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La educación, ¿un negocio en el Reino Unido?

Si has estado pensando en hacer una carrera universitaria, éste es tu momento para solicitar una plaza en la institución que más te guste. Al parecer, tendrás una alta probabilidad de ser aceptado. Sean Coughlin, corresponsal de Educación de la BBC Noticias, dijo el 14 de agosto que éste es un “mercado de compradores” en el que las universidades “están compitiendo para atraer a estudiantes”. Coughlin citaba estadísticas del “UCAS” (Servicio de Admisión de las Universidades), que revelan que 396.990 estudiantes han sido matriculados hasta ahora en cursos de grado, un aumento del 3% comparado con 2013. Esto ocurre a pesar  de que “por tercer año consecutivo, las notas de los A-Levels (lo que sería el Bachillerato en España) han bajado ligeramente- de 26,3% a 26%”.

Un análisis a página completa del Sunday Times el pasado 17 de agosto predijo que, debido a la financiación adicional del Gobierno, un total de 500.000 plazas universitarias estarán disponibles para el inminente año académico 2014/15. Todas ellas tendrán que cubrirse de alguna manera, por lo que muchas universidades “están adoptando técnicas de marketing más usualmente asociadas con gimnasios y peluquerías». Por ejemplo, la Universidad Glyndwr en Wrexham (Norte de Gales) está ofreciendo £200 libras a los estudiantes  que “la recomienden a un amigo”. Tales maniobras han sido descritas por Paul Temple, experto en Educación Superior en el Instituto de Educación de Londres, como “signos de desesperación” e intentos de reducir (dijo en declaraciones al Sunday Times) “una de las decisiones más importantes que los estudiantes tomarán en su vida a la categoría de una compra más de consumidor común”.

Ésta es una opinión claramente compartida por Liz Lawrence, presidenta del sindicato de  Universidades y Colegios (UCU). La “mentalidad de mercado” que ahora prevalece en Gran Bretaña, afirma, hace que los estudiantes piensen: “he pagado £9.000; ¿dónde está mi titulo de nivel 2:1?”. Lawrence considera que, en muchos casos, las universidades venden cursos a los estudiantes con el mensaje de que, una vez han obtenido su certificado, pueden estar seguros de que obtendrán “un trabajo cualificado bien remunerado”. Pero esto, en realidad, “dependerá de factores que no se pueden prever con tres años de antelación”, tales como las oportunidades de empleo o el estado de la economía del país. El UCU está “satisfecho de que conseguir carreras universitarias ayude a las personas con sus vidas y mejore sus carreras», pero también considera que la educación debe servir al «desarrollo de los ciudadanos para una sociedad democrática”.

Lawrence simpatiza con las preocupaciones expresadas por la Unión Nacional de Estudiantes (NUS) con respecto “a clases excesivamente saturadas y a la disminución del tiempo asignado a la enseñanza” en algunas universidades. La presidenta del sindicato reconoce que “algunas de las quejas expresadas por los estudiantes son razonables, tales como la cantidad de clases que reciben y, especialmente, la falta de acceso a ayuda individualizada por parte del profesor cuando la necesitan”. Al mismo tiempo, le preocupa que el alto costo de las matrículas sea un elemento disuasorio para aquellos jóvenes que provengan de “contextos en los que no haya tradición de ir a la universidad”. Éste es un tema que el comentarista Will Hutton destacó el pasado 17 de agosto en su columna para el Observer, donde señaló que, “en números brutos, 11.695 estudiantes de las clases sociales más aventajadas entraron en las 13 mejores universidades en 2013, mientras que sólo 1.232 de clases desfavorecidas lo consiguieron- una diferencia de casi 10 veces menos”. Un estudio de la “Comisión de Movilidad Social y Pobreza Infantil (SMCPC)», publicado el 28 de agosto, respalda estos datos. En él se llegó a la conclusión de que (tal y como informó el corresponsal político de The Guardian, Andrew Sparrow) Gran Bretaña es un país “profundamente elitista” porque las personas educadas en las escuelas privadas y  las universidades de Oxford y Cambridge predominan en los puestos de trabajo más importantes del gobierno, la administración pública, la judicatura, los medios de comunicación, los grandes negocios y las industrias creativas».

El UCU teme que un sistema que favorece claramente a la “élite” podría afianzarse aún más a través de un posible proyecto del gobierno para cambiar la concesión de préstamos estudiantiles. Si esto se pone en práctica, aquellas universidades que estén dispuestas a compartir con la Hacienda Pública el riesgo de que los estudiantes no paguen sus deudas podrán subir el precio de las matrículas. La Secretaria General del UCU, Sally Hunt, respondió a este plan el 29 de julio diciendo que “los políticos deben priorizar medidas que favorezcan que los estudios universitarios sean más asequibles en lugar de más caros”. El UCU también señala en su página web que el 53% de los adultos encuestados en la investigación de la SMCPC “apoyó la idea de cobrar menos a los estudiantes de familias de bajos ingresos que a sus compañeros de clases más acomodadas”.

Precisamente, la forma en que se financian las universidades es un tema importante para el UCU. Liz Lawrence dijo que, en los meses previos a las próximas elecciones generales del 7 de mayo de 2015, el sindicato abogará por un mejor y más estable financiamiento de la educación superior y universitaria, “porque las universidades necesitan planear durante años cosas como nuevas construcciones, la formación del profesorado y la inversión en programas de personal”. El UCU está conformado por alrededor de 120.000 miembros y “está reconocido por casi todas las universidades de Gran Bretaña”, que por lo tanto trabajan dentro del “mecanismo nacional de negociación”. Entre las prioridades del UCU están las campañas para “acabar con los contratos informales y de ‘cero horas’ (que según la organización se aplican a 24.000 profesores en la actualidad) y lograr la igualdad de remuneración para las mujeres en el sector”.

El UCU no duda en emprender acciones sindicales si cree que ésa es la única opción disponible. El 31 de octubre de 2013 participó, junto con otros dos sindicatos (Unison y Unite), en una huelga de un día para defender un salario más alto. También organizó un “boicot de evaluación del trabajo de los estudiantes universitarios en el Reino Unido”, programado para comenzar el 28 de abril, aunque lo suspendió después de que sus miembros “decidieran por una abrumadora mayoría aceptar una oferta salarial del 2% por parte de los empresarios”. El UCU pertenece a la “Educación Internacional”, porque “los profesores, conferenciantes e investigadores de todo el mundo se enfrentan a asuntos comunes, como la libertad académica, el manejo de inspecciones de rendimiento y la excesiva carga de trabajo, a la vez que comparten el compromiso de promover la educación como herramienta para una sociedad mejor”.

Una reciente encuesta del UCU reveló que el personal de la educación superior en el Reino Unido “es el más estresado de la población trabajadora británica, debido a la gran expansión del número de estudiantes y al enorme aumento en las tasas de matrícula”. El portavoz del UCU, Stephen Court, declaró que “los académicos sufren cada vez más presión a la hora de impartir enseñanza y que tienen que estar constantemente disponibles a través de medios electrónicos. Para ellos, da la sensación de que el trabajo nunca se acaba”.

Colin Gordon

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