El día en que «The Beatles» tocaron en una azotea

0

Aquellos aficionados a los Simpsons sabrán de los múltiples guiños que en los capítulos de las primeras 10 temporadas pueden encontrarse a infinidad de situaciones, desde películas a hechos históricos. Y sin duda, los aficionados a la música recordarán el episodio del cuarteto de los Solfamidas. La banda integrada por Homer, Barney, el tendero Apu y el director Skinner decide dar un concierto en el tejado de la taberna de Moe, una más que clara referencia en dicho episodio al grupo más famoso de Liverpool, The Beatles.

Era un 30 de enero de 1969. En ese frío y encapotado día en la calle Saville en Londres nada hacía presagiar que algo fuera a romper la cotidianeidad de su día a día. Tal día, tan propio de los inviernos londinenses, los sastres y comerciantes de esa zona se afanaban en sus labores hasta que algo extraño llamó su atención. Desde lo alto de un edificio, ubicado en el número tres, se podía oír música. Si la situación inicialmente les causó sorpresa, está aumentó cuando algunos de los espectadores llegaron a distinguir a los integrantes del concierto. Allí, melena al viento y embutidos en gruesos abrigos, estaban los que aún se consideraban la banda más popular del mundo, los mismísimos The Beatles. El grupo de pop-rock ofrecía así un concierto gratuito para todos los viandantes.

Un pequeño show en lo alto de un edificio

Por entonces, los Beatles se encontraban en sus años finales como banda. Llevaban varios años sin realizar ninguna gira, y las disputas entre sus miembros iban en aumento. Las diferencias entre George Harrison y John Lennon estuvieron a punto de llegar a las manos en más de una ocasión. Algunos pequeños cambios, como el traslado a los estudios de grabación de la calle Saville o la incorporación del pianista Billy Preston ayudaron a mejorar el ambiente en el grupo y alargar la vida del mismo.

El cuarteto estaba entonces trabajando en su último disco, Let It Be, y quería realizar un documental como forma de promoción del mismo. No faltaron las propuestas. Unas iban desde un concierto a bordo de un barco hasta tocar enfrente de las pirámides con beduinos como público. Sin embargo, siempre surgía algún desacuerdo sobre la puesta en escena. Hasta que surgió una idea del gusto de todos y bastante más económica: subir a la azotea del mismo estudio de grabación donde estaban esa mañana y tocar allí

La actuación histórica de «The Beatles» llena de incidentes

Ese jueves a mediodía, una vez instalados los enseres y componentes y resguardados por dos cámaras de rodaje que no querían perder ningún detalle, comenzó el mítico concierto en la azotea. Los Beatles llegaron a tocar cinco canciones, Get Back, Don’t Leave Me Down, I’ve Got A Feeling, One After 909 y Dig A Pony. También se escuchó una breve versión del himno nacional británico God Save The Queen. En total, 42 minutos de música. Un concierto que fue finalmente interrumpido por la policía que pretendía evitar aglomeraciones que perturbaran el orden público, y  debido a las quejas vecinales de la zona que veían cómo sus ventas de ese día se perdían por el tumulto.

Lejos de ser un plan detallado hasta el último detalle, el concierto estuvo plagado de incidentes y episodios de improvisación. El viento impedía un sonido limpio, de modo que los micrófonos fueron cubiertos con medias de mujer para filtrar el ruido ambiental. Además, ciertas escenas previstas, como un primer plano desde arriba con un helicóptero o desde un edificio colindante, tuvieron que ser canceladas por cuestiones de seguridad. No obstante, lo novedoso del proyecto con la grabación en vivo les hizo ganar un Óscar el siguiente año. Los Beatles volvieron a ocupar las portadas de los diarios por unos días. Y para el recuerdo quedó la irónica frase con la que John Lennon se despidió en el improvisado concierto de sus asistentes: “Me gustaría decir gracias en nombre del grupo, y espero que hayamos superado la audición”.

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

Deja tu comentario