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Eduardo Noriega pone la guinda al Spanish Film Festival de Londres

Eduardo Noriega saltó a la fama años atrás con la película Tesis, dirigida por Alejandro Amenábar, y desde entonces ha intervenido en películas de gran éxito como Abre los ojos (por la cual obtuvo su primera candidatura al Goya), El Lobo, El espinazo del diablo de Guillermo del Toro y Plata Quemada, del argentino Marcelo Piñeyro. Hace 11 años Eduardo Noriega trabajó con su amigo, el director Mateo Gil, en la película Nadie conoce a nadie, y ahora se han vuelto a unir en Blackthorm, un singular western. El Ibérico tuvo la oportunidad de hablar con él sobre su reciente película y sus futuros proyectos.

El festival de cine español más importante de la capital británica contó con el actor español como invitado de lujo, quien presentó en público su último trabajo, Blackthorn

La película se rodó en Bolivia en condiciones bastante extremas. ¿Cómo fue el rodaje?

Bolivia es un país muy bonito con unos paisajes preciosos, y como actor, fue una gran oportunidad rodar allí. Me quedé muy impresionado por el país y su gente. Además, en Blackthorn, Bolivia se convierte en otro personaje más. Bolivia está lleno de pequeños pueblos, ¡y algunos sólo tienen uno o dos habitantes! Una vez le pregunté a una persona que vivía allí: ¿En qué trabajas? Y me dijo: ¡trabajo con lamas! (risas). Las condiciones de rodaje fueron duras ya que a veces trabajábamos a 4.000 metros de altura. Era difícil respirar y te sentías como si tu cabeza fuera a explotar.

Es la primera vez que has actuado en un largometraje de este género. ¿Cómo te preparaste para trabajar en una película del oeste?

Para un actor español es bastante raro realizar un western, pero fue inmensamente gratificante porque este género te permite mostrar al público una parte muy divertida de esta profesión. Es como estar jugando a ser vaqueros, ya que realmente me sentí como un auténtico cowboy (risas). Pasar tantas horas escalando o montando a caballo, te hacía sentirte verdaderamente dentro del papel y me daba la sensación de estar viviendo en otra época.

¿Cuál es el principal mensaje de la película?

La película es un homenaje al género del western. Es la historia de un hombre que mira hacia su pasado con nostalgia, que revive su vida y se da cuenta de que los tiempos han cambiado. Las reglas de los viejos tiempos ya no existen, y él está demasiado cansado de seguir luchando, por lo que quiere volver a su país para morir. En su camino se cruza con un joven ingeniero español, que soy yo, que está cansado de su trabajo y quiere vivir una vida de aventura. Sin embargo, su visión es bastante ingenua ya que al principio lo ve todo como un juego, pero luego se da cuenta de toda la destrucción y tragedia que hay a su alrededor. Ambos construyen una amistad que al final no va a ser como el protagonista pensaba…

En la película hay numerosas escenas en las que apareces montando a caballo. ¿Tuviste que aprender a montar?

En Madrid aprendí lo básico, y durante el rodaje fue muy excitante porque, cuando estaba galopando, podía sentir la energía que te transmite el caballo. Me encanta montar a caballo e incluso por las noches me apetecía estar cerca de ellos, lo que a algunos miembros del equipo les parecía bastante extraño (risas).

A pesar de que tu personaje es el ‘malo de la película’, el público le coge cariño. Aparte de mostrar cómo era el típico español conquistador, hay un mensaje histórico detrás de tu carácter…

Con anterioridad al rodaje de la película, Miguel estuvo en Bolivia realizando un documental y decidió crear una película sobre cómo los españoles veían a los bolivianos en aquella época. Eduardo representa el típico blanco europeo adinerado que piensa que los bolivianos son de una raza inferior a la suya.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje de la película?

El rodaje duró nueve semanas, pero las distancias en Bolivia son tan grandes que muchos días viajábamos en coche durante 6 horas o más, lo que acortaba bastante el tiempo disponible para rodar. Fue una auténtica aventura, me enamoré del país y me sentí muy feliz trabajando allí. Bolivia guarda un lugar muy especial dentro de mi corazón.

¿Cómo fue trabajar con en el conocido actor americano Sam Shepard?

Ufff, Sam no es una persona fácil… Es un actor maravilloso y me quedé muy impresionado cuando lo conocí, pero cuando iniciamos el rodaje, fue complicado trabajar con él porque no se abría mucho como persona y siempre analizaba cada palabra del guión… Al final, poco a poco, fue cogiendo más confianza conmigo y el resto del equipo. Sam era el actor ideal para encarnar al personaje de Butch Cassidy porque tiene ese aire de melancolía y nostalgia que era perfecto para su carácter.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?

Esta película fue un regalo, y trabajar con Mateo fue una experiencia increíble. También cuando alguien me dice: gracias por ser actor. Es el mejor cumplido que pueden darme.

¿Qué factores tienes en cuenta para elegir la película en la que deseas actuar?

El guión, el personaje y el director son factores muy importantes, pero al final es una sensación totalmente irracional. Si siento que puedo hacer mío el personaje, imaginándome como lo haría, entonces no tengo dudas para elegir.

Es la segunda vez que vienes al Spanish Film Festival. ¿Por qué has decidido volver?

Estuve en la primera edición promocionando la película El Lobo, y me hace ilusión estar aquí de nuevo porque Joana, la directora del festival, hace un gran esfuerzo por el cine español en un lugar tan complicado como es Inglaterra, donde se distribuyen muy pocas películas españolas. Agradezco mucho toda su dedicación, y además el trato que he recibido ha sido estupendo. El festival sigue creciendo año tras año y eso es muy importante para el cine español.

¿Cuáles son tus futuros proyectos?

Acabo de terminar el rodaje de una serie de televisión para España, que se llama Homicidios. Voy a intentar compaginar el rodaje de la segunda temporada, que durará siete meses, con otros proyectos. He coescrito una película con Santiago Tabernero que es una adaptación de la novela Presentimientos de Clara Sánchez, que seguramente empezará a rodarse a principios de año. Lo más importante es que sigo trabajando, lo cual me llena de orgullo y es un verdadero privilegio hacer lo que a uno le gusta, realizando proyectos tan interesantes como Blackthorn, con un género que no abunda en el cine español y está generando un gran interés.

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