cuántos kilómetros hacíais más o menos al día?

En general, nos propusimos hacer 50 millas al día, que son unos 78 kilómetros. La mayoría de las veces conseguíamos nuestro objetivo, pero otras no lo lográbamos  debido a imprevistos como pinchazos o que encontrábamos un lugar que nos impresionaba y decidíamos pasar varias horas en él y disfrutar del momento. Otro factor era el camino por el que íbamos, dependía de si era llano, embarrado o con asfalto, cada uno de ellos facilitaba o no el poder conseguir diariamente la meta. Evidentemente no avanzábamos a la misma velocidad.

¿Qué ciudades resaltarías de este viaje?

[pullquote]“Hemos reflexionado y valorado nuestra salud, además de darnos cuenta de que somos personas privilegiadas por poder realizar esta clase de retos”[/pullquote]Hemos descubierto muchas ciudades que no son tan conocidas, además de muchos pueblos y pequeñas villas. Algunas de estas son, por ejemplo, Lancaster o Chester en Reino Unido. Otras que podría nombrar son Orleans, Dieppe, Chateroux o Carcassone en Francia; y Tarragona o La Roda en España.

¿Cómo se planteaba la noche?

Antes del atardecer, sobre las 7 pm, parábamos en algún pueblo o ciudad para comprar la cena y el desayuno del siguiente día. Los días que no dormíamos en casas de amigos, continuábamos hasta ver un sitio apropiado para hacer acampada libre, apartados de pueblos y ciudades, de casas y de carreteras para tener mayor tranquilidad, y no ser detectados por la policía. La acampada libre era ilegal, excepto en Escocia.

Supongo que habrá anécdotas que contar…

Algunas de las anécdotas que nos ocurrieron son, por ejemplo, que Rory se cayó con todo el equipaje a un lago que estaba bastante sucio. Yo le ayudé a salir y comenzamos a reír. Otro día yo acabé dentro de un río sin agua pero lleno de barro, y una hora después volví al suelo dos veces más… Evidentemente no era mi día. Nos gusta recordar momentos que pasábamos con la bicicleta cerca de casas de campo, de chalets donde las familias disfrutaban de los días de relax; o incluso en solitarias montañas, intentábamos comunicarnos con gritos de animales. Puede que para el resto no sea tan divertido, pero nosotros reíamos sin parar.

¿Cómo se lo han tomado tus familiares y amigos?

[pullquote]“Nunca me había planteado hacer un viaje de este tipo, pero después de hacerlo, ya estoy pensando en el siguiente, que puede ser el Camino de Santiago o Sudamérica”[/pullquote]Estaban sorprendidos con este reto, a la vez que muy contentos por nuestra llegada. Desde aquí animo a todo el mundo que dice que le da envidia un viaje así. No es tan complicado como se puede creer, y en otros países es normal realizar este tipo de expediciones. Nos esperaron con pancartas, llegamos escoltados por dos coches a la meta y nos lanzaron globos de agua para recibirnos… ¡Casi 4000 kms y lo único que se les ocurre es lanzar globos de agua! Pero la alegría al ver a mis amigos, a mi madre y mi hermano, orgullosos de nuestra hazaña, fue un gran momento para mí.

¿Qué es lo principal que has aprendido en esta aventura?

Hemos aprendido en diferentes campos de la vida. Por ejemplo, a orientarnos sin GPS ni las tecnologías de hoy en día, sólo con un mapa y una brújula. Incluso a veces, dependiendo de la posición del sol, sabíamos perfectamente que dirección teníamos que coger. La comunicación, independientemente del idioma. Hemos tenido que hablar tanto para compartir la felicidad, como para animarnos en días en los que no nos apetecía nada coger la bicicleta. Hemos aprendido a cocinar, a buscar sitios relajados y tranquilos en los que descansar. También hemos notado que al avanzar el viaje, poco a poco íbamos siendo más abiertos con la gente, preguntando a los lugareños sin pudor. Y lo más importante, hemos aprendido que somos privilegiados. Me refiero a que hemos reflexionado sobre nuestra salud, cada vez que veíamos personas discapacitadas, en silla de ruedas o cientos de casos en los que nos mirábamos y comentábamos: “Ese es uno de los principales motivos por los que hacemos este viaje, nunca sabemos lo que nos pasará en el futuro y cuando seremos incapaces de viajar en bici”.

¿Habéis tenido algún tipo de problema?

No hemos tenido problemas importantes, solo imprevistos que son inevitables. Rory ha tenido cerca de 20 pinchazos en todo el recorrido, y yo tuve que cambiar la rueda trasera después de arreglarla una vez, ya que estaba destrozada de tanto peso y tantos golpes. Factores como viento y lluvia no los contamos como “problemas”. Más de una vez nos hemos perdido, pero gracias a la brújula y a nuestra orientación, no hemos tardado más de media hora en saber dónde estábamos y qué dirección debíamos tomar.

¿Algo más que añadir?

Para terminar, quiero decir que nunca me había planteado hacer un viaje de este tipo, pero después de hacerlo, ya estoy pensando en el siguiente, que puede ser el Camino de Santiago, la costa española o si los ahorros me lo permiten, Sudamérica. Mi amigo Rory continúa hacia Marruecos por su cuenta a principios de agosto. Animo a todo el mundo a viajar pedaleando. Llegaréis allá donde queráis y descubriréis más cosas que viajando en coche.

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