El oficio de periodista tiene estas cosas. Hace poco leí una noticia en un diario español que para serle sinceros, no me sorprendió demasiado, dados los tiempos que corren. Resulta que una conocida emisora de radio española decidió prescindir de su periodista deportivo nocturno por “incumplimiento grave y reiterado de la prestación de sus servicios”. Hasta aquí nada extraño ya que cualquiera que tuviera un negocio y tuviera que lidiar con un holgazán todos los días habría tomado la misma decisión. Pero si les cuento que la versión del periodista es completamente distinta y que, en cuanto leí la noticia, entre asombro y risa descontrolada, decidí seguir en el mundo del periodismo simplemente por orgullo y por solidaridad con este pobre empleado de los medios de comunicación, entenderán que estoy hablando de algo más serio.

El susodicho periodista radiofónico explicó que la negativa a “prestar sus servicios” venía después de que la emisora le explicara el “planazo” que tenía preparado para el cubrimiento del Mundial de Sudáfrica. Ajústense los cinturones que vienen curvas. La idea era la siguiente: no había dinero en las arcas de la radio por lo que la empresa radiofónica no podía pagar los derechos federativos del Mundial de Fútbol. La consecuencia de esto es que los dos chavales enviados a Sudáfrica para el gran evento deportivo del verano, no podrían tener acceso ni a los estadios ni a las ruedas de prensa. ¿Se imaginan –ustedes periodistas- cubrir por ejemplo una exposición de pintura sin poder recrearse en aquel lienzo color salmón o ni tan siquiera poder hacerle una pregunta al pintor snob responsable de la muestra?

Algo parecido pensó nuestro colega deportivo, así que esperó a escuchar el siguiente punto del plan de los directivos de la radio para no perder ningún detalle de la aventura sudafricana. Si no puedes entrar a un sitio, lo único que puedes hacer es imaginártelo, aunque en el caso del Mundial no es un problema tan grande porque los partidos se pueden ver por la televisión. Así que esa fue la idea de los jefazos: “Ale chicos, a retransmitir el Mundial desde el hotel, sin cantar los goles muy alto por si se despierta algún huésped”. Uno de ellos, aturdido por las órdenes de su jefe y no dando crédito a tan increíble chapuza, preguntó a su patrón: “Sí, pero ¿qué hacemos con las declaraciones de los jugadores al final del encuentro?”. Se hizo un breve silencio y el jefe se tomó un respiro para anunciar la siguiente “perla” de la cadena radiofónica. “Pincharemos el sonido de Telecinco y así no habrá problemas”.

Así que envías unos tíos a Sudáfrica, te gastas una pasta en sueldos, hoteles, comidas, etc… para después presentar este cubrimiento deportivo digno de ser propuesto en el guión de la nueva película de Mr Bean. Y ahí no acaba la historia, lo más grande estaba aún por llegar. Claro, cuando retransmites un partido de fútbol, tiene que parecer que estás en el campo, con el aliento de la gente, los cánticos de la hinchada, los incontrolables “uy” tras las numerosas ocasiones falladas… Y para eso está la Play- Station queridos amigos, ya que si no tienes acceso al campo, esta puede ser la mejor solución, por lo menos para estos desagradecidos e irresponsables jefes. Me estoy imaginando una partida de la Play con el insoportable sonido de las famosas vuvuzelas que inundan los estadios de Sudáfrica.

Con razón el pobre despedido hablaba de “condiciones humillantes”. ¿Hasta dónde hemos llegado? Sabemos que la crisis no perdona y que los medios están muy mal… y el periodista ni te cuento. Pero ¿tiene que aguantar un periodista estas salvajadas? Señores, si Kapuscinski levantara la cabeza lo que habría hecho sería demandar a esos desconsiderados directivos radiofónicos y quién sabe, a lo mejor se habría ido a Sudáfrica con los chavales y el responsable deportivo a vivir el Mundial desde otra perspectiva, con la gente, buscando historias, haciendo el verdadero periodismo.

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